Dame la juventud y moveré el mundo

Siete días unidos bajo el mismo cielo y las mismas banderas de lucha, hacen sentir el Festival como un encuentro vigoroso, capaz de unir por encima de razas, creencias religiosas y filosóficas, costumbres e idiomas

Autor:

Yuniel Labacena Romero

SOCHI, RUSIA.— El 19no. Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes fue una fiesta de la alegría y de las ideas; la fiesta en que hemos confirmado que el destino de la humanidad y de la Revolución Cubana son causa común, única, sagrada.

Siete días unidos bajo el mismo cielo y las mismas banderas de lucha, hacen sentir el encuentro vigoroso, capaz de unir por encima de razas, creencias religiosas y filosóficas, costumbres e idiomas. Lo proclaman a los cuatro puntos cardinales del planeta esta mezcla de lemas, cantos, emociones, sueños y esperanzas, esta suma de  voluntades.

Lo más noble, progresista y revolucionario de la juventud y el estudiantado mundial se dio cita en esta ciudad balneario, y no precisamente para complacerse con sus bellezas naturales o las creadas por su gente, sino y sobre todo, para reconquistar el espacio político que por ley de la vida corresponde a las nuevas generaciones, para debatir sobre sus problemas más acuciantes, y de las experiencias para encontrar nuevos caminos, ratificar la certeza del enemigo común y fortalecer todo lo que une.

También, para orgullo nuestro, fue vibrante el mensaje universal de respaldo a la Mayor de las Antillas que resiste, y la condena a quienes pretenden aislarla, saquearla, y arrodillar a su pueblo con bloqueos, amenazas, subversión, agresiones, leyes criminales, terrorismo, guerras mediáticas... Expresar su admiración, simpatía y amor por la Revolución y confianza en la obra eterna que nuestro Comandante Fidel nos dejó, y ahora nosotros multiplicamos, fue una constante en estos días en Sochi.

Cuba fue en esta ciudad ese sol del mundo moral del que nos habla Cintio Vitier. En cada espacio, nuestros delegados e invitados lograron juntar a su alrededor a los amigos de otras naciones, bien para dar un paso de baile, cantar, dialogar, intercambiar símbolos de su tierra, bien para sorprenderlos con un saludo cariñoso; o lo más importante, apoyar nuestros mensajes de lucha, pues nuestra Isla vino a la Patria de Lenin a contar su verdad, a compartir las experiencias personales y a hacer amigos para seguir peleando por la humanidad.

Este fue igualmente el festival del Che y de Fidel, cuyas imágenes e ideales se hicieron visibles y presidieron cada jornada, en todas las lenguas y en nombre de todas las latitudes.

También fueron muy recordados en el evento Mohamed Abdelaziz, quien dedicó su vida a la lucha contra el colonialismo y por la independencia del Sahara Occidental, y Robert Mugabe, presidente de Zimbabwe.

Este fue un Festival donde se recordó —a cien años del triunfo de la Gran Revolución Socialista de Octubre— que «sin socialismo, justicia, amistad entre los pueblos y posibilidades iguales para todos es imposible resolver los problemas que enfrenta la humanidad», que «sin socialismo nuestro planeta está condenado».

Hubo tiempo igual para evocar que hace 70 años en Praga, la capital de la entonces República Socialista de Checoslovaquia, el planeta asistía a un alumbramiento hermoso y eterno: el movimiento de los festivales mundiales, como plataforma solidaria contra el imperialismo en todas sus formas.

Tantas décadas después alienta que aquella llama se mantiene viva, sobre todo cuando se escucha la diversidad de formas en que los jóvenes enfrentan las realidades sociales en sus países, con independencia de los matices. Se trata de abordar problemas comunes no importa el lugar donde ocurran.

La cita que ayer dijo adiós demostró que ante un enemigo tan sutil y poderoso, que pretende moldear el mundo a su imagen y semejanza, la única alternativa es la de no ceder ante el viejo apotegma romano: divide y vencerás, pues la confluencia de jóvenes de tantos credos desarticula prejuicios y estereotipos.

Si alguien preguntara cuál es el saldo mayor de este 19no. Festival Mundial, podría afirmarse que esta sensación espiritual se resume, parafraseando a Arquímides, en una idea: dame la juventud y moveré el mundo.

La solidaridad entre jóvenes de latitudes diversas es uno de los saldos del Festival. Foto: Roberto Suárez

El Che, inspirador de las causas justas, estuvo presente en Sochi. Foto: Roberto Suárez

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