Che: creatividad y audacia

Autor:

Juventud Rebelde
El siglo XX concluyó de manera singular y paradójica, cuando ninguna de las alternativas antagónicas en que se debatió —el socialismo y el capitalismo—, fue capaz de resolver los graves problemas de la humanidad. A los que se habían acumulado se añadieron otros nuevos, que han modificado la sociedad en su totalidad, y muy especialmente las relaciones de explotación y dominación, los modos de vida social, las luchas emancipadoras y las fuerzas sociales capaces de impulsarlas. A los impactos políticos y sociales nacionales y globales se añaden los profundos cambios científico-tecnológicos, productivos, ambientales y sociales que han subvertido material y espiritualmente las bases culturales de la civilización. Nos debatimos todavía entre la globalización de la dominación y la globalización de la solidaridad. Como parte de esta última, el socialismo del siglo XXI es un esfuerzo fundamental para superar las formas políticas, económicas, sociales e ideológicas agotadas que nos legaran el capitalismo y el socialismo del siglo XX.

El momento actual reclama creatividad y audacia políticas, por lo que es prácticamente inevitable volver la mirada hacia personalidades como el Che, quien fue creativo, audaz, no tuvo miedo a pensar y actuó decididamente a favor del cambio social revolucionario. Su intensa actividad y su legado se entrelazan con las circunstancias que nos toca vivir; acompaña y comparte nuestras interpretaciones, búsquedas, necesidades de reflexión y actuación.

Los aportes teóricos y prácticos del Che son numerosos y sustantivos. Sería imposible enumerarlos si nos remitimos a las ideas y problemáticas concretas que tienen todavía vigencia. Ese acervo incluye análisis y reflexiones, aportaciones teóricas generalizadoras a la teoría de la revolución social, a la transformación económica y política de la sociedad cubana, a la comprensión de la revolución latinoamericana y las problemáticas revolucionarias tercermundistas. Su invaluable aporte hace mucho se viene estudiando en Cuba y en el resto del mundo. Sin embargo, quisiera referirme a una consideración más global de la contribución del Che a pensar nuestras realidades nacionales como parte del socialismo del siglo XXI. Además de sus múltiples ideas, Che nos aporta una proyección general, un modo peculiar de afrontar los problemas y asumir la construcción socialista. Hay en esa proyección propia un legado imprescindible para emprender el camino al socialismo del siglo XXI.

Para atender los enormes retos de la humanidad contemporánea el socialismo ha de ser multicolor, diverso, ajustado a los problemas nacionales y mundiales. Che aporta a ese torrente de ideas un pensamiento comprometido política e ideológicamente con el marxismo revolucionario; su capacidad reflexiva y audacia para asumir los riesgos al emprender caminos nuevos, no detenerse ante compromisos dogmáticos con el pasado, y mantenerse abierto al diálogo con las nuevas circunstancias históricas, con lo inesperado y con lo improbable. Habría que considerar como parte de su imprescindible legado tres cuestiones básicas indisolublemente entrelazadas: el marxismo, el socialismo y el compromiso personal.

Cuando en 1960 Che definió su postura con respecto al marxismo delimitó un programa vital que había seguido hasta entonces y que mantuvo a lo largo de toda su obra:

«Nuestra posición cuando se nos pregunta si somos marxistas o no, es la que tendría un físico al que se le preguntara si es “newtoniano”, o un biólogo si es “pasteuriano”».

«Hay verdades tan evidentes, tan incorporadas al conocimiento de los pueblos que ya es inútil discutirlas. Se debe ser “marxista” con la misma naturalidad con que se es “newtoniano” en física, o “pasteuriano” en biología, considerando que si nuevos hechos determinan nuevos conceptos, no se quitará nunca su parte de verdad a aquellos otros que hayan pasado».

Esta mirada crítica y antidogmática ha de ser incorporada a nuestro quehacer teórico y político para aceptar el reto del presente y el futuro, despojarnos de los dogmas heredados, y recuperar la esencia revolucionaria del ideal socialista. Para Marx y para el Che, el socialismo no es una sociedad ideal, sino un movimiento práctico que busca «la superación del estado de cosas actual». Su legado no es neutral, ni podría serlo. Está preñado del compromiso político, teórico y práctico con una interpretación del marxismo que hunde sus raíces en lo más fecundo del pensamiento de Marx sin pretender que en él se encuentren respuestas preelaboradas a los problemas actuales.

Che comprendió que la transformación socialista no es el resultado de un determinismo histórico absoluto que obliga; puede ocurrir porque la oportunidad histórica del cambio incluye la actividad de las personas, de los ciudadanos revolucionarios. Nada ocurre en la sociedad sin involucrar las voluntades, el pensamiento y los quehaceres humanos, individuales y de las grandes masas. El compromiso y el riesgo personal son parte de la transformación posible y necesaria, por eso al buscar soluciones a los problemas que tuvo ante sí no dudó en arriesgarse a pensar y aguzar el filo crítico.

Che nos lega entonces el compromiso socialista honesto, audaz y responsable, y esa capacidad de pensar por cabeza propia que tanto necesitamos en Cuba y en el mundo para hacer posible un futuro mejor.

*Filósofo cubano, autor del Diccionario Temático Ernesto Che Guevara.

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