Una fórmula venezolana: trabajo digno para una casa digna

Sueño y problema, dos partes contradictorias del hábitat, van transformándose con un programa en el que cientos de miles de venezolanos han depositado su confianza. Una brigada de vencedores y facilitadores de la Misión Ribas participan innovando

 

Autor:

Juana Carrasco Martín

Ezequiel Zamora, Barinas.— En el poblado de Santa Bárbara, Javier Moreno tiene un sueño compartido por decenas de sus amigos y vecinos, por cientos en el pueblo, por miles en Barinas, por más de dos millones en Venezuela… una quimera generalizada entre los humanos a nivel mundial. Una ilusión sencilla, justa y complicada: tener casa propia y segura. Techo y paredes para el abrigo y la calma, hogar para ver crecer a la familia.

Sin embargo, ese anhelo es muy difícil de convertir en realidad tangible para una inmensa cantidad de personas en un mundo maltrecho por las guerras y otras crisis. En el año 2005, se calculaba que la mitad de los 6 500 millones de seres humanos que habitan la Tierra vivía en ciudades, y el continuo y multiplicado crecimiento poblacional hace más acuciante la escasez de vivienda, y muy pocos Gobiernos en el mundo se han dado a la tarea de enfrentarla. Ni hablemos de las empresas privadas, movidas solo por el lucro, ciego, sordo y mudo ante las necesidades humanas…

A finales del año 2010, en Venezuela, una condición climática extrema —semanas y semanas de aguaceros, tras una prolongada sequía que había cuarteado la tierra— llevó a deslaves en zonas montañosas e inundaciones en sus llanos, y ocasionó una tragedia en la que miles perdieron sus casas, por demás precarias, sacando a flote con desgarradora crudeza un problema habitacional acumulado por décadas de total desidia o indiferencia.

El Gobierno que por primera vez responde a los intereses del pueblo más necesitado reaccionó ante el aldabonazo…, y también el propio pueblo que va, de a poco, implicándose en las acciones reactivas, un proyecto muy ambicioso, nada fácil de convertir en realidad, y en el que está comprometida la palabra de un Presidente que pateó las quebradas de los cerros donde se derrumbaron las más modestas ilusiones de la gente sencilla, sufrió con ellas, y dio nacimiento a la gran misión Vivienda Venezuela.

Ahora se trata de revivir la utopía, y hacerlo con dignidad. Dos V se entrelazan en su nombre y está pavimentado con un presupuesto sustancioso, adicional, emergente y para ser ejecutado con inmediatez, con la premura de la necesidad urgente. Pero la labor no es nada fácil, porque se requiere también una mano de obra con conocimientos y mucho más, voluntad y conciencia.

Queso y tostada

Con ese gracejo tan característico del habla venezolana, donde hay un dicho para cada ocasión, Javier Moreno —23 años de edad, profesor de Educación Física en la Escuela Bolivariana Barracones Arriba, recién estrenándose como padre y que malvive en un pobre rancho— espeta: «Hace un mes no le veía el queso a la arepa. Ahorita estoy feliz, gracias a la misión cubana, a la Misión Ribas, y al presidente Chávez voy a tener mi casita, para mi hijo y mi mujer».

Era el 22 de julio cuando sosteníamos esta conversación a pie de obra y a pleno sol del mediodía barinés, sobre el piso de cemento ya fraguado, en el que sobresalían las tuberías de las acometidas de agua y las cabillas que delimitarían las habitaciones de la vivienda, y Javier decía con total confianza: «Regresen el 17 de agosto, que ese día inauguramos mi casita»…

Frente a ella, otro habitáculo se preparaba para igual procedimiento de construcción y por la misma brigada, bajo la premisa de cambiar «rancho por casa», que motiva a estos vencedores de la Misión Ribas —estudiantes de bachillerato o graduados ya— y sus facilitadores (maestros), a convertirse en integrantes de un oficio tan honroso: el de constructor.

Pero para ello hay que aprender, y eso es lo que están haciendo la treintena de hombres y mujeres que han convertido el curso en una demostración práctica de los conocimientos que van recibiendo mediante el programa de formación técnica.

No solo graduarse y recibir su certificación de conocimientos ha sido el propósito, también dejarlos plasmados en estas dos obras que han levantado a ritmo vertiginoso y con total calidad, porque «somos misioneros de la Revolución, y con Hugo Chávez somos lo mejor», como dice el lema con que a diario abren la jornada creativa en un coro encabezado por Kennedy Sánchez, el joven y entusiasta vocero de esta brigada, a la que también está integrada su esposa.

El muchacho, facilitador de la Ribas desde hace ocho meses, tiene solo 19 años, pero habla del mayor esfuerzo y de la clara conciencia de que van a poder todo lo que se propongan. Su salto en esta ocasión ha sido largo, de la Licenciatura en Deportes, que ya estudia, a constructor. Pero por nada deja a sus 13 vencedores en el aula, entre ellos uno del que habla con especial orgullo, Máximo, «único por la alegría con que lleva sus 78 años». Y le añade este quehacer actual, el de fabricar casas para quienes la merezcan y la necesiten.

