Lo que Bolsonaro no puede tergiversar, ni esconder

¿Quiénes quieren «Menos Médicos» en Brasil?

Autor:

Marina Menéndez Quintero

Suena muy falso el tono de presunto pesar con que el presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro, reaccionó ante la Declaración del Ministerio cubano de Salud que dio cuenta del retiro de nuestros galenos del programa Más Médicos, en ese país.

«Infelizmente, Cuba no aceptó las nuevas condiciones para la continuidad del programa», dijo el futuro mandatario al referirse a lo que las autoridades sanitarias de la Isla han considerado como requisitos «inadmisibles» que motivan la decisión: que nuestros profesionales revaliden sus bien ganados títulos, y que la contratación sea «individual».

Tales demandas no solo violentan lo acordado para el establecimiento del convenio mediante la Organización Panamericana de la Salud, entre otras instancias, durante los tiempos de Dilma Rousseff. Además, constituyen un irrespeto a la profesionalidad y la demostrada capacidad de esos médicos, y a nuestro Estado.

En verdad, si primaran en los generosos y eficaces profesionales de la Salud de la Isla los sentimientos individualistas que preconiza un hombre como Bolsonaro —ya sabemos que privatizará el país, desaparecerá ministerios tan importantes como el del Trabajo, y un largo etcétera ultraconservador y egoísta que incluye el desprecio a los pobres, las mujeres y los negros— la salud pública cubana no habría escrito el libro de entrega internacionalista que atesora.

Claro que tales presupuestos podrían sonar a frases hechas o huecas para él y quien quiera que no mire a fondo, o no recuerde bien, la ayuda desinteresada de los galenos de la Isla, sin recibir estos ni el Estado cubano nada a cambio, desde los tiempos de Argelia en los años de 1960, pasando por naciones tan pobres como Haití, y por la labor arriesgada del contingente Henry Reeve y sus misiones.

En todo caso, el falaz Bolsonaro pudo haber hecho la afirmación para cubrirse de culpas frente a los millones de brasileños que dejarán de recibir los servicios de nuestros doctores.

Cualquiera con mentalidad propia sabe que no median motivos financieros ni ideológicos en el paso dado por Cuba a pesar de las reales diferencias que separan, desde el punto de vista de la ideología, a nuestro Gobierno y al que tomará el poder en enero en Brasil.

Cuba es una defensora de la posibilidad y, más que eso, la necesidad de las naciones —las latinoamericanas, que son vecinas, sobre todo— de convivir en la diferencia.

No se terminó la cooperación cubana en aquel país cuando asumió el hoy mandatario Michel Temer luego del golpe parlamentario a Dilma Rousseff —que Cuba denunció como tantos otros países—; ni siquiera ante los amagos de Temer por horadar esa colaboración, como lo divulgaron medios brasileños en noviembre de 2016 al dar cuenta de «cambios estructurales en la iniciativa» que hicieron decir a galenos brasileños participantes en Más Médicos que «el futuro del programa es incierto», según reflejó el periódico Brasil de Fato.

En cualquier circunstancia, lo visible es que el único rencor ideológico es el que blande Jair Bolsonaro.

En una actitud demasiado parecida a la de los enmohecidos anticubanos de Miami que defienden y empujan el bloqueo, y sin nada que envidiar a los estadounidenses del estilo de Donald Trump, el futuro Presidente brasileño cuestionó el aporte que significa al Estado de Cuba la labor de sus médicos allí y, según los reportes, tachó al Gobierno cubano de «dictadura»… como han hecho tantos presidentes estadounidenses para atacar el sistema político, económico y social que respalda, mayoritariamente, este pueblo.

En verdad, si no hubiera bloqueo es muy posible que el desarrollo económico alcanzado por Cuba no la obligara a contar con la contribución obtenida por los recursos humanos que formó, para garantizar a otros 11 millones de cubanos la salud, la educación, y otras condiciones de vida que —ahora sí en su sentido recto— lamentablemente, millones de brasileños no tienen. Y en el futuro cercano será peor, a tenor con el programa de gobierno de Bolsonaro.

Quizá puedan ofrecer argumento a sus posiciones los revelados vínculos del confeso admirador de la dictadura militar brasileña —exmilitar él mismo— con personajes de la ultraderecha y anticubana claque de Florida como el senador Marco Rubio, de quien se dijo también que «financia y apoya las aspiraciones del político carioca», en alusión al Partido Social Liberal para el que se mudó recientemente Bolsonaro.

Es la postura propia de un mandatario cuyo anunciado titular de Economía es un hombre que critica el cariz ideológico que —¡dice él!—, tiene el Mercado Común del Sur (Mercosur): un esquema fundado en el lejano año 1991 por su país junto con Argentina, Paraguay y Uruguay, cuando nadie excepto Cuba hablaba de integración desde los Gobiernos de América Latina.

Estamos ante una situación que Cuba, solidaria y altruista antes que todo, verdaderamente lamenta por tantos brasileños que tal vez prescindirán de atención médica desde hoy. Esos quienes, en los lugares más recónditos del gigante sudamericano, despiden con cariño a nuestros médicos.

Muchas verdades se manipularon en Brasil durante la reciente campaña electoral que dio el triunfo a Bolsonaro. Pero he aquí una verdad que los hacedores de la actual política en ese país no podrán tergiversar, ni esconder.

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