El Mundial es otra historia, otra historia

La clasificación al máximo evento de la Federación Internacional fue otro paso importante, incluso cuando fue en casa y costó tal vez más esfuerzo del esperado

Autor:

Enio Echezábal Acosta

Luego de un 2017 esperanzador, durante el cual nuestra selección masculina de voleibol se colgó sendas medallas en las citas del orbe sub-21 y sub-23, los ojos de medio mundo comenzaron a mirar de nuevo a la Mayor de las Antillas como un rival digno de respeto.

La clasificación al máximo evento de la Federación Internacional fue otro paso importante, incluso cuando fue en casa y costó tal vez más esfuerzo del esperado.

Así llegaron los discípulos de Nicolás Vives a Bulgaria e Italia, sedes del Mundial de mayores de este año. Allí, si la derrota inicial ante los vigentes reyes polacos era esperada, la siguiente ante Finlandia dejó una sensación agridulce, debido a la bizarra alternancia de buenos momentos con la sarta de errores no forzados que terminaron castigando a los nuestros. Y ayer ante Irán la historia volvió a repetirse.

Mejores ampliamente en ataque y servicio, los antillanos se llevaron el set inicial con holgura (25-17), aunque en lo adelante fue otra la historia. A lo largo del choque cometieron 32 fallas sobre la cancha, superando así la cifra de 26 que se repitió en sus dos presentaciones anteriores. El resultado final terminó pasándoles la cuenta, pues los iraníes remontaron y barrieron en lo adelante (25-18, 25-22 y 25-19).

Tampoco es que la culpa haya sido toda para este lado, pues los asiáticos no fueron nada mansos en Varna. Sus 12 bloqueos y la más que acertada recepción neutralizaron a una escuadra caribeña que todavía se ve demasiado verde para competir de forma estable a este nivel.

Eso sí, no es que estemos hablando de que falte la capacidad para revertir la situación actual. Los principales enemigos de este grupo son ellos mismos, quienes, fundamentalmente por temas de concentración y la carencia de madurez deportiva, a veces pierden el control de los encuentros.

Con tres derrotas en sus espaldas, todavía quedan posibilidades —extremas— para clasificarse a la siguiente ronda. La clave está en vencer por amplios marcadores a Bulgaria y Puerto Rico, y esperar que los fineses «resbalen», para así poder desplazarlos de la cuarta posición de la llave D.

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