No se reclama venganza, se exige justicia

Autor:

Glenda Boza Ibarra

Mi madre aún conserva aquel periódico del 14 de octubre de 1976. Casi ilegible, por el paso de los años y los dobleces para poder guardarlo en la vieja caja de madera, el papel amarillo todavía enseña el titular: «Trasladan a Cuba los cadáveres rescatados».

Eran esos los cubanos asesinados ocho días antes cuando regresaban a la Isla, desde Barbados. Las víctimas de un crimen horrendo, cuyos autores confesos recibieron abrigo de Estados Unidos, que los «premió» con la impunidad.

Junto a las primeras fotos de sus hijas, sus medallas de vanguardia nacional y hasta una de aquellas libretas de ropa por cupones de la década de los 80, mamá guarda esa edición en blanco y negro del periódico Granma con una de las páginas más tristes de la Patria.

Hace años, cuando lo descubrí entre sus recuerdos, me dijo que ese vil hecho que quitó la vida a 73 personas, marcó sobremanera su vida. Pensó entonces en mi hermana Kenia, con apenas ocho años, y en el desconsuelo de los padres de aquellos casi niños que integraban el equipo juvenil de esgrima.

Cual si fuera una de sus más preciadas memorias, no ha podido nunca deshacerse de ese diario de jueves que incluye también las fotos de Leonardo Mackenzie Grant y Carlos Leyva González, dos jovencitos tuneros cualquiera de los cuales pudo ser el hijo varón que siempre quiso y nunca llegó.

Precisamente allí, en Las Tunas, existe un museo dedicado a recordar eternamente a quienes perdieron la vida en ese brutal atentado terrorista. En ese memorial, la historia resguarda el sentir de todo un pueblo que vio morir a 57 de sus hijos el 6 de octubre de 1976, debido a un ataque terrorista, en pleno vuelo, a la aeronave CU-455 de Cubana de Aviación, la cual se dirigía desde la isla de Barbados a la de Jamaica, con destino final en la capital cubana.

Mamá ha pensado varias veces en donar a ese sitio la edición del periódico que conserva. Sin embargo, no puede desprenderse de ese papel que ha conservado por 37 años.

«Esa es tu herencia», me responde. «No es bueno acrecentar el odio y el rencor, pero hechos como ese no se pueden olvidar. No se reclama venganza, se exige justicia».

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