Ceguera en tiempos de DVD

Autor:

Miguel Ángel Valdés Lizano

Una epidemia sin precedentes, que provoca la pérdida de la visión, se expande por el mundo. No lo dice la Organización Mundial de la Salud, tan atareada en estos tiempos con el nuevo virus de la influenza. Lo cuenta el Premio Nobel José Saramago, a través del poder simbólico de la ficción, en su novela Ensayo sobre la ceguera, texto donde recrea a la civilización humana agobiada por la depresión de los valores y los dictámenes del consumo.

Me atrevo a comparar la imaginaria «ceguera blanca» que relata este escritor portugués, con otra bastante oscura que cobra auge hoy en nuestras calles. Me refiero a la invidencia intelectual afianzada por la mediocridad de productos seudoculturales que circulan mediante los equipos reproductores de DVD y VCD, tan de moda en estos tiempos.

Resulta cierto que actualmente en Cuba no todos pueden comprar estos aparatos. No obstante, horarios tradicionalmente reservados para la programación de la televisión nacional aparecen ocupados hoy con las imágenes reproducidas mediante estas tecnologías.

Estos audiovisuales popularizados en la era del DVD, por lo general de procedencia extranjera, aunque responden a un mismo esquema de manipulación y consumo, con frecuencia nos seducen cuando, para «desconectar», después del trabajo o el estudio, presionamos el control remoto para zambullirnos en historias estereotipadas o en interpretaciones de cantantes comúnmente fabricados por la publicidad.

Dichas producciones se encuentran diseñadas para ofrecer distracción pasiva, sin demanda del ejercicio del criterio en el espectador. El preciosismo de la imagen y el apoyo en emociones recicladas se presentan como ganchos a la hora de fomentar gustos. Repiten tanto las mismas fórmulas que nos enseñan, sin darnos cuenta, a preferir lo «lindo», según los patrones de la cultura hegemónica, sin percatarnos de la frivolidad que ciega sutilmente.

Debido al auge reciente de todas estas producciones en Cuba, no debemos satanizar al apogeo de los equipos de DVD o VCD. Nuestra sociedad con sus principios, retos y sueños no puede crecer, como en cápsula de cristal, a espaldas de esa maratón que es el progreso tecnológico en el siglo XXI.

Para contrarrestar la deformación de gustos y la manipulación ideológica constituye prioridad crear una cultura audiovisual desde las primeras edades, donde la escuela y la familia desempeñarían un rol fundamental.

Además debiera fomentarse en las principales urbes, entidades para la venta o alquiler de filmes a precios asequibles, frente a la proliferación de arrendatarios particulares, los cuales se erigen como principales promotores de la banalidad y el kistch.

También la competitividad de nuestra televisión debe acrecentarse, para que el cambio de canal hacia la telechatarra no se convierta en la opción de la familia.

En el tercer milenio, adquirir una adecuada cultura audiovisual debe concebirse como una segunda alfabetización en un entorno bombardeado por planos y fotogramas. Hoy el valor de la imagen, en manos del consumo, equivale a la letra escrita durante la Edad Media, cuando constituyó herramienta de poder encerrado en los monasterios.

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