Otorgan distinción Félix Elmuza a periodistas extranjeros

El reconocimiento fue entregado al español José Manzaneda y a los argentinos Pablo Fernández y Santiago Vega, quienes desde sus puestos de trabajo difunden las aristas de la realidad cubana que los grandes medios intentan silenciar

Autor:

Nyliam Vázquez García

Con carácter excepcional fue entregada la distinción Félix Elmuza —máximo reconocimiento que otorga la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC)— al español José Manzaneda y a los argentinos Pablo Fernández y Santiago Vega, quienes son luchadores por la verdad y desde sus puestos de trabajo difunden las aristas de la realidad cubana que los grandes medios intentan silenciar.

La condecoración les fue impuesta por el presidente de la UPEC Tubal Páez, en la sede del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP).

«Han sido muchas emociones para un solo día… Lo sentimos como un reconocimiento increíble y queremos que sepan que esto lo decimos con el corazón», apuntó Santiago Vega, en nombre de los condecorados, quien también fue uno de los andinistas que subió al Techo de América para —como él mismo apuntó— pegar un grito en el cielo por Gerardo Hernández, René González, Antonio Guerrero, Fernando González y Ramón Labañino.

Para el presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Ricardo Alarcón de Quesada, lo ocurrido este viernes fue el homenaje de los periodistas cubanos a quienes lo merecen. Cada uno de estos colegas difunde la verdad sobre Cuba y ello, sentenció, «es una tarea indispensable y a la vez muy difícil».

Cubainformación, promotor de la comunicación alternativa sobre Cuba en varios soportes, coordinado por José Manzaneda, como proyecto del Centro de Cooperación de Ayuda al Desarrollo del gobierno vasco, se ha convertido en una herramienta del movimiento de solidaridad y sitio de referencia para enfrentar la campaña mediática contra nuestro país.

Pablo y Santiago, desde la radio y la televisión comunitaria en la provincia de Neuquén, en la Patagonia argentina, informan todo cuanto ocurre acá, y especialmente, la injusticia que se comete con los Cinco, lo cual es parte de su tarea cotidiana.

«Dura es la pelea frente al propósito de domesticar el pensamiento y someterlo a mentiras y silencios de los mercaderes que son dueños de lo que antaño se llamaba periodismo», expresó Alarcón, quien además destacó que se homenajeaba a verdaderos periodistas.

«Es necesario escalar montañas para gritar a los cuatro vientos la verdad de los Cinco. Habrá que superar cordilleras, físicas y morales, vencer empinadas cuestas donde golpean el viento y la nieve, para que otros descubran una historia silenciada, prohibida. Habrá que emprender otra vez la hazaña del Libertador, volver de nuevo desde el valle de Caracas hasta el Altiplano con el reclamo de libertad y de justicia», reafirmó el Presidente del Parlamento cubano.

Asimismo, dio a conocer que el próximo 14 de junio el sistema judicial de EE.UU. recibirá su última oportunidad para rectificar, aunque sea tardíamente, la arbitrariedad que comete con Gerardo, porque ese día vencerá el plazo final para que sus defensores soliciten al tribunal de Miami la reconsideración de su caso, el más complicado de todos, a pesar de su probada inocencia.

Participaron en el acto la vicecanciller Ana Teresita González, Kenia Serrano, presidenta del ICAP, así como familiares de los Cinco, funcionarios del Partido, entre otros.

La historia en primera persona

«Llevábamos el peso de media Isla en la mochila», comentó Alcides Bonavitta sobre el ascenso al Aconcagua. Al compartir las anécdotas de todo el trayecto, recordaron las muestras de solidaridad y apoyo recibidas y también el modo en que esos cinco seres humanos —que permanecen en prisión desde hace casi 12 años— les dieron aliento cuando las fuerzas flaquearon.

«El peso de esa bandera solo lo podían llevar ellos», apuntó Pablo, quien comentó que el andinismo es un deporte muy individualista, pero para ellos no se trataba de otra cima para abultar el currículo, sino de plantar la bandera con un mensaje para Obama allí «con todo lo que eso significa», acotó.

Tanto Santiago como Alcides contaron detalles y emocionaron con su sencillez. Estos dos amigos extraordinarios pusieron en riesgo sus vidas por la causa de los Cinco. Entre bromas compartidas, uno y otro mencionaron los momentos en que el cuerpo no quiso responder, la falta de oxígeno, el frío, y hasta esos instantes en que tuvieron ganas de volver. Pero no lo hicieron porque echaron mano a todas las convicciones que los habían inspirado, y especialmente pensaron en Gerardo, Ramón, Antonio, Fernando y René.

«De ahí es de donde se sacan fuerzas, de ellos y ustedes que no se rinden», le dijo Alcides a los familiares allí reunidos.

En un momento crítico del ascenso Santiago estaba mal y Alcides le propuso volver temiendo por su salud. Él contestó: «No, hay algo aquí que es fortísimo en la mochila… Hay que subir».

Por su parte, Pablo aseguró que ahora tienen «más tareas que antes», y explicó algunas de las acciones en las que están empeñados después del ascenso. Para él fue esencial la cobertura de prensa, y por eso agradeció a todos la coordinación para sacar el mensaje, que se expandió por los medios, incluso hasta los medios de derecha argentinos y la propia CNN lo publicaron. También destacó la importancia de sumar más a la causa, de no dejar fuera a nadie.

A nombre de los familiares, Olga Salanueva, esposa de René, comentó que para ellos había sido muy importante el aporte de esta acción valerosa al rompimiento del silencio en torno al caso. Actuaron inteligentemente para que el mensaje se expandiera, dijo.

Santiago, Alcides y Pablo entregaron a los familiares la bandera con el logo de Gerardo que ascendió el Aconcagua, también trajeron una replica de la que plantaron en la cima con el mensaje para Obama, y mostraron con la que subirán al punto más alto de nuestra geografía.

Esposas, madres y Laura Labañino, hija de Ramón, acordaron en la sede del ICAP, donde tuvo lugar el  dialogo, que la bandera que subió al techo de América también ascienda el Turquino para luego quedarse en el museo de la Batalla de Ideas de la ciudad matancera de Cárdenas.

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