La sabia savia de la economía - Opinión

La sabia savia de la economía

Autor:

José Alejandro Rodríguez
Aunque me sublevan las almibaradas celebraciones de fechas y homenajes, diseñadas para la exaltación y la apología en detrimento del leal juicio, no puedo soslayar que mañana, en su Día, los economistas y contadores cubanos merecen una salutación, por encima de lo que pueda achacárseles en la imperfecta empresa del socialismo cubano.

No es fortuito que se haya instituido para tal festividad el 26 de noviembre, día otoñal en que, 48 años atrás y en medio de la reverberación triunfal del 59, Ernesto Che Guevara fuera designado presidente del Banco Nacional de Cuba, y transitara de los arrestos insurgentes a la compleja administración de los asuntos y los recursos.

Así, el influjo del Che siempre ha acompañado a los profesionales de la economía cubana, como un azimut o brújula que no puede dislocarse con huecas remembranzas de empolvada historia, si no trayendo al gran justiciero a las contradicciones y desafíos del presente, que no son pocos.

Siempre habrá que reconocer la fidelidad y devoción revolucionarias de los economistas y contadores cubanos, a lo Che. Leales a la lealtad —no al servilismo—, esos profesionales han sostenido la base material del país en estos años, siempre readaptando su visor a los vaivenes y bandazos de las políticas económicas, y a los reacomodos que la vida nos ha impuesto. Y todo ello lo han hecho sin grandes estímulos al bolsillo, incluso hasta el desestímulo.

Si la economía socialista cubana, a más de sus méritos históricos de justicia social, no ha logrado aún la eficacia y los controles internos requeridos, no podrá endilgársele el peso de la culpa solo a los economistas y contadores, que siempre se han subordinado a las contingencias y los intereses del tenso proyecto revolucionario, entre la adversidad imperial norteña y los errores y torpezas internos en el escarceo por levantar esa gran hacienda que es el país.

A fuer de sinceros, no hay que sonrojarse para reconocer que no siempre los diagnósticos, investigaciones y aportes de nuestros profesionales de la economía y la contabilidad se han tomado en cuenta en las políticas y en la toma de decisiones. Pero ellos han continuado bregando consecuentemente en la praxis económica, en pos de la eficiencia y excelencia.

Si me preguntaran cuál sería hoy el mayor homenaje a estos gestores y controladores de la empresa suprema de la Patria, diría que consolidar la racionalidad de nuestra economía y erradicar de ella las intrusiones del voluntarismo y la improvisación. Tener en cuenta los aportes y fundamentos del pensamiento económico cubano.

En las actuales circunstancias cobra especial dimensión el sustento teórico y conceptual, la cientificidad que ese pensamiento pueda imprimirle al diseño estratégico de este socialismo, signado por el debate con todos y para el bien de todos.

Ese sustento conceptual será la «sabia savia» que permita instrumentar los cambios estructurales y funcionales para insuflar a nuestra economía la eficacia impostergable, y desechar lo que la vida ha probado como inoperante.

Hay demasiados listones por quebrar y deformaciones por enderezar. Hay muchos viejos y mohosos mecanismos por liberar, para que la pirámide invertida vuelva a su lugar, y la ley de distribución socialista haga justicia, con Marx redivivo, al bolsillo y la dignidad de quienes más aporten y trabajen.

En esa recuperación del tiempo perdido y ciertas virtudes extraviadas, los 365 días del año serán la jornada de ellos, los heraldos de esa economía sana y justa que nos exige el socialismo del siglo XXI.

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