Cuba y su proyección internacional en 2017

Amistad, cooperación, y defensa de la paz y la seguridad internacional, de la unidad y de la integración desde el respeto a la independencia y la soberanía como elementos de principio en un mundo complejo y difícil

Autor:

Juana Carrasco Martín

A nadie le cabe duda de que Cuba en el año 2016 fortaleció sus nexos con el mundo. Si los acuerdos e intercambios en materia de interés común entre La Habana y Washington, que constituyen pasos pequeños, pero hacia adelante en las relaciones entre ambos países, y el acuerdo con la Unión Europea que dio al traste con la llamada Posición Común no fueran suficiente demostración, podemos argumentar con otros hechos.

Las visitas oficiales a Cuba de jefes de Estado y de Gobierno y un número aún mayor de funcionarios de alto nivel como vicepresidentes, cancilleres y ministros de diversas esferas, y los no pocos acuerdos acompañantes, están en esa lista de resultados positivos.

También el país fue sede de importantes eventos internacionales, en los que descolló la 7ma. Cumbre de la Asociación de Estados del Caribe, y como muestra el prestigio y la credibilidad cubana podríamos destacar, entre otras, su reelección como miembro del Consejo de Derechos Humanos y la votación unánime a favor de la Resolución contra el bloqueo en la ONU con las históricas abstenciones de Estados Unidos e Israel.

Podría decirse entonces que las proyecciones de las relaciones cubanas con el resto de la comunidad internacional para el año 2017 seguirán por ese camino ancho; sin embargo, el escenario mundial es bien complicado y preocupante, pues está preñado de contradicciones y obstáculos para los Estados y pueblos que quieren mantener su independencia y soberanía.

Dos aspectos son, a mi entender, objetos de especial consideración.

El primero tiene que ver con lo que pueda suceder en el campo de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, reiniciadas a partir del 17 de diciembre de 2014, y que en el último año de gobierno de Barack Obama tuvieron más de un efecto significativo.

La pregunta es si ese camino emprendido no tendrá un cierre brusco con el nuevo Gobierno que se estrena a partir del 20 de enero, con el equipo del republicano Donald Trump, y un Congreso controlado también en sus dos cámaras por una mayoría de representantes y senadores del Grand Old Party, cuya tendencia conservadora es más manifiesta y ha constituido obstáculo para levantar el acoso financiero, comercial y económico a Cuba.

¿Seguirá la ruta política instaurada por Obama, quien reconoció que el férreo bloqueo   y las agresiones, hostilidad y  acoso directos no habían logrado el objetivo de vencer a la Revolución Cubana, o volverán a influir los sectores retrógrados y anticubanos de Miami, con los que se reunió Trump cuando hacía su campaña electoral en el estado de Florida, que ganó, pero no necesariamente por ese voto?

«Si Cuba no se muestra dispuesta a ofrecer un mejor acuerdo para los cubanos, para los cubanoamericanos y para el pueblo estadounidense en general, liquidaré el acuerdo», anunció el presidente electo en Twitter, luego de los irrespetuosos improperios con que se refirió a Fidel tras su fallecimiento, hiriendo los sentimientos más profundos de la inmensa mayoría del pueblo cubano hacia su líder.

De hacer efectiva su amenaza dañaría nexos comerciales ya beneficiosos para el mundo de los negocios de EE. UU., por ejemplo, los intereses de las compañías de aviación, que tras el restablecimiento de rutas regulares aéreas entre varias ciudades estadounidenses y diez aeropuertos cubanos ven posibilidades mayores de crecimiento y ganancias, sobre todo si se levantara la prohibición a los estadounidenses de viajar como turistas a la Isla; o dejaría varados a dos líneas de cruceros, y se romperían acuerdos en el campo de la salud, como el relacionado con el uso en EE. UU. del Heberprot-P, entre otras acciones emprendidas para mejorar las relaciones entre vecinos cercanos.

Hombre de negocios más que político, el nuevo Presidente —que en un momento dado tanteó la posibilidad de relacionar sus intereses económicos con la Isla durante el gobierno de James Carter, aunque lo negara durante la campaña—, sabrá pesar las consecuencias para sectores empresariales de su país que ven a Cuba como un mercado para sus productos, como lo fue antes del establecimiento de la injusta política del bloqueo que también les dañó. Tal es el caso de los productores agrícolas.

