La siega israelí del retoño palestino

Una política genocida intenta suprimir toda resistencia, exterminar a un pueblo y construir, más que un sueño, la pesadilla del «Gran Israel»

Autor:

Juana Carrasco Martín

Ninguna de estas personas constituían una amenaza grave, así titulaba un comentario en el portal digital Common Dreams para denunciar la actuación del ejército israelí que, desde mediados de noviembre pasado, mató a ocho jóvenes y niños palestinos en la Ribera Occidental, lo que es objeto de «preocupación» por parte de organizaciones defensoras de los derechos humanos, la ONU y hasta la Unión Europea.

De estas dos entidades es obvia la hipocresía, cuando el régimen sionista permanece intocable aun cuando lleva decenas de años burlando, en primer lugar, el acuerdo de creación de dos Estados, uno de los cuales, Palestina, fue ultrajado sin consecuencia alguna para Israel; pero parece que Tel Aviv y sus autollamadas fuerzas de defensa han cruzado con demasiada frecuencia la línea roja, y tratan de guardar las apariencias ante la impunidad indudable.

Es obvio que algo más que balas de gomas y granadas de gases lacrimógenos apuntan a las manifestaciones y hasta a pequeños grupos o individuos en las zonas bajo ocupación sionista. Las ocho víctimas más recientes hablan del indiscriminado actuar contra los civiles cuando una mujer y tres menores de edad hicieron cupo en esa lista, engrosada por incidentes separados; cinco fueron baleadas en enero, y tres en noviembre.

Periódicos locales se han hecho eco de estas evidencias de una mayor actividad represiva. También la publicación digital electronicintifada.com, que daba esta lista de víctimas civiles en la Ribera Occidental y la Franja de Gaza: Lubnas Hanash, estudiante universitaria de 21 años asesinada de un disparo en la cabeza cerca del campamento de refugiados Arroub; Saleh al-Amareen, de 15 años, muerto de un tiro en la cabeza en el campo de refugiados de Aida, cerca de Belén; Samir Awad, de 16 años, quien recibió múltiples impactos de bala en la aldea Budrus.

Además, Uday Darwish, de la aldea Dura, cerca de Hebrón, quien fue baleado mientras intentaba cruzar hacia Israel en busca de trabajo; Anwar al-Mamlouk, de 23 años, fue asesinado cerca de la frontera con Israel al norte de la Franja de Gaza; Mustafa Abu Jarad, de 21 años, murió cuando las fuerzas israelíes abrieron fuego contra un grupo de campesinos que trabajaban su tierra en el norte de Gaza.

Según un informe publicado el primer lunes de febrero por el grupo de derechos humanos israelí B’Tselem, el ejército israelí «extensiva y sistemáticamente viola» las reglas cuando utiliza represalia mortal en «enfrentamientos» no letales.

Como se sabe, la heroica muchachada palestina se enfrenta muchas veces con palos y piedras, lanzadas con sus hondas, contra vehículos blindados y efectivos fuertemente armados.

Agrega el reporte que «en la práctica, los miembros de las fuerzas de seguridad casi siempre usan rutinariamente sus armas de forma peligrosa e ilegal, y las autoridades relevantes israelíes hacen muy poco para prevenir la recurrencia de esa conducta».

Los comentarios que estas noticias han generado revelan otros crímenes y también el grado de impunidad y de complacencia de Occidente, especialmente de Estados Unidos, para con su aliado más estrecho.

Barack Obama, que en su primer mandato no logró la empatía total con el régimen de Benjamín Netanyahu porque algo murmuró contra los asentamientos de colonos judíos en los territorios palestinos ocupados, ahora está a punto de iniciar su primer viaje al exterior en este segundo período presidencial, precisamente por Israel… Y no debemos echar en saco roto la circunstancia de que también dijo, recién reelecto, que la cooperación en seguridad y defensa entre ambos países estaba en niveles sin precedentes, lo que se demostró con el respaldo desde el Departamento de Estado a la Operación Pilar de la Defensa, el bárbaro bombardeo de Gaza que a fines de 2012 dejó destrucción, dolor y muerte.

Pero hay un rechazo internacional que se va extendiendo respecto a las políticas represivas, de coloniaje abierto y de apartheid puestas en práctica por el régimen sionista. Así, en un comentario sobre los acontecimientos y las opiniones de la ONU y la Unión Europea, la lectora Carol Scheller, de Suiza, decía: «Una profunda preocupación no es suficiente. A pesar del número de gente joven asesinada, la UEFA (Unión de Federaciones Europeas de Fútbol) anunció que la Copa mundial juvenil tendrá lugar en Israel, cuyo ejército asesinó en noviembre a tres muchachos que jugaban fútbol en Gaza (el más joven de 13 años)». La lectora pedía sanciones concretas para Tel Aviv, pero esas siguen ausentes.

Este incremento de la represión bien puede corresponder a una retaliación provocada por la decisión de la Asamblea General de la ONU de reconocer a Palestina como Estado no miembro, pero E-S-T-A-D-O, con todo lo que ello implica. Y en esa venganza-castigo la primera medida por parte del Gobierno de Netanyahu fue darle el visto bueno a la creación de nuevos asentamientos de colonos judíos en sectores del Valle del Jordán, con lo que prácticamente parte en dos esa zona palestina ocupada, aislando aun más a un pueblo encerrado en bantustanes, tal y como hiciera el régimen racista de Sudáfrica en la época del apartheid.

Así que a los procedimientos de violencia total que pueden considerarse como una guerra genocida y una premeditada táctica de segar el retoño de un pueblo ancestral y con iguales derechos en la región, Tel Aviv une otras acciones y métodos de similares propósitos porque aspira a convertir esos territorios en parte del «Gran Israel».

Las casas de las familias palestinas son demolidas, y en este invierno también los buldóceres de las Fuerzas de Defensa de Israel han tenido una actividad mayor, y echan abajo por igual instalaciones de servicios básicos, infraestructuras tan necesarias como escuelas y sistemas de agua, o cortan la energía eléctrica de aldeas y poblados, bajo el pretexto inhumano de que no recibieron el correspondiente permiso de las autoridades israelíes para construirlos…

O cometen un crimen de proporción irracional contra la naturaleza, la economía y la historia cuando arrasan de raíz los olivares, en algunos casos árboles de más de cuatro milenios de existencia, vinculados a los orígenes de las tres grandes religiones de sus pueblos: la hebrea, la cristiana y la islámica, y entonces levantan el muro de la ignominia que va rodeando y aislando al pueblo palestino…

En fotos, están plasmadas muchas de estas infamias y aquí están para escarnio de un pueblo que sufrió persecución y a cuyo Estado que ahora la extrema derecha está convirtiendo en uno de los mayores victimarios de la historia humana.

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