Princesa por una noche

Real Madrid y Manchester United disputaron este martes la Supercopa Europea en Skopje, capital de Macedonia

Autor:

Juventud Rebelde

Como ya es costumbre al final del verano, este martes llegó ese instante en que la «periferia» futbolera del Viejo Continente saca del armario su raído traje de noche y se alista para el baile. Una vez al año, las ciudades menos glamorosas de Europa reciben como celestinas a los somnolientos campeones de la temporada pasada, que las visitan con el único objetivo de disputar el primer trofeo del año, justo antes de comenzar en serio el siguiente curso.

Este año tocó el turno a Skopje, capital de Macedonia, urbe balcánica que, luego de lo que parecieran eones, acogía por un rato a un puñado de genios del balompié. Durante poco más de noventa minutos, los espectros de Pancev, Savicevic, Mijatovic, Boban, Prosinecki, Pantic y Mihajlovic rondaron la cancha y volvieron a lucirse con gambetas y disparos imposibles. De nuevo se llenó de embrujos el césped del Filipo II, estadio nombrado en honor a aquel rey griego, padre de Alejandro Magno, en un intento por rememorar un pasado igual de bucólico e inexistente.

La única diferencia es que aterrizaban esta vez en su feudo dos colosos de toda la vida: Manchester United y Real Madrid, entidades que trascendiendo lo meramente deportivo han pasado a convertirse en dioses de una religión que cada vez más profesan.

Llegaban ambos con esa hambre «cósmica» que dejan las vacaciones y la pretemporada, y lo hacían además llenos de las normales aberraciones que se echan a ver luego de un tiempo sin tocar balón.

Luego de la gris escaramuza allá en San Francisco, Mourinho y Zidane se enfrentaban otra vez. Pitazo mediante, los mil y un guiones anticipados hacían esperar un duelo lleno de contrastes, al más puro estilo de Matisse. Sin embargo, más allá de la variante plástica, se presentó un relato lleno de matices cinematográficos.

El opening pasó sin mucha fanfarria, como esas escenas que prometen poco, y terminan diciendo menos. Con Cristiano como centrobanquista designado, el bando «diabólico», en el papel con tres, y en la realidad con cinco en el fondo, presionaba e incordiaba en un intento por ganar la arrancada. Poco pasó, y cuando los ingleses vinieron a darse cuenta, los de Chamartín, Modric batuta en mano, dieron un golpe de Estado y capitalizaron el balón.

Sucedió entonces la primero de muchas mutaciones genéricas. A partir de aquí sería un slasher, y la escena en cuestión se presenta sola: un psicópata —interpretado a coro por el mediocampo blanco—, persigue arma en mano a sus víctimas, que huyen a toda velocidad, mientras él camina seguro, sediento de sangre. Así llega la primera cuchillada, gol —adelantado— de Casemiro, convertido tras un «rompehielos» de Carvajal que le sirvió para batir a De Gea.

A partir de ahí, comenzó la dosis de comedia, y entre oles que iban y venían el United irrespetó a su nombre, y pasó a hacer «gala» de la misma coordinación que antaño tuvieran los hermanos Marx. Llegó la pausa para hidratarse, y tal como ocurriera con ciertos animados, agua mediante, comenzó la resurrección de la escuadra demoniaca.

El drama para los de la capital española comenzó luego de que Isco, tras una mágica sucesión que pareció sacada del pinball, hiciera el 2-0. A continuación, la entrada de Fellaini, cándido y recurrente protagonista de las cintas mourinhescas, combinada con el talento de Rashford, fueron el revulsivo que buscaba el portugués.

Asediado, el cuadro merengue volvió a su origen, y en un natural cambio de identidad, buscó el contragolpe como única vía de escape. Mientras Bale estrellaba una en el larguero, Lukaku fallaba lo indecible, para luego hacer su marca en el lumínico tras el rebote —y único error— de Keylor.

El resto del filme fue un retrato de tarde de domingo, radiografía de esas películas que no llegan jamás a olvidarse, por la única razón de que nunca se las recordó lo suficiente.

Así terminó el sueño de Skopje, que cerca de la medianoche perdió el vestido, el carruaje y las zapatillas, y volvió a la normalidad, tras cumplir su sueño de ser princesa por una noche.

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