El amor y el dolor palestino documentado en las arenas de las playas de Gaza - Internacionales

El amor y el dolor palestino documentado en las arenas de las playas de Gaza

Un pueblo acosado, sufrido, sometido a genocidio, sobreviviendo casi sin luz ni agua, no pierde ánimo y esperanza porque lucha y encuentra solaz a las penurias cuando colma las playas de su pequeño territorio…

Autor:

Juana Carrasco Martín

Las arenas de la playa de la ciudad de Gaza las vi ensangrentadas en julio de 2014, cuando el mundo se estremeció ante las imágenes de un grupo de niños que inocentemente jugaban futbol cuando fueron masacrados por la metralla israelí.

En junio de 2015, la llamada «justicia militar» decidió archivar, sin formular acusación alguna, la hipócrita investigación penal. Dijeron que los niños —en edades entre los nueve y los 11 años— fueron blanco de los misiles disparados por la aviación en el atardecer de aquel jueves 16, «al confundirlos» con hombres armados y que esa área era «exclusivamente utilizada por milicianos».

Aquel crimen ocurrió realmente era un área próxima a los hoteles donde se hospedaban periodistas extranjeros. La masacre fue reportad extensamente y ocurria, además, en medio de una «guerra» donde se disparaba de un solo lado y el otro ponía los muertos, en calles, hospitales, escuelas… La agresión a Gaza de 2014 se cobró la vida de unos 2 200 palestinos y según Naciones Unidas 1 500 eran civiles y buena parte de ellos eran niños. Del lado israelí murieron 73, de lo que 67 eran militares.

Pero como dijo la fiscalía israelí, sobre el asesinato de los niños que jugaban en las playas de Gaza: «Después de revisar la investigación, el fiscal general militar considera que el ataque fue un trágico error, pero se llevó a cabo de acuerdo con las leyes israelíes e internacionales».

Ahora, esas arenas de Gaza las redescubro en otras fotos que traen el trabajo efímero de un joven artista palestino, en los que documenta la historia Palestina.

Osama Sbeata hace esculturas de arena desde hace cuatro años. Con ello se gana la vida y alimenta a su familia, aunque lo esencial es que en ese retrato histórico de los acontecimientos denuncia la situación de su pueblo.

Queda constancia en sus cuentas en Twitter, Facebook, Pinterest y otras redes sociales, que reproducen la acusación. También algunas publicaciones, como MiddleEastEye.net, han divulgado sus obras de arte.

Osama Sbeta, quien es de Shajaiya, un área devastada durante la operación israelí de 2014, le comentaba el pasado mayo a MiddleEastEye: «Elegí la playa porque se considera el único respiradero para la Franja de Gaza, además del hecho de que mucha gente va a ella».

De la creación, la paciencia, la perseverancia y la pala de metal con que excava Osama Sbeata en la arena brota la libertad a la que tienen derecho.

No son dibujos aleatorios —decía el periodista sobre las obras de este graduado en contabilidad en la Universidad de Al-Azhar—, se trata de la realidad palestina,del asedio, el desempleo,los sufrimientos de un pueblo. De la piedra molida en cientos de millones de años por el mar y el viento, de esa arena han salido la escultura del bebé que simboliza el derecho de los niños a vivir; la de los presos que sufren tras las rejas de las cárceles sionistas; el mensaje de amor a Palestina; el saludo al año nuevo, siempre de esperanza para los casi dos millones de gazeties que viven en la Franja y entre ellos el desempleo alcanza al 58 por ciento; la paloma de la paz tan ansiada… Todas advierten sobre la justeza de la causa palestina.

El pueblo de Gaza y muchos fotógrafos acudieron en marzo de este año a su exhibición en arena sobre la Nakba de 1948, la Catástrofe en que fueron expulsados de sus tierras y sus casas para que fuera fundado el Estado de Israel.

Igual que el proceso de desintegración reduce a simple arena a la creación de Sbeata, el tiempo y la historia pudieran desintegrar la injusticia que se comete contra un pueblo digno que exige el respeto a sus derechos humanos y sobre todo a ser, trabajar y disfrutar de la nación y el Estado que merece.

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