El turno de España

Autor:

Luis Luque Álvarez

Como en carrera de relevos, Suecia llegó a la línea donde la esperaba España el primero de enero, y esta echó a correr a lo largo de sus seis meses de Presidencia rotatoria de la Unión Europea (UE). El jefe del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, optimista impenitente, debe ahora llevar —de modo compartido— las riendas del bloque en medio de una crisis económica que juega a los escondidos —parece que se esfuma—, pero se queda por ahí agazapada.

¿Qué propone Madrid para los días que vienen? Pues una línea de prioridades entre las que está la aplicación «fiel y decidida» del nuevo Tratado de Reforma de la UE (Tratado de Lisboa), en vigor desde el primero de diciembre; una mayor coordinación de políticas económicas entre los 27 países comunitarios para facilitar un crecimiento sostenible, y fortalecer los derechos de los «eurociudadanos».

Vayamos por partes. El Tratado de Lisboa creó la figura del presidente estable del Consejo de la UE, cargo que el elegido (el ex primer ministro belga Herman van Rompuy) ejercerá por dos años y medio, renovable una vez. Dos presidencias entonces, una permanente y una rotatoria —¡vaya idea de «simplificación institucional»!—. Se entiende que España brindará apoyo en la coordinación de las cumbres europeas a Van Rompuy, quien las dirigirá. Además —y ruego paciencia ante la avalancha de palabritas inevitablemente burocráticas—, la Presidencia semestral seguirá implicada en la gestión de la agenda en cada una de las «formaciones» del Consejo de Ministros de la UE (transporte, agricultura educación, etc.), menos en Relaciones Exteriores, tema que le toca a la Alta Representante para Política Exterior y de Seguridad, la inglesa Catherine Ashton, quien revelará en abril su diseño del futuro Servicio Exterior Europeo.

Respecto a la economía —la chica mala de esta tormentosa época—, Zapatero apuntó en diciembre que «si en la Unión tenemos un mercado común y una moneda común, debemos tener una gobernanza económica también común». España, golpeada por su elevada dependencia del sector de la construcción, avalará un modelo de crecimiento más amigable en lo social y lo ambiental, afincado en la innovación tecnológica, y ya anuncia la aprobación de la Nueva Estrategia de Crecimiento y Empleo, que fijará la coordinación entre los 27 miembros de la UE como el modo de salir adelante y evitar pifias de antaño. ¡Desde luego!, solo si ello fuera posible bajo un esquema en el que los grandes especuladores siempre salen premiados, y que sigue intacto en lo esencial.

Con la otra prioridad, la de colocar «a los ciudadanos europeos en el centro de las políticas de la Unión», Madrid informa que promoverá la protección de los derechos fundamentales. Entre otros puntos, promete trabajar por la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres (hasta hoy, en el país ibérico, ellos cobran un 20 por ciento más que ellas), aupar la creación de un Observatorio

Europeo sobre Violencia de Género (España, no olvidarlo, exhibe escandalosas cifras de asesinatos de féminas, pese a las acciones gubernamentales contra el flagelo), y la adopción de una Orden Europea de Protección, que hará válidas en toda la UE las medidas de seguridad emitidas por un tribunal de cualquier país comunitario.

Hay más, pero (¡uf!) no me queda mucho espacio. Decir, por ejemplo, que de cara al exterior, Madrid planeaba ser ágil en lograr que la UE aplicara las metas que se acordaran en Copenhague para atenuar el cambio climático, pero aquello terminó como la fiesta del Guatao. Nadie se comprometió a nada, así que ahí no hay lana ni para una boina vasca.

Ya, ya termino… Solo recordar que esta es la cuarta ocasión en que España ostenta la Presidencia semestral (las otras fueron en 1989, 1995 y 2002), y que lo hace en uno de los contextos internos más duros, con 3 923 603 desempleados, hijos de la crisis. Zapatero espera que fructifique un nuevo acuerdo social entre empresarios, sindicatos y Gobierno, traducido en más facilidades para la contratación de los jóvenes. Además, que entre en vigor su Ley de Economía Sostenible, para cambiar el nocivo modelo productivo de «ladrillo y cemento a tutiplén», y que todo ello, junto con un papel activo en la Presidencia de la UE, le aporte el aire que hoy le niegan los sondeos, en los que su formación, el Partido Socialista, marcha unos cuantos puntos por detrás del derechista Partido Popular.

Según le vaya, en julio veremos si los números cambiaron.

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