«Con Evo SÍ tenemos futuro» - Internacionales

«Con Evo SÍ tenemos futuro»

Los bolivianos tienen hoy en sus manos la defensa de los enormes logros sociales que consolidaron en estos tiempos

Autor:

Yailé Balloqui Bonzón

«¿Usted está de acuerdo con la reforma del artículo 168 de la Constitución Política del Estado para que la Presidenta o Presidente y la Vicepresidenta o Vicepresidente del Estado puedan ser reelectas o reelectos por dos veces de manera continua?». Esa es la pregunta con la que los bolivianos se juegan su futuro. América Latina también está pendiente de la respuesta que den los hermanos sudamericanos, porque en el Estado Plurinacional está uno de los puntos de continuidad de un proceso progresista regional que inició, junto a otros grandes, el líder indígena Evo Morales.

Los bolivianos deciden este domingo si permiten al líder indígena, artífice del mayor cambio social que ha vivido el país en los últimos 180 años de historia nacional, la posibilidad de volver a presentarse a unas elecciones en 2020 y, de ganarlas, continuar en el poder hasta 2025, año del bicentenario de la independencia del país.

En diciembre pasado, la Comisión Mixta del Senado de Bolivia aprobó el plan de convocatoria al referendo constitucional aprobatorio y luego el Tribunal Constitucional Plurinacional declaró legal la pregunta que irá a las boletas y que busca cambiar el texto de la Carta Magna donde se refiere que «el período de mandato de la presidenta o del presidente y de la vicepresidenta o vicepresidente del Estado es de cinco años, pudiendo ser reelectas o reelectos por dos veces de manera continua».

A la interrogante se le añade un párrafo explicativo-informativo que indica: «Por Disposición de la Ley de Reforma Parcial a la Constitución Política de Estado, se considera como primera reelección al período 2015-2020 y la segunda reelección 2020-2025».

La propuesta se evaluó durante meses entre los sectores sociales afines al Gobierno y la Coordinadora Nacional por el Cambio (Conalcam), un colectivo de organizaciones próximas al Movimiento al Socialismo (MAS) que entregó al Parlamento la iniciativa de la repostulación.

Morales ha logrado un amplio respaldo en todas las contiendas electorales a las que se ha presentado. Llegó al poder en 2006 con el 54 por ciento de los votos. Dos años después, superó un referéndum revocatorio con el 67 por ciento del apoyo. En 2009, tras reformar la Constitución, volvió a ser elegido presidente con el 64 por ciento de los sufragios y cinco años después, en octubre de 2014, con el 61 por ciento. Una década de apoyo popular a un hombre que marcó un hito en la historia boliviana.

El gran Evo

Ni en Latinoamérica y el Caribe ni en el mundo, Evo Morales necesita presentación. Desde cualquier rincón de este planeta se conoce al aymara que ha llevado a la nación boliviana, hastiada de décadas de dictaduras militares y neoliberalismo, a que hoy alcance un crecimiento económico y social nunca antes sospechado, además de un prestigioso protagonismo internacional.

Es Evo, sin duda, el primer presidente indígena que dirige tan eficazmente una nación. Salido de las entrañas del pueblo boliviano, no de la academia, Evo ha ido creciendo como dirigente sindical hasta convertirse en un estadista de prestigio y reconocimiento mundial.

No es casual que a nivel internacional ostenta alrededor de una veintena de títulos Honoris Causa, lo cual es muestra clara del reconocimiento concreto de admiración y respeto por la obra realizada, por su capacidad, entrega e inteligencia con que ha logrado reposicionar a Bolivia.

Llegó al poder en 2006 tras el derrumbe del sistema de partidos neoliberales, con la promesa de refundar el país. Un decenio después, Bolivia ya lleva su impronta. Tiene nuevo nombre: Estado Plurinacional, en lugar de República; una nueva Constitución; un nuevo modelo económico basado en la redistribución justa, una prosperidad bastante difundida, mejores relaciones interétnicas y estabilidad política.

Ese es el legado del Gobierno más prolongado de una sola corriente política, el Movimiento al Socialismo (MAS), tanto en democracia como en cualquier otro período de la historia nacional.

Ha sido imprescindible su papel en el fortalecimiento de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (Alba-Tcp) y en el desarrollo de procesos integracionistas regiona nas (Unasur), y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), entre otros. Importante ha sido también su trabajo en favor de la concertación política y la proliferación de proyectos progresistas de izquierda en nuestra región.

