Abrigo del arte y la tradición

A 25 años de su fundación, la Casa de Iberoamérica se plantea el reto de defender los valores culturales locales y universales, utilizando un modelo de gestión económica ajustada a los nuevos tiempos

Autor:

Liudmila Peña Herrera

HOLGUÍN.— Fundada a inicios de la profunda crisis económica del período especial, cuando las carencias materiales presagiaban un futuro sociocultural gris para Cuba, la Casa de la Cultura Iberoamericana devino refugio para las inquietudes artísticas en la provincia de Holguín. Así, el 23 de octubre de 1993 nació esta institución defensora de la identidad nacional y los valores locales, donde se funden, además, creación artística, investigación y promoción cultural. 

A propósito de la celebración de su primer cuarto de siglo, el Doctor Eduardo Rafael Ávila Rumayor, actual director de la institución y presidente del comité organizador de la Fiesta de la Cultura Iberoamericana, reflexiona acerca de su impronta y los desafíos que tienen por delante.

—¿Cuánto del espíritu inicial vibra aún en el accionar diario de la Casa de Iberoamérica y cuáles son los aires de renovación que ella acoge?

—La institución surgió para dar cabida al diálogo sobre la realidad iberoamericana, en medio de tantas ofertas neocoloniales, incluidas las que pretenden impulsar una visión que borre el real significado de la aventura conquistadora de 1492. En el ideario de quienes la fundan, entre ellos el entonces ministro de Cultura, Armando Hart, también estaba la influyente relación de la cultura con el creciente aporte del turismo en las soluciones económicas de nuestro país.

«Si analizamos estas tesis sobre la idea fundacional de la Casa cabe decir que, a 25 años, sus pautas o principios fundacionales son hoy tan recurrentes y necesarios como en 1993. Para quienes tenemos la responsabilidad de defender ese legado lo importante es no desconocerlo e interpretar la realidad y el contexto en el cual nos toca desempeñar nuestros roles».

—¿Qué estrategias se ponen en práctica en el trabajo del centro para brindar una programación acorde con las necesidades del público holguinero y de quienes visitan la ciudad?

—La Casa es una institución  cuya singularidad impone un trabajo más completo en términos de programación cultural. Al pretender recrear y preservar la cultura iberoamericana, debemos buscar balance entre aquellas expresiones que, por ser tradición, no deben perderse; y a la vez, tomamos en consideración que somos una región que, culturalmente, se reconstruye de forma constante. Por eso abrimos nuestras puertas a lo más contemporáneo y experimental.

«Existe, además, una necesidad de atender grupos concretos de población, como los integrantes de las comunidades de origen español (canarios, gallegos, catalanes, vascos, valencianos, cántabros, castillo-leoneces). Ellos constituyen el principal proyecto comunitario y de atención a la tercera edad que desarrollamos.

«Poseemos asimismo la que quizá sea la peña literaria activa más antigua de la ciudad, gracias a la relación con el promotor cultural Joaquín Osorio. Son casi 25 años de promoción literaria ininterrumpida. En el contexto actual, tenemos que sostener esa programación sin perder las esencias».

—Dentro de la investigación histórico-cultural que impulsan, ¿qué importancia le atribuyen al vínculo con la Universidad de Holguín?

—En estos momentos la Casa es una unidad docente de la Universidad de Holguín. Tiene convenios con casi todas las carreras de humanidades de ese centro de altos estudios, se conducen proyectos investigativos de pregrado y posgrado tutorados por especialistas nuestros, y asimilamos un importante número de estudiantes en cada curso como parte de las prácticas laborales.

«Igualmente, mantenemos convenios con muchas de las universidades de nuestro país, varias de España y buena parte de Latinoamérica, lo cual nos permite organizar, cada año, acciones de intercambio bibliográfico, académico y de promoción del pensamiento cultural de nuestra región. Creemos que en un mundo de tan alta competitividad, superarnos solo es posible si son firmes y duraderas las alianzas con la universidad».

—Ante la compleja realidad económica que vive el país y en medio de un panorama cultural que precisa del realce de los valores nacionales, ¿cuáles desafíos afronta la celebración de un evento tan genuino como la Fiesta de la Cultura Iberoamericana?

—En todos estos años hay ideas que invariablemente no han dejado de estar presentes: primero, la voluntad política, gubernamental y de las autoridades culturales del país y la provincia; en segundo lugar, la creatividad de todos los que año tras año se involucran en la realización de la Fiesta de la Cultura Iberoamericana, en la que participan muchas instituciones y personalidades.

«Resulta indispensable reconocer el valor de cada uno de los trabajadores de la institución, de atemperarnos a una realidad cambiante, retadora y no menos adversa que en tiempos pasados. Ser leales al espíritu de personalidades como Armando Hart, la familia Guarch, el poeta Moreno del Toro, el profesor Segreo y de muchos otros que aún nos acompañan, es una obligación moral que la Casa no defraudará.

«Por eso buscamos alternativas para acomodarnos a una gestión económica que no desvirtúe las esencias del proyecto fundacional ni la indiscutible y necesaria relación con los artistas e intelectuales. Con el acompañamiento de importantes decisiones gubernamentales, la Casa ensaya       formas de gestión, resultado de las transformaciones que vive el país en el necesario ajuste de su modelo económico. Una adecuada gestión económica que priorice la puesta en valor del patrimonio cultural, no está reñida con la defensa de la identidad, el desarrollo de la cultura y la relación de la institución con su pueblo y los artistas».

—¿Qué proyectos están asociados con el futuro de la Casa y la Fiesta de la Cultura Iberoamericana? 

—Debemos fortalecer la capacidad de gestionar las relaciones internacionales, no solo de cara a la Fiesta de la Cultura Iberoamericana, sino también para la propia dinámica cotidiana de la Casa, convirtiéndola en una no despreciable fuente de ingresos. Para eso pretendemos mejorar nuestra capacidad de actuar en el complejo mundo de las tecnologías infocomunicacionales y las redes sociales.

«Queremos incursionar en el comercio electrónico, pues la Casa ha demostrado tener la capacidad de atraer turismo cultural y ser fuente de exportación de servicios. Necesitamos afianzar la relación con la industria turística local, para ser parte de su cartera de oportunidades. Eso implica rediseñar mejor nuestra estructura organizativa, redefiniendo funciones y formas de comunicación hacia lo externo y lo interno.

«En la ya cercana edición de la Fiesta debe salir el primer número de la revista de la Casa de Iberoamérica: Guayza, sugerencia de Cacha, la esposa de Guarch. De hecho, todavía tenemos una gran deuda con la figura de Guarch Delmonte y sus aportes al pensamiento científico cubano; sobre este particular, deben aparecer propuestas concretas este año.

«La Casa debe seguir siendo atractiva para nuestros artistas, convertirse en cómplice de los más atrevidos proyectos, acercar la cultura universal a este espacio y, sobre todo, seguir defendiendo la cultura holguinera como fuente nutricia para el mejor regalo a su pueblo».

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