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Con un mar de esperanza en los ojos

Entrevista exclusiva con Carlos Fonseca Terán, hijo del Comandante de la Revolución Sandinista, Carlos Fonseca Amador

Autor:

Bárbara Vasallo

«Mis vínculos con Cuba son tan fuertes, que puedo asegurar que Cuba para mí es tan importante como Nicaragua. Yo tengo dos patrias. Aquí pasé toda mi infancia… de la muerte de mi padre me enteré por un periódico…».

Dicen quienes lo conocieron que Carlos Fonseca Amador tenía los ojos de un azul intenso. Hay algunos que afirman que tenía «un mar en los ojos…»

Los cubanos que nacieron por los años 60 y 70 del siglo XX tal vez lo conozcan porque recuerden la canción que popularizó Carlos Mejía Godoy, donde lo llamaba el «novio de la Patria rojinegra» y el de los «ojos azules generosos apuntando firmes hacia el futuro».

Carlos Fonseca Terán es sincero y afable, de hablar quedo y mirada penetrante. En una tarde de diciembre, del año 2016, y en una terraza de La Habana, decidió contar parte de su vida, unida indisolublemente a Cuba...

El hijo mayor de Carlos Fonseca Amador, Comandante de la Revolución Sandinista en Nicaragua, revela detalles poco conocidos y cuenta su historia tal y como si volviera a vivirla, en aquellos años de la década de los 70 del siglo XX, los más felices de su existencia…

Junto a su madre María Haydée Terán y su hermana Tania, llegó a la Isla a raíz de que su padre, después de ser capturado en Costa Rica, fuera liberado por un operativo militar del Frente Sandinista de Liberación Nacional y trasladado a Cuba.

«Nosotros estábamos en ese momento en Nicaragua, al saber mi mamá que papá se encontraba en Cuba, ella decidió viajar. No era tan fácil porque a los nicaragüenses les fue prohibido viajar. El pasaporte decía, en esa época, que el documento no era válido para que el portador llegara a Cuba ni a los países situados detrás del “telón de acero” (así llamaban a las naciones del entonces campo socialista).

«Algo curioso sucedió: como es conocido, México posee gran tradición de una política exterior muy independiente, por eso fue el único país que mantuvo relaciones con Cuba durante mucho tiempo, en toda América Latina, además de que era como el paraíso de los exiliados políticos.

«Nosotros para poder llegar a Cuba teníamos que hacer tránsito, o mejor dicho viajar a México, desde allí nos trasladábamos hacia Cuba. Hicimos trámites; pero México no nos aceptó, dijo que éramos de la familia de un “terrorista”. Imagínense a un niño de cuatro años que era yo, a una niña de dos, que era mi hermana, y a mi madre…

«Cuando triunfó Salvador Allende, en Chile, mi mamá previó que establecería relaciones con Cuba, y nos fuimos a Chile. Esperamos que Allende tomara posesión y así fue que llegamos a Cuba, en el año 1971.

«Mi padre en ese momento se encontraba en Corea del Norte, un país que siempre, igual que Cuba, apoyó la lucha de liberación nacional y al Frente Sandinista.

«A los tres meses aproximadamente él regresó y se quedó con nosotros. Fueron los únicos cuatro años que pudo tener una vida normal con su familia…».

Carlos mira hacia el horizonte, quiere atrapar en el recuerdo el más mínimo detalle de aquellos años junto a su padre:

«Recuerdo muchas cosas de él, era muy apegado, por eso considero que le sería mucho más difícil llevar el tipo de vida como combatiente revolucionario. Era un hombre hogareño, llevo conmigo sus muestras de cariño. Nos sacaba a pasear, hablaba de la realidad de Nicaragua, de la vida del pueblo nicaragüense, de la explotación a la que era sometido. Explicaba en un lenguaje que entendíamos lo que significaba el somocismo, el saqueo por parte de los “gringos”, hablaba con fervor de Augusto César Sandino…».

Este hombre, que cumplirá sus 50 años en el noviembre venidero, evoca pormenores con el afán de retenerlos. Y se ubica en el tiempo exacto para entender por qué la guerrilla del Frente Sandinista para la Liberación Nacional (FSLN) de Nicaragua, a pesar de no ser prometedora, en una situación extremadamente difícil, de la cual nadie podía pensar que triunfaría en un plazo racionalmente corto fue, sin embargo, la única que alcanzó la victoria, exactamente 20 años después que la Revolución Cubana.

«Para entender toda esta cuestión hay que tener en cuenta que el FSLN se fundó en el año 1961 y triunfó en 1979. Fue una guerrilla que tuvo que batallar 18 años, y él fue siempre su principal dirigente hasta que cayó en combate en noviembre de 1976».

Datos curiosos envuelven a las dos naciones. En el año 1961 desde un puerto de Nicaragua partieron los mercenarios de la Brigada 2506 a invadir a Cuba por Bahía de Cochinos, en lo que se conoció luego en la historia como la Victoria de Playa Girón, primera derrota del imperialismo en América Latina. Ese mismo año, Carlos Fonseca Amador fundó el FSLN.

