«Moderación» en Gaza

Las fuerzas de Israel ya están de vuelta en territorio de la Franja de Gaza

Autor:

Luis Luque Álvarez

Según una foto que publicamos el pasado martes, los tanques Merkava israelíes estaban ese día ubicados en la frontera sur de la Franja de Gaza, listos para ingresar y arremeter contra cualquier objetivo que decidiera el alto mando militar sionista.

Pues bien, las fuerzas de Israel ya están de vuelta en Gaza, si no masivamente, al menos sí con sus descargas de artillería y sus bombardeos aéreos. Un ataque en toda regla. Como en los «buenos tiempos» de Ariel Sharon...

Hoy el ex premier derechista aún dormita, pero su discípulo, el «moderado» Ehud Olmert, primer ministro y jefe del «moderado» partido Kadima, al parecer no tiene la moderación como una de sus virtudes cardinales.

El pretexto es lograr que la resistencia palestina libere a un soldado israelí secuestrado el pasado domingo, tras un combate en la base de Kerem Shalom (cercana al sur de Gaza), a donde llegaron los milicianos a través de un túnel.

Ahora, el descomunal despliegue militar está concebido, dicen, para rescatar a Guilad Shalit, que así se nombra el militar. Pero como siempre, los halcones ignoran que, si muestran el puño, si causan daños —y ya los han causado—, no obtendrán rosas a cambio. Si la ofensiva contra Gaza toma ribetes mayores, ¿piensa Tel Aviv que los «atemorizados» rebeldes palestinos dejarán al soldado sionista tomando limonada a la sombra de una higuera, a la espera de que los tanques vengan por él?

De ningún modo. Olmert no es tonto, por tanto, su responsabilidad moral será mayor si el joven militar no regresa vivo a su aldea del norte de Israel. La destrucción que —si Europa y EE.UU. no lo impiden— se avecina sobre Gaza, solo azuzará más respuestas violentas a la ocupación.

Además de estos «avances bélicos», Israel ha cruzado otra línea roja: acaba de arrestar en Ramala, Cisjordania, a ocho ministros y 22 diputados del Movimiento de Resistencia Islámica (HAMAS). Se dice fácil, pero hay que pararse y reflexionar: los soldados de un país han arrestado a las autoridades de otro pueblo. A funcionarios elegidos en comicios democráticos. Y los han detenido porque, sencillamente, a la potencia ocupante no le gustan.

Desde principios de 2005, HAMAS había cesado sus operaciones en territorio de Israel. No bombas, no atentados suicidas. En enero de este año optó por la vía política y obtuvo mayoría en las elecciones legislativas. Ha soportado presiones de EE.UU. y la Unión Europea. En estos momentos el primer ministro, Ismail Haniyeh, concertaba incluso un acuerdo con el presidente palestino, Mahmud Abbas, para reconocer de hecho la existencia del Estado israelí, un paso muy difícil para ese grupo islámico.

¿Qué hacen entonces los halcones? Esposar a ministros y diputados palestinos y conducirlos con los ojos vendados. Boicotear todo lo que implique un avance hacia la paz. Sonar las alarmas. Amenazar a Gaza...

Y un buen chiste, digno de Benny Hill, corona esta situación tan explosiva: el Departamento de Estado norteamericano ha llamado «a las partes» a hacer uso de «moderación». ¿Debemos entender acaso que unos imaginarios F-16 palestinos están a punto de descargar sus misiles contra Haifa, Tel Aviv o Beersheba?

Excelente humor... negro.

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