Acuerdo que ya tiene vida propia - Internacionales

Acuerdo que ya tiene vida propia

Un mismo júbilo compartieron quienes vivieron en La Habana la suscripción del trascendental documento que marca un hito en la vida de Colombia

Autor:

Nyliam Vázquez García

Efusivos abrazos, intercambio de saludos y toma de fotos no faltaron en el salón de Protocolo de El Laguito, terminado el acto oficial que marcó el inicio de una nueva era para Colombia, con la suscripción del Acuerdo Final Integral y Definitivo que pone fin a más de 50 años de conflicto armado, y abre paso a la construcción de la paz en ese país.

Apagadas las cámaras de televisión y levantados todos ya de sus asientos, representantes de los pueblos indígenas y afrodescendientes, entre otros sectores populares que participaron en el acto, estrechaban la mano de algunos de los comandantes de las FARC-EP, en un ambiente de júbilo similar al existente entre los miembros de la delegación oficial, con emoción que llevó a alguna señora a las lágrimas…

El senador colombiano Iván Cepeda. Foto: Roberto Ruíz

De la satisfacción por la rúbrica que sellaron con un apretón de manos los jefes de la delegación del Gobierno, Humberto de la Calle, y de la representación de las FARC-EP, Iván Márquez, en gesto seguido de cerrado aplauso, era  parte el senador colombiano y defensor de los derechos humanos Iván Cepeda, quien, sonriente, declaró a JR acerca de este día: «Aparte de la emoción que significa haber puesto el fundamento de una era de paz en Colombia, hemos suscrito ya un acuerdo que tiene un valor inmenso desde el punto de vista político y jurídico; es un acuerdo que ya tiene vida propia y que le va a dar a los colombianos la posibilidad de la paz».

Roy Chaderton, embajador de Venezuela. Foto: Roberto Ruíz

De saludo en saludo estaba también Roy Chaderton, embajador por Venezuela (país acompañante en los Diálogos de Paz junto a Chile), cuando la prensa le pidió su opinión acerca del acuerdo.

«La primera palabra es histórico, histórico y noble, después de tantos sufrimientos, llegar a la concordia y al mayor alcance: la paz. Y yo creo que las víctimas nos dieron una lección a lo largo de todo este proceso: estaban dispuestas a la paz; eso parecía obvio, a pesar de todo. Pero por encima de eso nos dieron una gran lección  moral, pues estuvieron y siguen dispuestas al perdón. Eso será la nueva Colombia».

—Para Venezuela, ¿qué significa el cese de la guerra en Colombia?— le preguntó un reportero.

—Cese de un conflicto familiar— respondió.

—Y para América Latina, qué trascendencia tiene este acuerdo?— cuestionó otra colega.

—Una trascendencia histórica. Una lección para los violentos en todo el continente.

Celebración comprometida

La construcción de una paz estable y duradera se augura como un camino largo. Sin embargo, el hecho de que durante la ceremonia de firma del Acuerdo Final las palabras más repetidas hayan sido: paz duradera, participación, solidaridad, respeto, convivencia… paz, paz, paz, augura el compromiso con ese futuro de construcción colectiva que está ahora en las manos de todos los colombianos.

La nueva oportunidad de vida, como señaló Humberto de la Calle, llenó de emoción a quienes se vieron en La Habana viviendo un acontecimiento de una hondura que muy probablemente tomará varios días explicar; y un poco más de tiempo llevará que la letra cristalice en los hechos palpables.

Y aunque llegar a la meta apenas permita atisbar el inicio del camino, el suceso resultó una explosión total de sentimientos entre los reunidos en la sala, y muy seguramente en todo un país en el cono sur del continente.

Juan López, joven representantes de la Agencia de Prensa Alternativa  de Colombia estuvo, como todos los miembros de los distintos equipos de prensa, de un lado a otro, pendiente de todo. Llevaba todo un año cubriendo los acontecimientos en La Habana relacionados con el proceso de paz. Sin embargo, esta vez, la cobertura, como es lógico,  fue especial para este joven colombiano.

«Es muy emotivo haber presenciado una firma que trae muchas esperanzas de transformaciones sociales a nuestro pueblo; sobre todo, de construcción de paz, de paz con justicia social, que es lo que el pueblo de Colombia está reclamando», aseguró con inconfundible brillo en los ojos.

«Los colombianos ahora tenemos que defender estos acuerdos», agregó no sin antes mencionar la importancia que tiene, a su juicio, que el documento recoja la orientación de brindar garantía y mejoras para el campo, en cuyas injusticias está la génesis del conflicto armado de más de medio siglo en su nación.

Fernando Arias, presidente de la Onic. Foto: Roberto Ruíz

Precisamente del ámbito rural estaba en el acto Fernando Arias, presidente de la Organización Nacional Indígena de Colombia (Onic).

A la pregunta de estas reporteras sobre su parecer acerca de la jornada, la calificó como «un día histórico para todos los colombianos y colombianas. Se le ha puesto ya fin a la guerra en Colombia que todos celebramos con gran esperanza, con gran emoción, y con la disposición de consolidar estos acuerdos».

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