Ese difícil estiramiento de la mente

Autor:

Alina Perera Robbio

Lo más difícil de cambiar será siempre nuestro pensamiento. Es ese un asunto para ser meditado sin cansancios, pues cualquier transformación, grande o pequeña, comenzará siempre detrás de la frente. Al tema vuelve quien haya podido ver por estos días el documental Otra Carmen, del realizador cubano Rolando Almirante, quien tomando como inspiración la coreografía de Tania Vergara, al frente del Ballet Contemporáneo Endedans, de Camagüey, se sumerge en un tema delicado y necesario: la diversidad sexual.

Hace unos días, en el teatro capitalino Mella, se complementaban exquisitamente el documental y la presentación, sobre el escenario, de un grupo de muy jóvenes bailarines tocados por la belleza corporal y el talento en la obra titulada La Carmen.

La propuesta timoneada por Tania muestra a la gitana que todos conocemos, corporizada esta vez en un muchacho que seduce a otros y que es vórtice de una trama estremecida por pasiones y enfrentamientos humanos. Y el producto audiovisual es fruto de haber navegado por varias opiniones, sobre todo por las de quienes encarnan personajes en la obra danzaria que tiene entre sus mejores escenas el contoneo de jóvenes travestidos en damas estridentemente ataviadas.

En las imágenes utilizadas por Rolando Almirante, asoman los jóvenes que tuvieron que adentrarse en el tema de la homosexualidad para poder desempeñarse artísticamente hablando. Y está claro que ni siquiera ellos logran sortear del todo trampas y espejismos que prejuicios enormes y muy viejos han levantado en las sociedades de Occidente. El realizador dialoga con interlocutores que confiesan, si se refieren a los gay, «estudiarlos de lejos»; preferirlos «sencillos» y no «aparatosos», no «depravados»; es decir, preferirlos con apariencia varonil y el espíritu gay bien guardado y discreto.

El realizador hurga hasta donde le resulta posible: pregunta qué entraña ser sencillo o aparatoso, o qué significa «estudiarlos de lejos». Alguien, en un razonamiento sesgado por múltiples prejuicios, llega a poner a un mismo nivel una determinada elección sexual, y el estar bordeando o consumar una acción criminal.

La Carmen, me explicó Almirante, fue rampa de lanzamiento para el documental, porque «la danza con sus metáforas alcanza dimensiones espaciales que provocan un estiramiento en la mente». Quizá uno de los conceptos más importantes del producto audiovisual sea que las muchachas y muchachos entrevistados comparten la certeza de que la diversidad sexual es un hecho y una necesidad de toda sociedad armónica, y a la par ellos mismos muestran su inocencia permanentemente vulnerada por una construcción cultural demasiado antigua y excluyente.

Todo esto me hizo recordar que hace algún tiempo, a partir de su conocimiento profundo de la naturaleza humana, el doctor Jorge Pérez Ávila, actual subdirector de Atención Médica del Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí (IPK), me explicaba: «Buscamos las razones por las cuales el sida está aumentando, y una de ellas es porque el mundo no da un tratamiento correcto a las personas que no son como la mayoría y sufren discriminación. No pocos ocultan sus preferencias, relaciones que han tenido. Solo hablan cuando no tienen otra opción porque el mundo les ha hecho sentir vergüenza de sí mismos. Un ochenta o más por ciento de la población mundial es heterosexual, pero hay un pequeño número que incluye a los homosexuales. Los del primer grupo le tienen puesta la bota encima a los del segundo. Y yo pregunto por qué, si pueden ser mejores que muchas otras personas…».

Como en tantas otras batallas, estirar la mente hasta límites de bendito equilibrio —al punto de aceptar la diversidad sexual sin hipocresías, ignorancias, miedos o escarnios— será un camino duro y complejo, en el cual nuestra sociedad tendrá que seguir adelante, en lucha inteligente contra atavismos, complejos de culpa y fantasmas de herejía. Todo un reto para cada uno de nosotros.

En eso nos hacen pensar La Carmen, de Tania Vergara, y Otra Carmen, de Rolando Almirante. Constituyen loables y audaces esfuerzos en el propósito de remover conciencias, de abrir nuestras mentes, de completar una mirada tantas veces resentida por concepciones estrechas. Y así ha de ser, atendiendo el justo rumbo que señala la brújula humanista: las riendas de nuestras pautas éticas, y las del corazón.

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