Sentenciados por el humo

Autor:

Julio César Hernández Perera

Coincidí hace unos días con un gran amigo. Sus brazos cobijaban a la hermosa nieta, plena de salud y vigor, quien correspondía al cariño que solo son capaces de ganarse los abuelos. Sé —por como son mi amigo y su familia— que la grácil criatura habita un universo no enturbiado por el adictivo humo del tabaco. Solo hay que mirar detenidamente a la pequeña para corroborarlo.

Su suerte, sin embargo, no es la misma de otros pequeños: más de la mitad de los niños cubanos están expuestos al humo del tabaco (este y otros datos referidos a Cuba se ofrecieron en una conferencia en el Ministerio de Salud Pública).

A nivel global se estima que el 12 por ciento de las mujeres, madres o no, fuman. Es una cifra que pudiera ser evaluada como trivial si se le mira fríamente; pero que, de seguir las cosas como van, apunta a pronósticos nada alentadores.

Para el año 2025, afirman especialistas, el 20 por ciento de las féminas del mundo serán fumadoras. Y no solo eso: una proporción mayoritaria de ellas adquirirá el hábito en edades más tempranas de la vida.

Cuba no está alejada de tal realidad. El país se ubica entre los primeros de la región latinoamericana en cuanto al consumo de cigarrillos por habitante —el 24 por ciento de los cubanos fuma—; y en el grupo de personas fumadoras encontraremos a muchas mujeres que incluso mantienen ese hábito tóxico estando embarazadas.

Entre las afecciones más importantes derivadas de ese tipo de elección, figuran algunas muy temidas por las futuras madres, como el desprendimiento prematuro de la placenta, la placenta previa, el embarazo ectópico, el aborto espontáneo, el parto prematuro y el mortinato (se llama así a la criatura que nace muerta).

En cuanto a los recién nacidos, se estima que la adicción al tabaco puede ser responsable del bajo peso al nacer, el elevado riesgo de muerte súbita, y la mortalidad perinatal en general. En edades mayores las consecuencias del hábito de fumar pueden constatarse con frecuencia en enfermedades como el cáncer, las alteraciones neurológicas relacionadas con el aprendizaje y las malformaciones congénitas.

De todas las explicaciones científicas dadas a estas fatalidades, la más importante tiene que ver con la carga tóxica de más de 4 800 sustancias químicas presentes en el humo del tabaco, capaces de provocar la reducción del aporte de oxígeno al organismo, elemento tan requerido para la formación del feto.

El tema presentado resulta muy oportuno, pues no han transcurrido muchos días de la celebración en todo el planeta del Día Mundial contra el Tabaquismo (31 de mayo). En tal sentido hay que decir que muchas personas no han sido capaces de sensibilizarse con el asunto en toda la dimensión requerida.

Aludiendo a esa actitud que podríamos calificar de indiferencia o desamor, Richard Doll (1912-2005), eminente fisiólogo y epidemiólogo británico, fue explícito: «Que tantas enfermedades, importantes o no, estén relacionadas con el hábito de fumar, es una de las conclusiones más asombrosas de las investigaciones de este siglo…; sin embargo, es menos asombroso que el hecho de que tantas personas no hayan hecho caso de ello».

Al pensamiento del distinguido científico podríamos agregar esta interrogante que no pierde vigencia, y que parece no despertar todavía la atención de millones de seres humanos: ¿Por qué empeñar los días por venir con tanto humo?

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