La Revolución Cubana es de todos los pueblos del mundo

Becarios extranjeros comparten con este diario sus desvelos y la pasión por la Isla que los prepara como profesionales y seres humanos enteros

Autor:

Jorge L. Rodríguez González

PRETORIA, Sudáfrica, 2010.— Su amor por la Medicina nació al calor de una triste experiencia familiar. Mohamed Kassoum Djiré apenas era un adolescente cuando su hermano sufrió un traumatismo craneoencefálico. Pensó que había fallecido, pues estaba con los ojos cerrados en una cama y no le hablaba. Luego que el médico lo examinó y le puso un tratamiento, el joven comenzó a responder. Para un niño de noveno grado, muchas cosas en la vida pueden resultar misteriosas e inexplicables, pero ese día que su hermano conversó con él luego del letargo, de algo estaba seguro Mohamed: salvar vidas es una buena profesión. Por eso vino a Cuba.

Djiré nació en Gourma-Rharous, un municipio de Tombuctú, la ciudad de los 333 santos, de Mali. A pesar de que lleva diez años en Cuba preparándose, primero como médico y luego en dos especialidades —Medicina General integral y Cirugía Pediátrica—, y de que la pequeña Isla del Caribe lo ha contagiado con su cultura, Mohamed lleva siempre consigo a su pueblo pequeño y desértico, muy cerca del río Níger, y, con orgullo, como quien va rompiendo falsos prejuicios en torno a África, recuerda que fue en Tombuctú donde nació una de las primeras universidades del mundo.

Mohamed tiene muchas ilusiones, y la principal es regresar a Mali graduado como especialista para poner su inteligencia y sus manos en función de mejorar el cuadro de salud de su tierra, pues allí hay solo unos pocos cirujanos infantiles.

«Primero que todo tenemos que lograr la alfabetización sanitaria de mi pueblo para que comprenda su derecho a acceder a la salud. Nosotros soñamos con un mundo mejor, pero ese mundo es donde todos tienen acceso a la salud, a la educación, la alimentación, la recreación.

«En Mali se han desarrollado muchos proyectos, por ejemplo ya es gratuita la cesárea, que antes costaba unos 600 dólares. Contamos con centros de salud comunitarios, pero el maliense no acude con tiempo al médico, sino cuando ya tiene complicaciones, y eso es lo que tenemos que evitar a través de la educación sanitaria y las actividades de prevención».

Mohamed se regocija al contar que en su país se encuentra el centro de referencia de la Operación Milagro. «Esto es un logro de la Revolución Cubana, por eso tenemos que cuidarla, porque la Revolución Cubana no es solo para los cubanos, sino para todos los pueblos del mundo», cuenta este médico graduado de la Escuela Latinoamericana de Medicina.

Houfaneh Hoche Aganeh, de Djibouti, es portador de un mensaje de amor y agradecimiento de su pueblo para Cuba. En su diálogo con JR cuenta la labor de nuestros médicos en esa nación del Cuerno de África, donde cultivan el amor por una pequeña Isla del Caribe a miles de kilómetros de distancia, al otro lado del Atlántico.

«Los médicos cubanos están en los lugares más apartados de mi país, donde las temperaturas son muy altas, sobre los 40 grados Celsius, aunque pueden llegar a los 45, algo a lo que ellos no están acostumbrados. A pesar del calor y el agotamiento caminan mucho y visitan casa por casa. Nuestro pueblo nunca antes había visto a profesionales sanitarios tan desinteresados, que además de atenderlos, siempre tienen unos minutos para conversar y compartir un café o un té.

«La atención es muy humana. Reciben al enfermo como si fuera un niño cubano, con mucho cariño; y son muy disciplinados. Por eso nuestro Gobierno ha pedido más médicos a Cuba», cuenta el estudiante de Ingeniería Eléctrica.

En este momento del diálogo, Hoche no puede evitar hacer comparaciones para demostrar la grandeza del proyecto cubano.

«Las brigadas de médicos de Francia, Alemania e Italia que vienen a mi país solo se quedan cinco o seis meses, y nunca salen del hospital de la capital o de alguna cabecera de provincia. Sin embargo, los cubanos se quedan dos o tres años, trabajan en los campos, están dispuestos a atender a un paciente a cualquier hora.

«Mi hermano estudió Medicina en Cuba, y hoy trabaja en Djibouti. Él me cuenta que los pacientes de su hospital prefieren atenderse con médicos cubanos o djibutenses que hayan estudiado en la Isla, aunque eso les cueste tener que hacer grandes colas porque la mayoría quiere lo mismo.

Para este joven de hablar pausado, el mayor tesoro que puede tener un ser humano es la salud. «Cuando le preguntas a cualquier persona de cualquier lugar, por lo que más desea, siempre te responden, primero que todo, salud. Y Cuba está exportando salud. Por eso siempre digo que el pueblo cubano es el más rico del mundo, porque exporta la mayor riqueza del mundo».

