Chávez dejó de ser él, ya es un pueblo

Desde que el 11 de junio oficializó su postulación para los comicios presidenciales, hasta la marcha y concentración de este miércoles en el estado de Guárico, casi dos millones de personas han asistido a los actos que convoca

Autor:

René Tamayo León

CARACAS.— A Cecilia Lena me la conseguí (como dicen aquí) apenas llegado a Venezuela en octubre pasado.

Fue en Mariara, estado de Carabobo; en el área de salud La Cabrera, mientras recopilábamos información para un reportaje sobre la primera graduación de doctores en Medicina Integral Comunitaria (MIC), un nuevo paradigma médico-pedagógico desarrollado por la colaboración cubana-venezolana aquí.

Un programa donde se aprende a curar desde la vida (en contacto directo con los que nunca antes tuvieron medicina gratuita y de excelencia), no diseccionando cadáveres según la vieja escolástica, y que tuvo en nuestros caribeños Médicos de la Familia la génesis de este nuevo modelo.

Cecilia es una líder nata. Altiva y vivaz, a pesar de los años que ha recorrido. Vive en Valencia, la capital estadual.

Desde que los cubanos llegaron aquí para la misión Barrio Adentro, en 2003, está siempre junto a ellos. Solícita para cualquier ayuda. «Arrecha» (bravía) ante cualquier ofensa contra la Isla. Me nombró al hilo decenas de médicos que ya están «en el “Caimán” y con los que mantuvo la amistad más linda del mundo, la que nace de las revoluciones», me decía.

Por puro azar. Nos volvimos a ver en la plaza Bolívar de Mariara, el primero de julio. Era el punto de salida del mandatario Hugo Chávez hacia Maracay, estado de Aragua, en su primera caravana y concentración como candidato de la Revolución Bolivariana a las elecciones presidenciales del 7 de octubre.

Cecilia cargaba una rosa roja. Iba a caminar los 18 kilómetros que separan a Mariara del centro de Maracay, «lo más cerquita posible del camión descubierto en el que avanza Chávez».

Seguro lo hizo. Fue un viaje lento, de más de tres horas, debido a las multitudes que arropaban al líder en su andanza.

Cecilia me dijo que la rosa la dejaría allí, al pie de un busto del Libertador. Y que lo iba a hacer en cada lugar del país donde Chávez iniciara una caravana. Que siempre iba a caminar, hasta donde las fuerzas la dejaran, al lado de él.

Desde que el 11 de junio oficializó su postulación ante el Consejo Nacional Electoral, el estadista apenas descansa. Las mayoritarias fuerzas bolivarianas, tampoco.

Desde la concentración de ese día en Caracas, a la de este miércoles en Guárico, incluido otros espacios electorales y ceremonias de Estado, por lo menos dos millones de personas han acudido, prontas y entusiastas, a donde va Chávez.

Para el próximo 7 de octubre, las mayorías populares y las organizaciones políticas que las encabezan tienen la intención de garantizar diez millones de votos para la candidatura de la Patria, como llaman aquí la postulación del Jefe de Estado.

Es una cifra altanera. Casi el 53 por ciento del padrón electoral para los comicios presidenciales del 7 de octubre, en el que están registrados 18 903 143 personas.

Y es mucho más elevada —y retadora— si se descuentan los que no asistirán a las urnas, una cifra que oscila entre 25 y 15 por ciento, según coincidencias más o menos parecidas, entre el Consejo Nacional Electoral, analistas y encuestadoras.

Autoridades y expertos convergen en que esta será una de las elecciones democrático-burguesas de menor abstención en la historia, no solo de Venezuela, sino de todos los países de América donde el sufragio es libre —no obligatorio. Pudiera ser. Y no solo por los chavistas, sino también por quienes adversan su proyecto de socialismo, que no son pocos, más de cuatro millones, tal vez cinco millones, y hasta quizá rocen los seis millones de adeptos que den fe de ello en las urnas.

Según las matemáticas, y teniendo como término medio un abstencionismo de 20 por ciento (se espera que sea menor), los diez millones de votos que buscan las fuerzas chavistas significarían captar alrededor del 66 por ciento del electorado.

Es una meta desafiante. Pero «matemáticamente» probable.

Según el criterio de buena parte de las encuestadoras —o al menos las más positivas para el chavismo—, el estadista podría obtener en estos comicios alrededor del 63 por ciento de los votos —tres puntos menos según mi cuenta de bodeguero.

No obstante, un 66 por ciento no estaría —«matemáticamente», reitero— fuera de la lógica de las tendencias de voto que han acompañado al militar revolucionario.

En 1998, se levantó con el 56,20 por ciento de las boletas. En 2000 —con la nueva Constitución— logró 59,70 por ciento. Y en 2006, el 62,84 por ciento del sufragio le acogió.

El tres es número cabalístico para Chávez. Más o menos de tres en tres ha ido superando cada presidencial anterior.

«Pero matemáticas, matemáticas son». El algoritmo social no es tan descifrable; no importa lo acreditado que se esté.

El instrumento científico más refinado que se tiene hoy para prever el curso de las cosas en las elecciones presidenciales venezolanas del próximo 7 de octubre son las encuestas.

Todas marcan una brecha de entre el 17 y el 30 por ciento a favor de Chávez, en comparación con su principal opositor, el ultraderechista Henrique Capriles Radonski.

No obstante —fuera de las leyes aritméticas—, además de las encuestas, hay otro termómetro que puede develar la verdad: las multitudes. La gente es la mejor fuente de veracidad.

No estoy seguro que las fuerzas chavistas puedan obtener los diez millones de votos que se están proponiendo. Luego de 13 años, hay desgastes y también errores. Una parte del electorado cobrará factura por estos últimos o se dejará llevar por la hegemonía mediática conservadora, dada a la manipulación y el vituperio.

Independientemente de la antropología social y el espíritu revolucionario, las elecciones burguesas —y es esta la que acontecerá en Venezuela, aparte de la radicalidad del proceso— también tiene su acápite de feria: «cuánto diste», «cuánto das», «qué prometes»...

En las democracias burguesas, lo material marca no pocos espíritus. Malos o buenos, no importa: también votan. Pese a todo, parece que nueve millones y cientos de miles de boletas más, están asegurados por los chavistas. Tanta gente que usted ve cuando él hombre convoca, no pueden estar equivocadas.

Él mismo lo ha dicho. «Chávez ha dejado de ser un hombre; ya es pueblo». Así parece ser. Como que está encarnado en millones y millones de venezolanos que parecen decididos a emprender el mejor de los caminos: la revolución... Jóvenes, niños, madres que cargan en sus brazos a lactantes, ancianas, militares, obreros que abren espacios para que todos puedan ver...

Con la de este miércoles en el estado llanero de Guárico, ya Chávez va por cuatro movilizaciones electorales. No he podido volver a ver a Cecilia. La busqué en Anzoátegui; no la encontré. En Barquisimeto, tampoco. Y En Guárico, mucho menos.

A menos que la casualidad se imponga, será difícil. Son decenas, cientos de miles, las personas que se agolpan en calles y plazas para recibir al líder revolucionario.

Y siempre hay rosas y flores en las plazas Bolívar. Nunca sabré cual es la suya. Pero sé que la de ella, está ahí.

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