Manos oscuras no están solo sobre Piedad

Autor:

Marina Menéndez Quintero

Ninguna otra amenaza podía evidenciar mejor la naturaleza de quienes la profieren. Si la muerte pende hoy sobre la defensora de la paz y de la vida Piedad Córdoba, se sabe que detrás están las manos oscuras de los sectores más retrógrados y reaccionarios de su nación junto a las de las fuerzas paramilitares, prohijadas en otros tiempos por quienes las usaron como punta de lanza contra la insurgencia, y extendidas por eso contra todo lo que se estimó (¿o se estima?) su base social.

Tangencialmente, es esa una de las alertas más preocupantes que sale a flote con la noticia: confirmar que sobreviven —y se renuevan— en Colombia las prácticas de aquellos cuerpos de muerte que en algún momento se jactó de desmovilizar el ex presidente Álvaro Uribe; bandas gestoras de masacres y crímenes selectivos que han hecho del país uno de los que más sindicalistas y dirigentes sociales asesinados tienen.

Se ha sabido de la existencia del plan para asesinar a la ex senadora a cambio de ¡565 000 dólares! Pero la indigna acción que se pretende comprar con dinero tampoco asombra. El propio Uribe entronizó ese método para conseguir la delación y captura de líderes guerrilleros.

La denuncia la formuló hace pocas horas Colombianos y Colombianas por la Paz, que Piedad lidera, una organización protagonista de peso en la vuelta a la vida civil de los retenidos que las FARC liberó más recientemente, y que aboga por una salida negociada al conflicto armado. Ya ese es un motivo para que los sectores «duros» la vean con ojeriza; pero no el único, y ella misma lo ha sugerido.

El plan contra su integridad sale a la luz cuando no pocos especulan alrededor de lo que sin duda es un hito: el nacimiento de Marcha Patriótica, el más amplio —y por eso poderoso— cuerpo social con que haya contado Colombia.

No ha nacido como un partido pero podría llegar a serlo y le pasaría por delante a agrupaciones que nunca han exhibido tanta fuerza, aunque el propósito expresado por sus dirigentes es nuclear a la «izquierda democrática»; llevarla consigo. De hecho, su sola existencia, con tanta representatividad, la hace una voz con proyección en la política. Mil 800 organizaciones populares la integran, por eso constituye el más importante reflejo de una Colombia que no se ve, opacada por la guerra, los paramilitares, un entramado político salpicado no pocas veces por el narcotráfico, y esa violencia que se ha cebado mayormente en esos, los de abajo, víctimas más recurrentes de ella que los guerrilleros y soldados caídos en enfrentamiento.

Esa es la violencia que ya está tocando a las puertas de Marcha Patriótica y colándosele por las ventanas. Al momento de presentarse ante el mundo con la enorme manifestación calculada en 60 000 personas que estremeció el 27 de abril pasado a Bogotá, Marcha… ya reportaba un muerto. Dos semanas después, el miembro del Partido Comunista Jorge Gómez, citado por Telesur, hablaba de la desaparición de dos participantes de aquella movilización, dos asesinados y siete capturados... Y Piedad también está entre las cabezas visibles de aquel acontecimiento.

Para miembros del nuevo ente popular, el hecho de que medios de comunicación presentaran el suceso como un acto «financiado» por las guerrilleras FARC o resultado de una «idea» de la insurgencia, intenta «estigmatizarlos». Medios como el español El País, por ejemplo, se preguntaban si estamos ante «el brazo político de la guerrilla»…

En un país como Colombia, aseveraciones de esa naturaleza pueden resultar muy peligrosas, además de robar a Marcha… su autenticidad como representante legítima de sectores inmersos en la lucha democrática.

Pero ello no niega —ni descalifica —que el movimiento pudiera aceptar en sus filas a la insurgencia, lo cual implicaría antes, de algún modo, la inserción de esta en la vida civil. ¿Acaso no conduciría ello al silencio de las armas que las mayorías en Colombia quieren?

Interrogada por RCN después de la movilización, y según la cadena, la propia Piedad Córdoba aseveró que la insurgencia tendría cabida en el nuevo proyecto político y  que «continuará el diálogo epistolar que se inició con Colombianos y Colombianas por la Paz, para construir definitivamente el entendimiento de los sectores del país sin necesidad de mesas de negociación ni espacios demarcados, sino aportando cada uno lo que tenga para lograr un diálogo entre todos».

Mirándolo desde el otro extremo, no podría descartarse que las amenazas contra Marcha Patriótica, viniendo de la ultrarreacción, estuvieran procurando también enrarecer un clima donde por primera vez en varios años se respiran ciertos aires diferentes.

El compromiso por las FARC de rehusar al secuestro y la liberación unilateral de los últimos militares y policías que quedaban en su poder —como exigía el Gobierno— y, por otro lado, la reciente expresión del presidente Juan Manuel Santos dándole un «sí a la política» y un «no a las armas», durante un reciente seminario sobre sistemas electorales en la Cámara de Comercio de Bogotá, pudieran ser algunas muestras de que algo se mueve.

De momento, las autoridades concernidas han declarado tomar nota de las amenazas de muerte a Córdoba… Y hacen bien. Un eventual atentado contra esa mujer valerosa, no solo sería lesivo a Piedad.

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