Avispas manejan aplanadora

Los peloteros de Santiago de Cuba no paraban de dar tablazos y no se sabía dónde estaba tocando la conga en el estadio Guillermón Moncada, si en las gradas o en el cajón de bateo

Autor:

Norland Rosendo

Como en los tiempos de la Aplanadora, cuando los peloteros de Santiago de Cuba no paraban de dar tablazos —¡y qué tablazos!—, ayer no se sabía dónde estaba tocando la conga en el estadio Guillermón Moncada, si en las gradas o en el cajón de bateo, durante los innings cinco y seis.

Y mira que la conga esa suena alto, pero los batazos de los anfitriones eran «estridentes», como para multarlos por rebasar los decibeles permisibles. Los hubo de todas las dimensiones, entre ellos, un Grand Slam de Sergio Barthelemy que «calentó» el baile de la mejor concurrencia vista en este campeonato y «enfrío» las ilusiones de los villaclareños.

Al juego lo partieron en dos en lo que debía ser su justa mitad. La ventaja de las Avispas era de solo par de carreras cuando llegó el diluvio en la azotea del quinto capítulo. El bullpen de Ariel Pestano, que vio la semifinal desde el banco, no pudo aguantar a la mejor toletería durante la etapa clasificatoria.

Para mí, la clave estuvo en una decisión. Con dos outs, la dirección de los anaranjados optó por un boleto intencional para tratar de matar el inning en cualquier almohadilla, pero sobrevino lo que ningún lanzador quiere: después de tener casi dominado al bateador, lo golpeó, y ahí mismo cayeron rayos y centellas sobre los Leopardos.

Barthelemy, que batea a la zurda, miró para el box donde estaba instalado Marlon Cabrera, otro de su misma mano, dejó pasar tres bolas y luego dos strikes; y al próximo envío, que también venía por zona buena, le dio como si hubiera querido desnudar la bola mientras iba a refugiarse al otro lado de la cerca después de viajar cerca de 400 pies.

Lo demás fue seguir dándole con todo a los mansos lanzadores de Villa Clara hasta concretar el fuera de combate, que pudo ser un supernocaut, para deslucimiento de un play off en el que se espera hoy un juego más cerrado, a juzgar por los pitchers anunciados: Javier Mirabal (ganó por lechada frente a Matanzas en la semifinal) y Digney Arévalo (explotó en el quinto ante Holguín, pese a tener ventaja en la pizarra).

Nadie de la alineación regular de los ganadores se fue sin hit. Y, curiosamente, los tres jardineros pusieron las notas más altas del concierto. Además de Barthelemy, que empujó cinco carreras, Yery Martínez lo imitó con un vuelacercas en tarde impecable, de 3-3, un tubey incluido y un trío de remolques; y Yoelquis Guibert, recién desembarcado de La Habana, donde estuvo en la preselección nacional, fletó tres más y entre sus dos incogibles hubo un triple.

Con esa «música» de fondo, el serpentinero Carlos Font, de números discretos en la ronda preliminar, caminó los siete actos sin tolerar carreras limpias, ponchó a tres y regaló par de boletos.

Hoy, a las diez de la mañana, ambos equipos volverán a enfrentarse con propósitos muy diferentes. Los visitadores, por quedarse un día más en la tierra caliente; los anfitriones, por devolverlos ya para su casa. ¿Quién se saldrá con la suya?

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