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Universitarias embarazadas: ¿¡Qué cosa!?

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Mariana decidió tener a su hijo, a pesar de no haber concluido aún sus estudios universitarios. Ahora, mientras observa con ternura el rostro del pequeño Diego, sabe que hizo lo correcto.

Aunque inicialmente planeó continuar el quinto y último año de su carrera en cuanto diera a luz, sus nuevas responsabilidades como madre la obligaron a solicitar a su Facultad la licencia de matrícula por un año, para atender las necesidades del recién nacido.

Y es que ser madre resulta más complejo de lo que no pocas muchachas en la situación de Mariana pensaron en un principio. La realidad tiende a demostrar que el embarazo y sus posibles complicaciones, unido a las posteriores tareas del hogar, la crianza y educación del hijo, pueden ocupar más tiempo del planificado.

Mucho se ha advertido de los peligros del embarazo en la adolescencia, pero pocas veces se habla sobre lo que sucede con aquellas que, sin ser adolescentes, se deciden a tener un niño y transitan por una de las más difíciles etapas escolares: la Universidad.

Ser madre a temprana edad, o cuando no se espera, puede desencadenar una serie de problemas como la deserción escolar, la inserción laboral con escasa preparación y múltiples responsabilidades económicas, todo eso sumado a la pérdida de vivencias propias de la juventud.

Estudiar y ser madre al mismo tiempo determina que muchas estudiantes opten por prepararse y trabajar a la vez para mantener al nuevo integrante de la familia. No es raro que algunas muchachas terminen por cambiar del curso regular diurno al de trabajadores.

Sin embargo, no todas las carreras ofrecen esta variante, pues es imposible estudiar muchas de ellas si no es mediante la modalidad diurna. Por eso, la futura madre debe valorar su situación con objetividad antes de tomar decisiones, en pos de determinar si posee las condiciones para continuar en sus estudios sin afectaciones.

El impacto de los cambios que se generan en el proyecto de vida de la estudiante embarazada depende también, en gran medida, del apoyo familiar que ella reciba. En ocasiones, quienes no cuentan con él recurren al aborto, una práctica permitida en Cuba. En cambio, hay otras más afortunadas, quienes no solo disponen de valiosos consejos sino de la ayuda en el cuidado del bebé durante el horario de clases o estudio.

En nuestro país existen numerosas leyes que protegen los derechos de las madres trabajadoras, les aseguran el pago de su salario durante el período de licencia de un año tras el nacimiento del bebé, les facilitan el otorgamiento del círculo infantil para que se reincorporen a sus empleos, etc. Pero no ocurre lo mismo con las madres estudiantes.

En primer lugar, los estudiantes de la Enseñanza Superior, si bien cuentan con un estipendio, este no resulta suficiente para sostener económicamente a madre e hijo, pues no está pensado con ese fin.

Pero el problema es aún más complejo, pues la Resolución 24/2007 del Ministerio de Educación Superior establece en su artículo nueve que «los estudiantes que causen baja docente, incluyendo aquellos con licencia de matrícula autorizada, dejarán de recibir estipendio a partir de la fecha de la misma». Si bien gozan de las garantías de asistencia médica del Programa de Atención Materno-Infantil, no tienen protección económica.

Por otro lado, los círculos infantiles se crearon pensando en las madres trabajadoras, no en las madres estudiantes; de ahí que a estas últimas no se les priorice durante el otorgamiento de las plazas disponibles, las que a veces son bastante limitadas.

Quizá resulte conveniente que el Ministerio de Educación Superior y otras instituciones vinculadas a este tema cuenten con estadísticas que les permitan analizar el número de muchachas que se encuentran anualmente en esta situación en los centros universitario—hasta donde he podido indagar, se trata de un dato que no se contabiliza. Tal vez puedan tomarse medidas que concedan ciertas facilidades a las jóvenes que, además de cursar la Enseñanza Superior, cuidan de su hijo.

Por el momento, la única solución acertada reside en una adecuada planificación familiar, así como en tomar cada decisión sin perder de vista sus consecuencias.

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