Realidades de una Medicina

Autor:

Julio César Hernández Perera

En un debate reciente alguien defendía con determinación las «maravillosas posibilidades» diagnósticas y terapéuticas que se ofertan en el hospital de cierto país capitalista.

Sería injusto desestimar la importancia del desarrollo tecnológico dentro de la Medicina, pero el disertante omitió un elemento esencial al hablar de centros privados y no decir que ser asistido allí es algo que los socialmente sancionados por la pobreza ni siquiera se atreverían a soñar.

Pocos días después de aquella disertación recibí un correo de un gran amigo del Centro de Ingeniería Genética. Y en él se adjuntaba un trabajo que invitaba a su lectura: «Actuación comparativa de sistemas de salud privado y público en países de bajos y medianos ingresos: Una revisión sistemática». El artículo fue publicado en junio último en la revista especializada PloS Medicine.

Los autores —afiliados a universidades norteamericanas y británicas— hicieron un sugestivo análisis a partir de los resultados de más de cien investigaciones con el fin de cotejar, entre otras variables, la calidad y la eficiencia de las asistencias médicas privadas y públicas de determinadas naciones. Del trabajo, tomo algunos datos capaces de desarticular científicamente las «bondades» de la privatización de los servicios de salud:

Comparada con el sistema público, este tipo de atención es menos eficiente si se tiene en cuenta el mayor número de pruebas y tratamientos innecesarios que practica, sin hablar del estilo de prescripción de los más caros medicamentos.

La aproximación diagnóstica (acertar en el diagnóstico de una enfermedad) y el cumplimiento de estándares en el manejo médico de determinadas enfermedades son peores en los servicios privados. Algunos estudios evaluaron los protocolos de manejo de las enfermedades infecciosas —incluidos la tuberculosis y el paludismo—, y encontraron que en los servicios privados se poseen menos conocimientos referentes al correcto diagnóstico y tratamiento de tales afecciones.

Otras pesquisas realizadas develaron que los niños con enfermedades diarreicas atendidos en instituciones privadas fueron más propensos a dejar de recibir un tratamiento apropiado con sales de rehidratación oral, y en ellos se emplearon con frecuencia antibióticos innecesarios. También fueron mayores los retrasos en el diagnóstico de otras afecciones, y los manejos equivocados.

Tantas razones no deben asombrarnos: media la deshumanización —ver a un enfermo como una fuente de riqueza— junto a la excesiva tecnificación a que se somete al paciente en la práctica privada. Y es precisamente en este último sentido donde se puede traslucir una absoluta pérdida del valor del método clínico y epidemiológico —tan defendido en Cuba. Al final estaremos frente a una Medicina encarecida, mecánica e irracional.

El mundo enfrenta con mucho pesimismo una recesión económica de envergadura. En diferentes latitudes aparecen paquetes de medidas pactadas con el Fondo Monetario Internacional (FMI), como el incremento de las privatizaciones, incluidas las del sector sanitario.

Esas medidas tienen los ojos vendados; jamás podrán mirar a la humanidad cuando tienen la salud como un bien que debe adquirirse en el mercado y no como un elemental derecho del hombre.

Si miramos alrededor, y hacemos justicia, habrá que decir que la privatización del universo de la salud es una elección que conduce a un callejón sin salida.

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