Ecuador va hacia una «Revolución ciudadana» - Internacionales

Ecuador va hacia una «Revolución ciudadana»

El Socialismo del Siglo XXI del presidente Rafael Correa es un modelo que podría romper con el neoliberalismo

Autor:

Hernando Calvo Ospina

El 30 de septiembre se realizaron en Ecuador elecciones para elegir a las personas que se encargarán de redactar una nueva Constitución. La organización Alianza País, del presidente Rafael Correa Delgado, logró más del 70 por ciento de los votos. Un triunfo abrumador nunca antes visto en la historia electoral de esta nación.

Con 80 representantes, sobre 130, tendrán la mayoría absoluta en la Asamblea Constituyente, con lo cual el jefe de Estado podrá «refundar la República», y poner a caminar un modelo de desarrollo que rompería con el neoliberalismo.

En su sencilla oficina en el Palacio de Carondelet, edificación de tipo colonial, sede del gobierno, el presidente Correa explica lo esencial de lo que es el Socialismo del Siglo XXI, «aplicado a las particularidades del Ecuador».

«Estamos por una revolución ciudadana, de cambio radical, profundo y rápido de las estructuras políticas, sociales y económicas. La institucionalidad política de este país ya no da más. Un congreso, que según las encuestas tiene tres por ciento de credibilidad, no es representativo. Aquellos grupos que aún se llaman partidos políticos tan solo son feudos, caudillistas, sin la mínima ideología. Este país ya no puede soportar lo vivido a nivel económico en los últimos 20 años, debido a las políticas impuestas por Washington, y que han sido un desastre para Ecuador y América Latina. Y que en nuestro país, entre otras cosas, se han traducido en más de dos millones de emigrantes en los últimos años.

«Me tiene sin cuidado cómo vean los cambios el gobierno de Estados Unidos, los europeos, o cualquier otro país. Menos lo que piensen y quieran hacer las transnacionales. Me importa el pueblo ecuatoriano, que es el mandante y dueño de este país. Yo espero que ninguna nación, por poderosa que sea, intente dictar las políticas que debemos seguir.

«Como tampoco vamos a aceptar que el gobierno colombiano siga realizando fumigaciones en la frontera, porque eso es nocivo para nuestros ciudadanos, las plantas, los animales, nuestras aguas... Menos que se nos pretenda hacer parte del fratricida conflicto interno que vive esa nación hermana. En eso no nos inmiscuimos, pero si podemos servir de algo para ayudar a resolverlo, ahí estaremos. Nosotros hemos dicho claramente que el Plan Colombia, estrategia de Bogotá y Washington, es militarista y violento, que no ha servido para darle solución a esa guerra. Nosotros recibimos efectos negativos de ese Plan, empezando por la cantidad de colombianos que se ven obligados a refugiarse en nuestro territorio.

«Continúo. Para poder adelantar esa revolución ciudadana, necesitamos del Socialismo del Siglo XXI. Muchos nos decían que le pusiéramos “humanismo”. Dijimos que no, porque no le tenemos miedo a esa palabra. Es con el socialismo que vamos a buscar justicia, equidad, economía productiva y generadora de empleo.

«Nuestro proyecto se llama así porque tiene coincidencias con el socialismo científico de Marx y Engels. Por ejemplo, aquí es el pueblo quien debe mandar, no el mercado. El mercado debe ser un buen siervo y no el amo. El ser humano no puede seguir siendo tratado como un instrumento más de producción, en función de las necesidades de acumulación del gran capital.

«La economía de mercado ha enfatizado en la creación de mercancías y su valor, sin importarle las necesidades del ser humano, ni cuál es el precio a pagar por el medio ambiente, etc.

«La importancia de la acción colectiva es otra coincidencia con el socialismo clásico. Debemos superar esa falacia del individualismo como motor de la sociedad, donde por arte de magia convirtieron al egoísmo en máxima de la virtud social, y a la competencia en modo de vida. Y fue así como nos pusieron a competir hasta entre los países del llamado Tercer Mundo. Un absurdo. Eso nos obligó a abaratar nuestros productos de exportación, pero para ello debimos reducir las condiciones de trabajo, aceptar la flexibilización laboral, bajar los salarios, etc. Y, ¿quién ha ganado?: el llamado Primer Mundo, el capital extranjero.

«Tenemos diferencias con el socialismo clásico. Por ejemplo, hoy es muy difícil hablar de la estatalización de todos los medios de producción. Pero sí tenemos que democratizarlos. Aunque es necesario estatalizar los medios de producción estratégicos para la economía de la nación, y que por tanto no pueden estar en manos privadas.

«Uno de los mayores errores del socialismo clásico es que muy poco se diferenció en el concepto de desarrollo al capitalismo. Lo que nos ha ofrecido es un camino más rápido, y con mayor equidad, pero para llegar al mismo concepto de desarrollo industrial e incremento de la producción. Miremos esa competencia que tenía la Unión Soviética con Estados Unidos de quién producía más. Pero no nos dio una alternativa diferente de desarrollo sustentable, considerando otras dimensiones como la articulación con la naturaleza. Ese es uno de los desafíos del Socialismo del Siglo XXI: presentar una propuesta de desarrollo diferente.

«Otra diferencia, y que de seguro chocará a varios socialistas tradicionales. Debemos hablar de principios y no de modelos. En esto el socialismo clásico fue prepotente y arrogante. Siempre nos enviaba a ver tal página para encontrar verdades y soluciones. Nos dieron catecismos. Y eso es un grave error. Debemos adaptarnos a las situaciones de cada país, sin modelos preestablecidos. Como académico lo digo: creo que cualquier intento de encasillar en leyes simplistas procesos tan complejos como el avance de la sociedad, está condenado al fracaso.

«Tenemos la gran ventaja y obligación de ir construyendo. No podemos dejar que aparezcan las definiciones indiscutibles, los dogmas. No debemos perder la esencia de nuestra fuerza: la creatividad».

*El periodista colombiano, radicado en Francia, Hernando Calvo Ospina, realizó esta entrevista como enviado especial del mensual francés Le Monde Diplomatique.

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