Hoche recuerda que la creación de la primera Facultad de Medicina en su país fue una idea de Fidel. Cuenta que los primeros estudiantes de esa escuela están en tercer año de la carrera, y que además se estudia Enfermería y Estomatología. «Es una idea maravillosa del Comandante, nuestro pueblo nunca va a olvidar eso», dice.

Por la paz y la vida

Para estos estudiantes africanos, lo que más precisa su continente es la paz.

«Necesitamos que las potencias extranjeras dejen de meterse en los asuntos internos que nosotros podemos resolver. Nuestros países no se pueden desarrollar si hay guerra. La paz es la vida», comentó Houfaneh Hoche Aganeh, quien no confía en las intenciones de Estados Unidos al desplegar sus tropas en una base militar ubicada en Camp Lemonier, donde también hay efectivos franceses.

Desde ese enclave, el Pentágono maneja sus aviones no tripulados que sobrevuelan el Golfo de Adén y las costas somalíes hasta Seychelles, supuestamente para controlar la piratería en esa zona.

«Ellos dijeron que frenarían la piratería, pero se siguen asaltando barcos petroleros. Tienen la tecnología militar más moderna, incluso satélites a su disposición. Entonces, ¿cómo es posible que una lancha pequeña pueda burlar los barcos de guerra de la OTAN? Los estadounidenses tienen otros objetivos que saldrán a flote, y la piratería es solo lo que está a la vista; es el pretexto para estar con sus militares allí».

Sobre las presuntas intenciones de Washington de ayudar a resolver los problemas del continente, para lo cual dice que creó su Comando Militar para África (AFRICOM), Hoche afirma que «eso es pura propaganda» del imperio para lograr entrar allí, pues no le queda otro camino después que han usado la fuerza en todo el mundo. «Hablan de proyectos de educación y salud, pero lo único que realmente está llegando en grandes cantidades son naves de guerra», afirma.

Además del control militar de los recursos naturales africanos, Hoche se atreve a afirmar que la presencia de EE.UU. en su país tiene otras razones escondidas. «Ellos están controlando nuestro mar, y están creando condiciones para bloquear a Irán. Ya están en el Golfo de Adén, en Iraq y Afganistán. Washington nunca había mostrado interés por Djibouti, siempre llegaba algún barco suyo, pero se iba pronto, y ahora ocupan una base cuando nuestro país e Irán tienen lazos muy fuertes.

«Si los norteamericanos realmente quieren ayudar, como dicen, ¿por qué no crean facultades de ciencias medicas en África para los jóvenes del continente? Pero no lo hacen porque no tienen voluntad política», dice por su parte el maliense Mohamed Kassoum Djiré al reiterar que los principales problemas de su continente son la escasez de médicos y las altas tasas de mortalidad infantil y materna, entre otros flagelos, que junto con la pobreza, marchitan a África, sin que eso les mueva la conciencia a las grandes potencias.

Para el estudiante de Benin, Guera Ouorou Ganni, las ex metrópolis han encontrado nuevas formas de colonizar a África, y de mantener el control político y económico de esos países.

A su juicio esas naciones del Primer Mundo incentivan la corrupción cuando buscan la manera de poner como presidente a quien satisfaga sus intereses y colabore con ellos.

Cuando un Gobierno no colabora, precisa Ouorou, entonces llegan hasta a financiar grupos rebeldes para crear inestabilidad política.

Enseñanzas

Con la estancia en Cuba, sus vidas han dado un gran vuelco.

«Allá aprendí a ayudar a los demás, eso no lo sabía, pues no tenía casi contacto con nadie», dice Houfaneh Hoche Aganeh.

«Apenas ocurrió el terremoto en Haití, muchos egresados de la Escuela Latinoamericana de Medicina se ofrecieron para brindar atención médica gratuita a la población de esa nación caribeña. Allá nos enseñaron a ser solidarios, altruistas, patriotas y humanos, y eso siempre lo agradecen todos los pueblos», comenta el maliense Mohamed Kassoum Djiré.

«A pesar de estar bloqueada por medio siglo, Cuba tiene indicadores de salud y educación del Primer Mundo. ¡Cuánto no hubiese logrado de no ser por esa política de Estados Unidos! Por eso, el Comandante Fidel se merece un gran abrazo desde aquí», afirmó.

Guera Ouorou Ganni cuenta que antes de llegar a Cuba, cuando se enteraba que había ocurrido algún desastre natural en cualquier país, ni tan siquiera se inmutaba, porque entendía que no tenía nada que ver con él. Sin embargo, hoy piensa distinto: «Cuando sucede cualquier acontecimiento, como por ejemplo el terremoto de Haití, me solidarizo, lo siento en mi propia alma. En el mundo capitalista muchos se preocupan solo por lo suyo, pero en Cuba es distinto».

Por el amor que siente por Cuba, algunos le han preguntado si, cuando se gradúe de Ingeniería Forestal, piensa quedarse en la Isla. Para ellos siempre tiene una sabia respuesta:

«Si yo me quedara eso significaría que no aprendí nada de lo que me enseñó la Revolución. En Cuba me enseñaron a ser patriota, y por eso regresaré para aportar al desarrollo de mi país con los conocimientos que adquirí allá».

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