¡Se venden niños a 16 euros!

Autor:

Julio Martínez Molina

Al ser sentenciado a 14 años de cárcel por el Tribunal de Milán, en 2007, el connotado pederasta italiano Giorgio Sampec reconoció haber abusado de 400 niños tailandeses.

Por desgracia, este es uno de los pocos juicios de su tipo, dada la índole del delito, convertido en fértil negocio por mafias internacionales.

Recientemente, 121 de tales sujetos fueron detenidos en España, en lo que fue considerada allí como la mayor operación de la historia por tenencia y distribución de material pedófilo en Internet.

En un artículo publicado en Rebelión se asegura que América Latina, es el tercer mercado criminal, luego del narcotráfico y las armas.

«Si hasta el decenio pasado el primer destino de los estupradores de niños era sobre todo el norte de Brasil, donde según el Correio Braziliense a un niño estuprado se le paga poco más de un euro, el derrumbe de la economía mexicana (...) ha convertido al país en el primer destino del turismo pederasta», dice el texto, de Gennaro Carotenuto Turistas pederastas. En América Latina es el tercer mercado criminal junto con el narcotráfico y las armas.

El dato general, escalofriante, lo aporta la Organización Mundial de la Salud: que se tengan registrados, 150 millones de niñas y 73 millones de niños han sufrido agresiones sexuales.

Pero el maltrato infantil no solo se circunscribe a este monstruoso apartado, subsisten o se incrementan otras expresiones.

Algunas cifras son más conocidas que otras. De las primeras, por ejemplo, 200 millones de menores de cinco años no reciben la atención médica básica que necesitan, y casi diez millones mueren al año por enfermedades fácilmente tratables como la diarrea o la neumonía.

Pero, aunque no revistan la trascendencia de lo anterior visto en forma global, otros atentados flagrantes a la infancia son igual de lacerantes. En el Golfo de Guinea, por ejemplo, un niño se vende como esclavo por 16 euros.

En su libro Las fronteras se cruzan de noche, el periodista español Xaquin López amplía: «Es un negocio entre benineses. Conocen cómo funciona el fenómeno en Costa de Marfil y a los capataces. Tienen sus contactos y los utilizan para venderles nuevos niños».

Refiere López que el traficante es una persona de la aldea que la familia conoce: «Lo que realmente hacen es poner a ese niño en manos del traficante (...). Como el traficante vuelve constantemente al poblado por más niños los padres lo controlan, preguntan cómo está su hijo y si volverá con dinero».

En la práctica el único dinero que verán en su vida son los 16 euros en que lo vendieron, obligados por el hambre. Como igualmente hacen miles de parejas pobres a lo largo y ancho del planeta, que alquilan el vientre materno o venden la criatura a otras parejas ricas sin posibilidad de descendencia.

La noticia, ofrecida hace pocos días por el dominicano El Nuevo Diario, de que padres haitianos sumidos en la pobreza total venden a su prole a cinco dólares el menor, constituye otra variante de un estado de cosas inducido por el modelo neoliberal y la desigualdad en la distribución de las riquezas.

En el informe anual presentado en mayo de este año por la ONG Save the children, se confirma que los más afectados continúan siendo los menores de países pobres como Etiopía, la nación que, según el texto, tiene el menor porcentaje de acceso a la atención sanitaria básica (un 84 por ciento de los infantes no pueden llegar a ella).

Agrega el documento que incluso en los países en vías de desarrollo hay una gran diferencia entre la atención recibida por los niños de las capas más bajas de la sociedad y la de los niños más ricos.

En Filipinas y Perú, sostiene Save the children, los niños más pobres tienen 3,2 veces más posibilidades de no recibir la atención sanitaria esencial. Otro muy reciente informe, este de la CEPAL, da cuenta de la muerte, cada año, de 400 000 pequeños en Latinoamérica.

Cada nueva noticia es peor que la anterior, como si un cúmulo de adversidades se precipitara sobre las noticias de cada jornada. Duro presente y futuro el de parte de la infancia del mundo.

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