En Caracas, con los hijos de Bolívar y Martí

Venezolanos y cubanos celebraron en la Plaza José Martí de esa ciudad el aniversario 158 del natalicio del Apóstol

Autor:

Juana Carrasco Martín

CARACAS.— Eran más que ofrendas florales y la celebración del cumpleaños 158. Fue nuevamente la unión de bolivarianos y martianos —¿o será una redundancia?—, los que llegaron hasta la Plaza José Martí, de la parroquia Altagracia, bien cerca de donde el prócer de la independencia cubana vivió durante seis fecundos meses de 1881, los suficientes para que su pensamiento hiciera raíz en los problemas del continente, y creciera su visión latinoamericanista.

Los oradores resaltaron cualidades y expusieron todo lo que su obra tiene de vigencia, y la del padre Bolívar, del que Martí dijo tenía mucho que hacer todavía en Nuestra América. Fueron esas las palabras del licenciado José Gregorio Linares, presidente del Fondo Editorial Ipasme; de la diputada del PSUV por el estado Aragua, María León, y del embajador cubano Rogelio Polanco Fuentes, ante un auditorio comprometido a hacer y seguir haciendo.

Juntas estaban las Madres del Barrio con los jóvenes del Frente Francisco de Miranda; juntos los trabajadores de la Salud de Barrio Adentro —médicos y deportistas— con los de la Misión Cultura Corazón Adentro, y los profesores-asesores de las misiones Robinson, Ribas y Sucre. También el ministro de Cultura, Farruco Sesto y el Embajador de la hermana Ecuador.

Están todos aquí, y los que faltan, que son muchos más, porque llevan bien grabadas aquellas palabras que el 27 de julio de 1881, víspera de su tempestuosa salida de Caracas, escribiera Martí a Fausto Teodoro de Aldrey, director del diario caraqueño La Opinión Nacional: «De América soy hijo: a ella me debo. Y de la América, a cuya revelación, sacudimiento y fundación urgente me consagro, esta es la cuna».

Por supuesto que hablaba de Venezuela, y estaban en ese reconocimiento la revelación de una América Nuestra que comenzó en sus estancias en México y en Guatemala y que se solidifica en este país.

En la mañana de este viernes, tal y como dijera Martí, se estaba deshelando «con el calor de amor, montañas de hombres», y de mujeres, afirmaría con toda su sabiduría y juicio la combatiente revolucionaria María León.

Quedaba por delante toda la jornada de este día 28 de enero: en el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg) niños venezolanos —procedentes de los refugios dignificados, como se les prefiere llamar en lugar de damnificados— disfrutaron del mambí por antonomasia para los pequeños de la Isla, Elpidio Valdés. Luego vino la Colmenita Bolivariana con la obra Meñique; no podía faltar el espíritu y la acción de un discípulo de Martí y de Bolívar en una obra del cine documental cubano: Fidel, acción y pensamiento; como tampoco el debate enriquecedor del conocimiento mutuo con el panel Martí y Bolívar: Bicentenario Independencia de Venezuela.

Para cerrar el día de celebración cultural patria, la Gala artística que solo podía tener un nombre: Con todos y para el bien de todos.

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