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Una decisión consecuente

Autor:

Juventud Rebelde

La decisión tomada por Fidel de no aceptar la nominación para el cargo de Presidente del Consejo de Estado y de Comandante en Jefe durante la próxima constitución de la Asamblea Nacional, ha dado la razón a quienes vaticinaban tal posibilidad y seguramente ha sorprendido a quienes esperábamos, con una esperanza absoluta, verle plenamente recuperado y, por lo tanto, tenerlo nuevamente, vital y enérgico como hace año y medio, reincorporado a las tareas cotidianas de gobierno. Por lo tanto, la noticia es tema para las opiniones más disímiles sobre este asunto de importancia nacional e internacional.

Por eso mismo tal vez sean interesantes y esclarecedoras, además de los argumentos y razones expresados por Fidel en su mensaje a sus queridos compatriotas de fecha 19 de febrero, traer a la actualidad algunas ideas vertidas por Fidel hace 23 años.

En entrevista concedida al académico Jeffrey Elliot y al congresista Mervin Dymally, ambos norteamericanos, efectuada los días 27, 28 y 29 de marzo de 1985, Fidel abordó el tema sobre un hipotético abandono del cargo ante preguntas de Elliot. Veamos las preguntas y las respuestas.

ELLIOT: Si usted tuviera que abandonar el poder mañana mismo ¿qué cree usted que pensaría el pueblo cubano, y qué le gustaría a usted que el pueblo cubano pensara de lo que usted ha hecho durante todos estos años por el pueblo?

CMDTE. EN JEFE FIDEL CASTRO: Le voy a decir una cosa, si yo mañana renunciara a las funciones que estoy desempeñando, habría que contar con una razón realmente convincente para que la población lo entendiera, lo primero, que encontrara lógico, natural y justificado eso que se hace, porque yo no podría decir: «Voy a dejar de hacer estas actividades, porque estoy aburrido ya de este trabajo, o porque quiero dedicarme a la vida privada».

«Sería difícil de explicar y que la gente lo comprendiera, porque también se educa al pueblo en la idea de que cada uno debe hacer el máximo, que debe darles prioridad por encima de todo a las obligaciones revolucionarias.

«Bien, qué pasaría, vamos a suponer que fuera justificada la ausencia. Si se puede explicar, entonces lo entendería todo el mundo perfectamente bien, y creo que tendrían la seguridad de que el que ocupara ese cargo seguiría cumpliendo con plena capacidad, no habrá trastornos para la Revolución en ningún sentido, podría haber tal vez un poco de tristeza, pero se adaptarían perfectamente.

«Yo no tengo la menor duda de que, (...) el concepto de la gente y el reconocimiento del pueblo serán realmente altos del papel y del esfuerzo que he realizado en la Revolución, sin que esto pretenda de ninguna manera significar que ha sido una cosa perfecta, exenta de errores, ni mucho menos; pero estoy seguro del alto concepto que quedará de mis servicios, absolutamente seguro, no tengo la más remota duda sobre eso.»

ELLIOT: Quiero saber qué planes tiene para la sucesión, si es que tiene algún plan.

CMDTE. EN JEFE FIDEL CASTRO: Bueno, planes para morirme no tengo ninguno, desde luego. (...)

«Previsiones sobre eso, sí. Les voy a decir, desde el principio de la Revolución, desde el primer año, y más cuando empezamos a darnos cuenta de que la CIA tenía planes de acortar mi vida (...), nosotros planteamos la designación previa de otro compañero, Raúl Castro, hoy Segundo Secretario del Partido, que será el que inmediatamente asumiría la dirección. El compañero que se seleccionó, a mi juicio, es el más capaz por su experiencia y méritos revolucionarios: actuó destacadamente en el Moncada, estuvo con nosotros en la prisión, en el exilio, en la expedición y en las montañas.

«Fue el que condujo el grupo de cuatro hombres armados que, al reunirse de nuevo conmigo, juntamos las primeras siete armas, e integramos más adelante el grupo de aproximadamente 12 que reanudamos la lucha, el que dirigió la primera columna que salió de la Sierra Maestra para crear el Segundo Frente Oriental, y el de más autoridad, experiencias y méritos para ocupar mi lugar. Creo que inmediatamente que ocurriera eso tendrían que buscar a su vez un segundo.»

En otro fragmento de la entrevista, Fidel señaló:

«Ningún dirigente en el futuro tendrá, lógicamente, la autoridad de por sí, es decir, resultado de haber sido de los primeros en este proceso revolucionario, no tendrá esa autoridad propia, entonces, solo existe una solución —estoy pensando dentro de 20 años, o puede ser antes— va a depender de qué tiempo los viejos fundadores de la Revolución vivan y sean física y mentalmente capaces de dirigir el país, ¿no? Pero la autoridad de los futuros dirigentes, aparte de su capacidad y méritos revolucionarios similares al de otros muchos, se la tiene que dar la institución, el Partido es el que tiene que proporcionarla.»

Cuando ha llegado ese momento en que por las circunstancias de la vida y por voluntad propia, Fidel deja de estar formalmente al frente de la dirección del país, no se puede dejar de experimentar una sensación particular de tristeza y de nostalgia que solo se puede mitigar o lograr reconfortarse por la certeza de que existe confianza y seguridad plenas de que los destinos de la Revolución están garantizados por una dirección revolucionaria consecuente a toda prueba y capaz de darle continuidad a la victoria de la obra a la que Fidel ha dedicado y continuará dedicando su vida. Hoy se puede afirmar con convicción absoluta que queda en buenas manos la bandera y que como expresara Fidel hace 23 años «no habrá trastornos para la Revolución en ningún sentido, podrá haber tal vez un poco de tristeza, pero se adaptarán perfectamente. Yo no tengo la menor duda de que, (...) el concepto de la gente y el reconocimiento del pueblo serán realmente altos del papel y del esfuerzo que he realizado en la Revolución».

*Profesor Titular y Profesor de Mérito del Instituto Superior de Ciencias Médicas de Santiago de Cuba.

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