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Se buscan las nuevas siete maravillas del mundo moderno

Más de 20 millones de votantes se pronunciaron ya para la elección de las nuevas siete maravillas del mundo

Autor:

Yailé Balloqui Bonzón

Cristo de Río de Janeiro Hacia el siglo V a.n.e., el gran viajero, historiador y geógrafo, Herodoto, consideró necesario y posible compendiar en una lista eximia las obras monumentales que plasmaban, en aquel entonces, lo mejor de la humanidad. El padre de la Historia, como también le llamaron, deseaba que la lista fuese algo así como el documento de identidad de la especie, un registro de lo más representativo del hombre ante sí mismo y carta de presentación para cualquier visitante que se acercara a nuestro planeta azul.

Su idea no se concretó sino hasta tres siglos después, cuando Filón de Bizancio, escribió La colección de monumentos más grandiosos del mundo, volumen que desapareció junto a otros 700 000 valiosísimos ejemplares durante el devastador incendio de la Biblioteca de Alejandría, 48 años antes del inicio de nuestra era. Por eso, de su existencia la humanidad cuenta ahora con solo referencias.

Claro que aquello que los historiadores clásicos designaron con el nombre de Siete Maravillas —situadas todas alrededor de la cuenca del Mediterráneo— lo hicieron basado en lo poco que se conocía entonces del mundo que ahora definimos como «antiguo». La mayor parte de ellas tuvo una vida corta y, por supuesto, actualmente no quedan más que las descripciones que hicieran los cronistas de la antigüedad.

LAS SIETE MARAVILLAS DEL MUNDO ANTIGUO

Las pirámides de Gizeh, en Egipto, es el único monumento antiguo que hoy perdura Las pirámides de Egipto son monumentos funerarios utilizados como sepultura para los faraones. Las más famosas son la de Keops, Kefrén y Micerino, en Gizeh. La gran pirámide de Keops data del siglo XXVI a.n.e. y está compuesta por 2 500 000 bloques pétreos de 2,5 toneladas de peso cada uno, mide 146 metros de altura y 234 de lado. Es la única de las obras que se mantiene en pie.

La legendaria ciudad de Babilonia, fue capital de la cultura que floreció en la Mesopotamia —territorio que ocupa hoy el sur de Iraq—. El rey Nabucodonosor II en el siglo VII a.n.e desafió las leyes de la naturaleza para construir un vergel que borrase la tristeza de su amada. Así diseñó un sistema de terrazas escalonadas en las que plantó diversas especies vegetales e ideó un método para regar toda la estructura. En poco tiempo, brotó un exuberante oasis botánico al que se le llamó Los Jardines colgantes de Babilonia. De ellos nunca ha sido posible reconocer su existencia.

La Estatua de Zeus, realizada por Fidias, el mayor escultor griego, se levantó en honor al rey de los dioses. Con 12 metros de altura, estaba hecha de placas de oro y marfil sobre un bastidor de madera.

Iglesia de Hagia Sophia, en Estambul, Turquía Halicarnaso es una antigua ciudad de Asia menor, en la cual hizo construir Artemisa en el siglo IV a.n.e, el mausoleo en honor a su esposo Mausolo. El Mausoleo de Halicarnaso medía 42 metros de altura y destacaban en él los grupos escultóricos que lo adornaban. Han aparecido restos muy fragmentados en excavaciones recientes.

El Templo de Artemisa, diosa de la Luna y de la caza, era un gran edificio recubierto de adornos metálicos y rodeado por un bosque de columnas de casi 20 metros de altura. Fue varias veces destruido y reconstruido, y hoy solo quedan fragmentos de la decoración.

El famoso Coloso de Rodas era una estatua de Apolo que se construyó alrededor del 300 a.n.e. De 35 metros de bronce, fue erigida a la entrada del puerto de Rodas y destruida por un terremoto. Según cuentan sus restos fueron vendidos por los árabes a un chatarrero judío en el año 667.

La pequeña isla de Pharos fue el lugar elegido por el rey Ptolomeo II para erigir el Faro de Alejandría, única entre todas las maravillas antiguas que cuenta con sentido práctico. Durante el día, espejos de bronce pulido señalaban la posición de la torre reflejando la luz del sol, y los fuegos que se encendían al llegar el crepúsculo orientaban a los barcos perdidos en la oscuridad de la noche. Sus 120 metros de altura fueron derribados por los árabes en el siglo XV.

