Trump, MAGA y la OTAN

Una nueva encuesta de la agencia de noticias DPA ha mostrado la creciente resistencia de los votantes alemanes al actual nivel de gastos militares en su país

Autor:

Juana Carrasco Martín

Una nueva encuesta de la agencia de noticias DPA ha mostrado la creciente resistencia de los votantes alemanes al actual nivel de gastos militares en su país y también rechazan el número de tropas estadounidenses emplazadas en Alemania.

Se conoce que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en un intento de presionar al Gobierno germano para elevar su participación financiera en los asuntos militares y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), ha amenazado con retirar buena parte de sus fuerzas, y esta «amenaza» ha sido bien recibida por una mayoría de los ciudadanos.

Solo un tercio de los alemanes quieren que los 35 000 efectivos norteamericanos permanezcan en su tierra, y lo más curioso, en la posición contraria se alinean tanto los alemanes de izquierda como los de derecha. A favor de la permanencia se ubican los seguidores del gobernante partido Demócrata Cristiano.

Según el portal web antiwar.com, a los alemanes no solo les enferman las tropas extranjeras, sino que también están en desacuerdo con la propuesta de la jefa de Gobierno, la canciller Angela Merkel, de gastar el dos por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) en los militares, pues solamente el 15 por ciento de la población está a favor de esa idea.

Todavía hay más en las filas del desacuerdo: el 36 por ciento de los alemanes dice que el actual presupuesto militar, que asciende a 44 300 millones (1,2 por ciento) es muy alto, y ese es el menor porcentaje para las naciones miembros de la OTAN. Sin embargo, dado el PIB de la poderosa economía germana, es suficiente para situarla entre los diez países de mayor gasto armamentista del planeta, aun cuando todas sus fronteras dan a países amigos, acotaba antiwar.

El sitio en Internet recordaba que desde la Segunda Guerra Mundial, Alemania se propuso y se comprometió a desarrollar una cultural adversa a los grandes gastos militares y a participar en campañas bélicas externas. «Este ha sido un muy buen movimiento, convirtiéndolos en la potencia económica de Europa», agregaba antiwar.

Pero la política MAGA de Trump, es decir Make America Great Again (Hacer grande a Estados Unidos otra vez), que consiste en asegurarse una defensa invencible, implica no solo el aumento extraordinario del presupuesto de sus propias fuerzas armadas, sino también el de sus aliados, y ello incluye el aporte a la OTAN.

Trump ha dejado claro en la cumbre de este julio en Bruselas, cuando les pide a los 28 miembros la erogación del cuatro por ciento de los PIB respectivos, que prácticamente se siente en la posición de emperador del mundo. Aunque algunos analistas consideran que expuso su condición de magnate empresarial y está subiendo la parada para que el resto se apegue al dos por ciento, considerándolo una bagatela razonable, y no lo es, por lo que no todos morderán el anzuelo.

Además de acusar a Alemania de ser una «cautiva» de Rusia, Trump agregó alguna que otra mentirita más, como que Washington está pagando el 90 por ciento de la OTAN, cuando —dijo Gore D’Angelo de FactCheck.org— «en realidad, la participación de Estados Unidos en el presupuesto común de fondos de la OTAN es actualmente poco más del 22 por ciento, según las más recientes cifras de la OTAN».

Por otra parte, las críticas al magnate-presidente llegan desde su patio. El senador por Vermont Bernie Sanders le señaló que en lugar de decirle a Europa que compre más armas «como hacemos nosotros, por qué no se une a ellos y garantiza los cuidados de salud para todos». 

«Nosotros gastamos 700 000 millones de dólares en defensa, más que las siguientes diez naciones combinadas, y terminamos con 30 millones de no asegurados y una infraestructura desmoronada», le dijo Sanders a través del medio preferido de Trump, Twitter, por aquello de donde las dan, las toman.

Ojalá el señor de la Casa Blanca escuchara a otros y no a sí mismo, pavoneándose de su propia doctrina que llama a la guerra.

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