Una sociedad se dispara a quemarropa

Dr.C. Julio César Hernández Perera*Dr.C. Julio César Hernández Perera*
2 de Enero del 2013 20:40:04 CDT

«Asesinato múltiple en escuela primaria en Connecticut», anunciaba un titular de prensa el 14 de diciembre del 2012. La noticia describía cómo un hombre de 24 años entró en la escuela primaria Sandy Hook, de la ciudad de Newtown, Connecticut, vestido con ropas militares —incluido chaleco antibalas— y con el dedo en el gatillo de dos armas de fuego.

Tras disparar más de un centenar de balas, el saldo fue de 20 niños asesinados. De esta manera, el hecho recibió el lúgubre calificativo de ser el mayor calvario ocurrido en un centro escolar norteamericano.

Hemos sido lejanos espectadores de un suceso que en los últimos tiempos se repite con sospechosa frecuencia en planteles educacionales de Estados Unidos, que a la postre se transforman en verdaderos campos de batalla o, mejor dicho, de matanzas, donde quedan tendidos numerosos cuerpos sin vida de educandos y profesores.

A las escuelas y universidades se suman otros escenarios públicos convertidos en dianas de las armas de fuego. Según informes oficiales, cerca de dos millones de norteamericanos son víctimas de la violencia en sus centros de trabajo. Es esa realidad una de las tantas consecuencias de la «cultura de la barbarie» engendrada dentro de ese país. Allí los homicidios son causas importantes de muertes generalmente consumadas con pistolas y armas largas.

Los hospitales están entre los que revelan una de las tasas más elevadas de violencia, aspecto del que poco se habla en los medios informativos.

No es casual un artículo publicado en la revista norteamericana Annals of Emergency Medicine en diciembre del 2012, en el que se analizan datos estadísticos de hechos violentos con armas de fuego —cada vez más frecuentes—, acaecidos en instituciones hospitalarias de EE.UU. desde el 2010 y hasta el 2011.

A pesar de las limitaciones de este tipo de estudio, donde resulta imposible recoger la totalidad de los incidentes, los resultados reportaron cifras espeluznantes: 154 tiroteos en 148 hospitales y 235 personas afectadas con una elevada tasa de mortalidad (cerca del 70 por ciento de los casos).

Para tener idea más exacta del problema, valdría la pena destacar que aproximadamente el tres por ciento de los hospitales estadounidenses han experimentado en sus instalaciones al menos una balacera con víctimas. La frecuencia de estas desgracias es ligeramente superior a las acaecidas en instituciones educacionales; y las principales víctimas son los pacientes, el personal de enfermería y los médicos.

Lo que para nosotros resulta inaudito —la muerte, de un golpe, de muchos inocentes— parece ser tragedia esperada en una sociedad enferma donde la mayoría de sus habitantes apoyan el derecho a usar armas de fuego para «protegerse», incluso en lugares públicos.

Hablamos de un país donde los gastos militares pueden llegar a superar el millón de millones de dólares (incluyendo gastos indirectos y encubiertos), y donde videojuegos y medios de comunicación como el cine y la televisión, muestran de forma abusiva un sinnúmero de programas tiranizados por contenidos de homicidios, secuestros, peleas, tiroteos, robos, desnudos, manifestaciones eróticas y torturas, entre otros muchos. En su conjunto, todos son perfiles generadores de violencia.

Es un mundo sombrío que miramos con dolor y que —desde la paz y un cuidado del ser humano que nos parecen derechos naturales en nuestro país— jamás querríamos tener. Hemos batallado mucho para que nuestros hijos no sean rehenes del terror. Es una realidad en la que tal vez no reparamos a menudo, pero que se levanta enorme cuando, tristemente, leemos titulares como el de la escuela primaria en Connecticut.

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    1. 1

      OLIMPIO RODRIGUEZ SANTOS - 3 de Enero del 2013 7:28:23 CDT

      Apreciado Dr. C. Julio César. Muy oportuno recordar estos hechos de violencia en el Sistema de Salud y Educación, lo cual constituye otra incógnita más para un país que le hizo culto a la violencia desde el viejo Oeste. Demasiados años han pasado desde que aparecían en pantalla los mejores actores del cine haciendo de pistoleros primero y mafiosos después hasta nuestros días en que aún se le hace culto a la violencia en la pantalla grande, mediana y chica. Pienso que la DEA y el FBI tendrán que sacrificar a muchos de sus mejores agentes si pretenden poner orden en una sociedad donde se ha interaccionado la cultura de la nación con las armas.

    2. 2

      carol - 6 de Febrero del 2013 15:55:38 CDT

      muy interesante tu reflexión Julio César y atinada para los momentos actuales donde la violencia parece ser un mal que se extiende por el mundo con sus nefastas consecuencias, siempre abogo por la paz y digo NO a la violencia desde todos los puntos de vista

    3. 3

      Marvyn - 20 de Febrero del 2013 6:25:51 CDT

      EE.UU esta bebiendo de su misma agua lo penoso de estos echos es que personas inosentes y mas aun niños paguen por las leyes absurdas de ese pais donde en cualquier esquina compras un arma. gracias a la Revolucion y nuestros lideres en Cuba esto no pasa y los que somos padres estamos tranquilo en el trabajo sabiendo que nuestros hijos estan seguros en sus escuelas.

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