«El Frente surgió inspirado en la Revolución Cubana, indudablemente, como todas las guerrillas de América Latina. Pero el FSLN tuvo una particularidad: fue el primero que se organizó después del triunfo de la Revolución, se creó como Frente de Liberación Nacional, porque aunque mi padre propuso que se denominara Sandinista, la labor ideológica de la derecha, del imperialismo en contra de la figura de Sandino y su significado histórico era tan efectiva que a nadie más se le pudo ocurrir, y los demás compañeros muy valiosos, de incuestionable trayectoria y solidez revolucionaria, no estuvieron de acuerdo.

«Como dos años después volvió a proponerlo y aceptaron, los fundamentos que expuso estaban recogidos en la I y II Declaración de La Habana, donde aparecía la figura de Sandino, junto a Zapata, Bolívar y Martí como símbolos de la lucha revolucionaria. Él sostuvo que la línea estratégica de la Revolución Cubana era la guía, y que la I y II Declaración de La Habana deberían ser los documentos rectores…

«Es más, mucha gente considera que la bandera es tomada de Sandino; pero la bandera roja y negra de Sandino era de franjas verticales, la nuestra se inspiró en la del 26 de Julio, esa es la realidad histórica.

«Carlos Fonseca escribió literalmente: Somos la generación Fidelista, somos la generación de la Revolución Cubana… y él estuvo aquí antes, en el propio año 1959 cuando fue herido en una masacre que hizo la dictadura, vino a parar aquí y después llegó su amigo Tomás Borge.

«Los dos participaron en la «limpia» del Escambray, episodio poco conocido, fueron como combatientes de fila, lo cual les sirvió de entrenamiento. Ellos no tenían experiencia, para Tomás ese fue su bautizo de fuego».

Va al pasado y vuelve… rememora que fue un pionero cubano, que tuvo la infancia más feliz posible que un niño en el mundo puede tener, la infancia de un niño que vive en Cuba, dicha que fue producto de ese cúmulo de experiencias… Hasta que llegó la noticia de la muerte de su padre.

«Después que mi papá se fue, nos trasladamos a vivir a La Habana del Este, al quinto piso de un edificio. Allí nadie sabía que nosotros éramos la familia de Carlos Fonseca Amador; antes lo supieron muy pocas personas.

«Recién llegados allí un día bajaba a jugar con mis amiguitos nuevos, y recuerdo perfectamente cuando llegaron Doris Tijerino y José Benito Escobar, dos leyendas del FSLN. Él era representante del Frente en Cuba; ellos eran pareja, me los encontré en la escalera, los saludé alegre porque tenía tiempo de no verlos, y los vi como tristes; pero en ese momento yo no podía identificar que no estaban para reírse, los vi raros.

«Después todo lo relacioné y supe que venían a dar la noticia a mi mamá, a confirmar lo que ya se escuchaba… yo no sé si ella ya lo sabía, en el periódico Granma salió como cuatro días después… mi madre no nos dijo nada. Estaba pensando cómo decirlo, estaba bajo el impacto de la noticia. Veíamos que ella lloraba mucho y cuando preguntamos dijo que era por una mala noticia que había recibido de Nicaragua, de una gente que ella quería mucho…

«Lo descubrí en el periódico mural del edificio, allí estaba la nota, entonces fuimos mi hermana y yo y le preguntamos…».

La ofensiva final del Frente Sandinista los sorprendió en Panamá de vuelta a Nicaragua, la familia del Comandante Carlos Fonseca Amador llegó un día después de la victoria, y comenzó para ellos la otra historia…

Hoy Carlos se desempeña como vicesecretario del Relaciones Exteriores del FSLN. Antes estuvo en el departamento de León, sitio del que es originario y bastión principal del Sandinismo en Nicaragua, como secretario político del Frente, allí enfrentó la oposición y vivió para narrar su historia…

Caía la noche cuando concluyó la conversación. Carlos Fonseca Terán, el hombre que confiesa amar a sus dos patrias; no tiene los ojos azules como su padre, pero igualmente su mirada es un mar de esperanzas…

Con absoluta franqueza y respeto se emociona para hablar de Fidel Castro:

«Es el hombre más importante del siglo XX, el líder de todos los líderes revolucionarios, el Comandante de todos los comandantes. El maestro del Che Guevara y de Carlos Fonseca, de todos lo que nos pueden venir a la mente… es el Ícono de los íconos revolucionarios.

«Fidel es el líder moral y lo seguirá siendo. Si no pudieron con él cuando estaba expuesto a la vulnerabilidad de todo ser vivo, menos podrán ahora. Porque con lo que tenemos, con lo que nos quedamos, es con lo más importante, con su ejemplo, con todo lo que hizo y nos enseñó… entonces es más difícil que lo puedan derrotar, ahora es todavía más fuerte que antes…

«Tenemos que pensar en lo dichosos que fuimos al tenerlo tanto tiempo... ¿Quién sabe cómo nos hubiera ido sin él?».

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