De casi todos estos monumentos antiguos solo subsiste su recuerdo. Pero todavía existen miles de lugares maravillosos en el mundo; obras que los antiguos nunca descubrieron o que fueron creadas con posterioridad. Se podría confeccionar una nueva lista de maravillas teniendo como premisa básica y fundamental la necesidad de su conservación.

LOS NUEVOS PRODIGIOS

El Taj Mahal, cuya construcción -toda de mármol- comenzó en 1634 y terminó 22 años después, es el mausoleo de Mumtaz Mahal, esposa del emperador mogol Shahjahan, y la pieza principal de un complejo donde se ubican dos mezquitas y varias fuentes. La magnificencia de ciertos lugares nos deja sin aliento. ¿Cómo es posible tanta perfección? Mientras que en ciertos casos son el azar y las leyes de la naturaleza los que han dispuesto las cosas tal como están, en muchos otros, el responsable de esa grandeza es el propio ser humano.

Pero la gran parte de esas magnificencias solo ostentan la condición de Patrimonio de la Humanidad y no cuentan en ninguna lista de grandes maravillas.

Así pues, del cineasta suizo Bernard Weber se dio a la tarea de organizar una fundación y con el apoyo de la UNESCO crear una nueva lista a nivel mundial que no sustituya la anterior, sino que reedite el espíritu de los grandes logros arquitectónicos y de la ingeniería. Estos lugares deben cumplir dos requisitos mínimos: haber sido creados durante los dos últimos milenios y mantenerse aún en pie (al menos en su mayor parte).

Lo interesante de la propuesta es que cualquiera de los lugares escogidos estén dispersos por todos los rincones del mundo.

Mediante su página web (http://www.new7wonders.com/), todos los ciudadanos del planeta pueden, mediante el voto, participar en la designación de nuevas Siete Maravillas del Mundo.

Claro que para llegar a esta lista, que no es la definitiva, hubo que recorrer un largo y difícil camino. La primera lista propuesta contaba con 70 obras de arquitectura. El primero de enero de 2006 desde Zúrich, Suiza, se comunicó la selección acordada de 21 grandes obras finalistas, de las cuales 17 lugares fueron propuestos directamente por la UNESCO.

A lo largo de un año y medio cualquier ciudadano del mundo puede proponer su elección, que se darán a conocer en un acto en Lisboa, capital portuguesa, el 7 de julio de 2007 (07-07-07).

Con esta idea —comentan los organizadores desde su página web—, se pretende también llamar la atención sobre el deterioro al que son expuestos muchas de estas obras, por eventos naturales y por la codicia del humano.

Pero solo una cosa olvidó el suizo a la hora de lanzar su propuesta: cuántos habitantes de este planeta se quedarían sin elegir su lugar preferido por no tener acceso a Internet. ¿Habrá pensando el señor Weber en los africanos que viven en la más absoluta pobreza o en algunos de los indígenas latinoamericanos a los que no se les ha permitido siquiera aprender a leer y a escribir? ¿No quisieran ellos también formar parte de la lista de votantes, cuando incluso, algunos de estos monumentos seleccionados forman parte de su patrimonio nacional?

Ciudad de Petra en Jordania En la lista actual se cuentan el emblemático templo modernista de Barcelona conocido como La Sagrada Familia, inacabada obra maestra del arquitecto Antoni Gaudí; el bello conjunto monumental de La Alhambra, Granada, también en España. La Torre Eiffel, el icono de París. La impresionante ciudadela inca Machu Picchu, en Perú, así como el edificio Empire State, de Nueva York, un emblema de la ciudad construido en los años 30; y en el otro extremo del arco, la rosada ciudad jordana de Petra, prácticamente esculpida en una montaña.

Entre las hazañas humanas que la propuesta enumera también figuran el Palacio Ducal de Venecia en Italia y la estatua de la Libertad y el puente Golden Gate de Estados Unidos. En Rusia el Kremlin y la Plaza Roja y en el propio continente europeo el Palacio y los Jardines de Versalles de Francia y en Alemania, la catedral Aachen.

En el continente negro y específicamente en Malí, la ciudad de Timbuktú. En Australia, la Ópera de Sydney, y en Asia, el Palacio Imperial de Kyoto, Japón, así como el monumento Angkor Wat en Camboya.

Del Medio Oriente, en Yemen se eligió a la ciudad vieja de Sanaa, y en Turquía, la iglesia Santa Sofía.

Pero de todas ellas, solo siete serán seleccionadas para representar el genio y apogeo de una cultura o sociedad y, en última instancia, la superación del ser humano frente a su entorno.

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