Kellyanne Conway, designada por Trump como su asesora en asuntos políticos, y Reince Priebus, quien será el secretario general de la Casa Blanca, matizaron algo las declaraciones del Presidente electo. «Él quiere asegurar que cuando sea presidente, se involucre en cualquier tipo de relaciones diplomáticas o acuerdos comerciales (…) que nosotros como Estados Unidos estemos protegidos y recibamos algo a cambio», dijo Conway, al parecer dejando una puerta abierta.

Claro, también habló de supuesta represión en Cuba y de liberación de los llamados «presos políticos», lo que no dejó de estar también en la retórica de Obama sobre «libertades» de las que a su entender carecemos en Cuba, en ese habitual instinto injerencista del imperio.

Cuba ha expresado su voluntad de seguir desarrollando el diálogo respetuoso, en condiciones de igualdad con Estados Unidos, porque este solo puede traer beneficios mutuos. La Constitución de la República lo establece claro: «las relaciones económicas, diplomáticas y políticas con cualquier otro Estado no podrán ser jamás negociadas bajo agresión, amenaza o coerción de una potencia extranjera».

Un segundo aspecto de    trascendental importancia en la proyección de las relaciones internacionales de Cuba se da en el panorama regional de la América Nuestra.

Cuba, como siempre, afianzará los lazos de hermandad con la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), en momentos en los que se recrudece el cerco económico contra Venezuela en la intención de derrocar al gobierno del presidente Nicolás Maduro, como también las campañas contra Bolivia, Ecuador, Nicaragua y El Salvador, como parte de la acometida reaccionaria de las derechas del continente, que pretenden seguir avanzando con acciones desestabilizadoras y golpistas tras haber tomado posiciones de gobierno en naciones que gozaron de mandatos populares.

La pretensión es romper la unidad y la integración que se ha logrado desde la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), la Unión Sudamericana, PetroCaribe, la Asociación de Estados del Caribe, Caricom y otros organismos que deben ser protegidos de esa embestida imperialista que pretende malograr los nexos fraternos y la necesaria unidad de los pueblos de la región en momentos de un impacto negativo de las economías por la influencia de la crisis internacional.

En este escenario, además de intensificar la lucha por la unidad y en defensa de la soberanía y la independencia de los Estados de nuestra región, tal y como señala la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, Cuba debe resistir el pensamiento neoliberal que intentan imponer también en nuestro país como base para restaurar el capitalismo. El Presidente Raúl Castro hizo la advertencia de que están «apoyadas por una perversa estrategia de subversión político-ideológica que atenta contra las esencias mismas de la Revolución y la cultura cubana, la historia y los valores que en ella se han forjado».

Nada cambiará en este 2017 respecto a los compromisos de cooperación, la solidaridad y el apoyo de Cuba a los pueblos hermanos del Tercer Mundo y a su derecho al desarrollo y a la independencia.

Cuba seguirá en 2017 alentando al Movimiento de los No Alineados y fomentando la defensa de las causas más justas en la Organización de las Naciones Unidas y en el Consejo de Derechos Humanos. Hablamos del desarme, de la paz y de la seguridad internacional, fuertemente comprometidas por un clima bélico que en los últimos tiempos intenta resucitar la Guerra Fría, que mantienen guerras bien calientes y sangrientas en casi una decena de países, fundamentalmente de la región mesoriental, y que echa leña al fuego del terrorismo mercenario.

La puerta abierta por la firma del Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación entre Cuba y la Unión Europea el pasado 12 de diciembre, que eliminó la Posición Común que siguió hace dos décadas los pasos de acoso e injerencia de Washington hacia la Isla, es un factor determinante para que se consoliden relaciones mutuamente ventajosas con los países del Viejo Continente.

Raúl lo definió con estas palabras: «En las complejas circunstancias de nuestra región y del mundo, la política exterior de la Revolución Cubana se mantendrá fiel a los principios originales que hemos defendido en las coyunturas más difíciles y ante las más graves amenazas y desafíos».

Unidad y concertación serán, como siempre, palabras de or-den. La ya mencionada Proclama para la paz de nuestra región establece principios que también rigen y regirán en las relaciones internacionales de Cuba en este 2017, y los defenderá en todas las tribunas y en todos los acuerdos: la no intervención en los asuntos internos, el respeto a la soberanía nacional, la igualdad de derechos y la libre determinación de los pueblos; el fomento de la amistad y de la cooperación entre las naciones; la práctica de la tolerancia y la convivencia pacífica, y el respeto pleno al derecho inalienable de todo Estado de elegir su sistema político, económico, social y cultural.

Cuba en 2017 apuesta una vez más por la convivencia civilizada.

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