¿Pepino? ¿Y español? ¡Culpable!

Autor:

Luis Luque Álvarez

Según una vieja fábula, propagar rumores no confirmados es como destripar una almohada y echar las plumas al viento: si se descubre que todo era mentira, ¿cómo volverla atrás después de que ha corrido tanto? ¿Cómo juntar todas las plumas nuevamente?

A España, Alemania le hizo trozos la almohada. Hace más o menos una semana, la cartera de Agricultura de la ciudad-estado de Hamburgo señaló a los pepinos españoles como culpables de la difusión de un nuevo tipo de bacteria E. coli, que ha ocasionado la muerte a 17 personas en el país de Beethoven.

¿Consecuencia inmediata? La Televisión Española muestra imágenes de mercados alemanes de hortalizas casi vacíos, y en los que hay algún público, también un cartel: «No vendemos pepinos españoles». Allá en España, entretanto, las plantas procesadoras están paralizadas, se han arrojado a los vertederos toneladas y toneladas de pepino y otras hortalizas y frutas como el tomate, el pimiento y el melón, cuya exportación estaba ya concertada; en algunos casos, los camiones que salían con rumbo a Alemania daban media vuelta a mitad de camino…

Pasado el tiempo, luego de que los científicos hicieron su trabajo, las autoridades alemanas rectificaron, aunque sin disculparse. «Los pepinos españoles no son la causa» del mal, reconoció el secretario de Estado de Agricultura, Robert Kloos. ¡Bravo! Ahora solo queda saber cuántos de los 200 millones de euros en pérdidas que han sufrido los productores españoles en una semana, está dispuesta Alemania a pagar. Además, en tiempos de tanta bruma económica, lo que menos necesita España es que su mercado laboral vaya a resentirse aún más por la pérdida de empleos en el sector agrícola, a raíz de unas acusaciones irresponsables.

Sí, porque ¿acaso algún empresario mantendrá contratado a un número de obreros si el fruto de su labor no se vende? ¿Saben acaso en Berlín la fórmula mágica para animar a los consumidores germanos a que vuelvan a echar en la jaba un buen par de pepinos andaluces?

De momento, Madrid reclama que se le compense de algún modo por las pérdidas. La Unión Europea, que también levantó la alerta sobre el pepino español, será la encargada de arbitrar y decidir. Y mientras los expertos siguen haciendo lo suyo para dar con el origen del brote —ya se ha descubierto la cepa específica de la bacteria, que causa severos fallos renales, y algo más: que se puede transmitir de persona a persona, no solo de los vegetales—, el bumerán se da la vuelta contra Alemania: Rusia ha prohibido las importaciones de hortalizas de toda la UE, incluyendo las alemanas (en total representan unos 500 millones de euros). Y en Berlín se quejan, porque se les ha pagado con la misma moneda.

Duele además, y esta es la segunda cuestión, ver tanto alimento desperdiciado, lanzado a la basura por declaraciones apuradas y sin base sólida. Si hace unos años molestó el espectáculo de los millones de litros de leche vertidos en los campos de Bélgica por la negativa de los distribuidores a pagarles unos centavos más a los ganaderos, hoy irrita el de tantos vegetales tirados a podrirse. Y el trabajo desaprovechado de miles de manos.

Por último, y mientras los diplomáticos alemanes empleados en el Consulado de su país en Valencia elucubran sobre cómo llegar este viernes a la oficina sin mancharse los zapatos —los agricultores valencianos les han descargado una montaña de vegetales frente al edificio—, se echa a ver cómo en un bloque que se precia de ser una «Unión», los políticos de un país se prestan de caja de resonancia para exportar rápidamente la culpa de sus desgracias, ¡aunque después paguen todos! ¿Es así como se construye Europa?

Mal ejemplo, digo yo.

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