Él también espera algún día ser uno de los beneficiarios, y ahora nos explica que la base de ambas casas se fundieron como parte de la materia de clase que se anunciaba en el pizarrón, apoyado en el tronco seco de un árbol, «Tema: Hormigonado o vaciado de losa», y la relación de herramientas, útiles, instrumentos y materiales a emplear. Las clases prácticas desbordan la teoría, y ambas las imparte el profesor guantanamero de enseñanza politécnica Ricardo Salazar.

Las ideas y la impartición de conocimientos los intercambia también el colaborador cubano con el instructor venezolano Ricardo Salazar, quien lleva 22 años en la docencia, y es otro de los pilares en este empeño, en el que participan los líderes de la comunidad, el Frente Francisco de Miranda, el Partido Socialista Unido de Venezuela, y las autoridades venezolanas y cubanas de las misiones Ribas y Sucre (la de la enseñanza universitaria) en el municipio de Zamora, uno de los más destacados en este esfuerzo de quienes confían en sí mismos.

Es que aquí en Zamora entienden que la unidad hace la fuerza y bordan con esmero el llamado tejido social, donde todas y cada una de las organizaciones, instituciones y elementos de la comunidad, van dándose las manos para avanzar de conjunto. Solo así construirán ese socialismo y esas casas tan anheladas.

Heterogéneos y unidos

Esa visión nueva nos la explica Francisco Pernía, responsable del Frente Francisco de Miranda y del PSUV en Zamora: «Estamos observando cómo el pueblo construye lo que el Comandante Hugo Chávez ha llamado el buen vivir, y para ello, todas las organizaciones estamos dispuestas a un trabajo complementario donde pongamos a andar todo el potencial para construir una realidad.

«Invitamos a los que dicen que la misión Vivienda no funciona a que vean cómo está creciendo este barrio. En Zamora estamos ejecutando 180 residencias por la Ribas con el plan Rancho por casas; cien por la alcaldía; 200 por el Ministerio de las Comunas con el Plan de Transformación Integral del Hábitat (TIH), y otras 60 de este último, pendientes del 2010, que ya están prontas a inaugurarse».

Alexander Rojas, el coordinador municipal venezolano de la Ribas, dice que en enero les dio la tarea el ingeniero Ortegano, presidente de la Fundación Ribas. Iniciaron entonces el censo casa a casa y tomaron fotos demostrativas de que 740 personas vivían en ranchos; luego buscaron a los vencedores que quisieran trabajar en la construcción y les dio más de 500; y al final se dieron a la tarea de crear 11 brigadas de 30 personas cada una. Así se avanza.

Hoy en día, la vida se transforma. Quisieran que fuera más rápido, porque son muchas las insuficiencias y los grandes y los poquitos a solucionar. Por lo pronto, con seriedad, esta misión educativa construye bloque a bloque una nueva forma de hacer, una unidad y un empeño colectivo y solidario al que los colaboradores cubanos no son ajenos.

Domitilo Pérez, nacido en Guisa, provincia de Granma, deja aquí con amor su amplia experiencia pedagógica y también ya se siente constructor, e igual entusiasmo expresa la santiaguera Mayra Alarcón Cardet, la asesora principal de la Ribas en el estado de Barinas, quien fue la solícita guía hacia Santa Bárbara, la pequeña ciudad a cuatro horas de viaje desde la capital barinense.

Los alumnos-constructores no se quedan atrás en el tesonero quehacer de edificar un presente mejor. Ahí está Viviana Rosales afirmando orgullosa: «Ya sé cómo construir una casa; pongo mi granito de arena y lo estamos haciendo con voluntad propia».

Roxana Pomar, la estudiante de segundo año de Ingeniería Civil, se felicita de su decisión de incorporarse a esta obra, donde une la experiencia del trabajo real. «Ya puedo visualizar la teoría, trabajo aquí de lunes a viernes y a las cinco —no importa el cansancio—, para la Universidad Bolivariana. Lo veo como un privilegio el construir la casa para quien la necesita. Yo también la necesito».

Y qué dirá Irene Belandri, la curtida mujer que con 40 años ha criado a siete hijos y tiene ya tres nietos, y para ellos quiere esta herencia de trabajo, esa casa-hogar, nido para la familia. Ese es su objetivo, el que le hace exclamar: «Yo, ¡alegre en la construcción!».

Este viernes 12 de agosto, apenas a cinco días de la meta propuesta, una llamada desde Caracas al asesor cubano en el municipio de Zamora confirma lo mejor: «Apenas falta el techo, ya están en esa labor».

Javier Moreno, su esposa y su pequeño, inaugurarán vivienda el 17 de agosto. No sé por qué intuyo que ese día dirá con énfasis: «A esta arepa, sí que se le ve el queso…»

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