Héctor «no está dominado»

Autor:

José Luis López

«Le tira y levanta un flay al jardín central… está dominado». De esa, y muchas otras formas, todos los cubanos recordaremos eternamente al prestigioso narrador deportivo Héctor Rodríguez Almaral, quien falleció en horas de la tarde del pasado domingo a la edad de 66 años, víctima de cáncer.

Noche tras noche, desde muy joven, siempre me sentaba frente al televisor para deleitarme con sus gratas narraciones de los juegos de béisbol en que trabajaba, tanto en nuestras series nacionales como en los eventos allende los mares.

Me confieso un fiel admirador de los cuatro innings y medio que le tocaba narrar a Héctor en un partido de pelota. Porque sin lugar a dudas, esa potente e inigualable voz con la que la madre natura lo dotó, supo mezclarla acertadamente con sus conocimientos, para brindarnos ese «producto» que todos esperábamos.

Porque Héctor, diputado a la Asamblea Nacional desde 1993, en la cual ocupó el cargo de Vicepresidente de la comisión de Salud y Deporte, siempre colmó las expectativas a la hora de describir un descomunal cuadrangular de Orestes Kindelán, la violenta forma de deslizarse de un jugador sobre segunda base para romper el doble play de Germán y Padilla, o los veloces lanzamientos de Pedro Luis Lazo para ponchar al más potente slugger con las bases llenas en el noveno capítulo.

Desde el mismo inicio del juego, ya Héctor se granjeaba nuestro respeto con ese inolvidable «un saludo tengan todos, amables televidentes».

Siempre fue un colega crítico y decidido al exponer sus valoraciones sobre cómo debían llevarse a cabo nuestras series nacionales. Además, con esa «magia» que lo caracterizó a través de la pantalla, Héctor era capaz de llegar a todos los telespectadores no solo con el reconocimiento a quien supo ganar el juego, sino también a la hora de plasmar el intento y la garra que demostró el perdedor.

Fue maestro de varias generaciones de narradores deportivos, quienes siempre han reconocido su talento y su buen accionar.

Además, quién no recuerda con agrado su narración de la final de los 800 metros planos, en los Juegos Olímpicos de Montreal en 1976, en la cual corrió y ganó el título el cubano Alberto Juantorena, monarca también en los 400 metros.

Su maestría, en aquella ocasión tan especial, radicó no solo en la emoción que le impregnó a sus palabras, sino en que lo hizo desde un pequeño cubículo de trabajo en el ICRT, a miles de kilómetros de esa ciudad canadiense.

Gracias, Héctor, por todo lo que patentizaste. El pueblo siempre te recordará.

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