Pero, además, Bolivia amplió sus miras multilaterales con logros como la aprobación de documentos en las Naciones Unidas para nominar el acceso al agua como un derecho humano, la declaración de 2013 como Año Internacional de la Quinua o el reconocimiento del mascado de hoja de coca como tradición cultural en el país andino.

Lo logrado

«Con Evo SÍ tenemos futuro», es el lema con que se defiende el sí en la votación, basado en reconocer lo alcanzado y no olvidar que unos pocos años atrás Bolivia, junto a Haití, eran los países más pobres del continente. Sería imperdonable dejar de lado que en la década de los 70, en debates políticos y sociológicos, se cuestionaba la viabilidad o no de Bolivia como Estado y no faltaron quienes pretendieron dividirlo entre los circundantes.

La corrupción era un virus fatal que infectaba la nación, la pésima redistribución de los recursos llevaba a que nueve de cada diez bolivianos vivieran en la extrema pobreza y el nivel de analfabetismo alcanzaba números insospechados.

Hoy el control estatal de los hidrocarburos, la nacionalización y la redistribución permiten dejar atrás esas páginas grises. El país entero, con una importante colaboración de Cuba, se ha alfabetizado y el Estado ha desarrollado políticas garantes de la permanencia de los niños en las escuelas.

La incorporación a la clase media de un amplio sector de la población y la salida de más de dos millones y medio de la pobreza, ha traído un cambio significativo.

Mantener una tasa de crecimiento por encima de cinco puntos permitió que fuera el de mayor crecimiento regional en 2015, según datos actualizados de la Comisión Económica para América Latina (Cepal).

Los resultados son inobjetables. De una economía de 9 000 millones de dólares, se creció hasta 34 000 millones de dólares y está proyectado que en 2020 se eleve hasta los 58 000 millones de dólares.

Hay un proceso de industrialización en marcha para seguir desarrollando la producción de gas e hidrocarburos, y para la explotación del litio, mineral que tiene en Bolivia la segunda mayor reserva mundial.

La misma riqueza natural y humana con que cuenta hoy la nación no difiere de la que ostentaba en aquellos años de neoliberalismo, solo que ahora están siendo utilizados para beneficio del pueblo, para el engrandecimiento de la patria.

Una guerra sucia

El Gobierno de Evo Morales ha respetado todas las normas y procedimientos que la propia Constitución señala para su posible modificación. Pero la derecha, desde dentro y fuera de la nación, desarrolla una guerra sucia sin precedentes con campañas deshonestas que pretenden hacer ver a Evo como un narcotraficante, un corrupto e incluso, como un asesino.

En vísperas del referendo, el portal web Infobae publicó una nota donde acusaba a Evo de participar en casos de corrupción. La vulgar manipulación mediática provocó que la ministra de Comunicación, Marianela Paco, elevara una queja contra el sitio ante la Organización de Estados Americanos (OEA) y les instó a presentar las pruebas de esos señalamientos.

Semejante acusación intentó presentarla Carlos Valverde, conductor de un programa de televisión, quien, luego de entrometerse en sus asuntos personales, acusó al mandatario de tráfico de influencias. Pero, la mentira anda con pasos cortos y esta semana se conoció que Valverde mantuvo reuniones con el encargado de negocios de la embajada de EE.UU. en La Paz, Peter Brennan.

Está demostrado que se vive una guerra sucia desarrollada por la derecha, pero aupada por un imperio que no le perdona a Evo Morales haber tenido el coraje de echar del país a todos los entes extranjeros que han intentado entrometerse en los asuntos internos y no ha cejado en usar cualquier plataforma para denunciar al Imperio.

Tampoco deja a un lado que Bolivia es hoy un eje estratégico en la región, donde —seguramente— se va a demostrar la falsedad de la restauración conservadora en América Latina y el Caribe y que el ciclo progresista avanza, se desarrolla, crece.

Pero la sabiduría del pueblo boliviano imperará porque este conoce que, más allá de la reforma constitucional para una repostulación de Evo y del vicepresidente Álvaro García Linera, esta es una batalla por el futuro de la nación, que tiene una agenda bien estructurada hasta 2025, año del Bicentenario, y donde se planea vivir el inicio de una era llena de esperanzas, de éxitos y de orgullo para los bolivianos. Son ellos, pues, quienes tienen la última palabra.

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