Un patriota en el corazón de Cuba

Autor:

Hugo García

«Mi corazón UD. lo sabe de memoria, como no tiene más que verse el suyo», escribía el Apóstol en 1893, en una carta a Juan Gualberto Gómez con sentido amor de hermano y cubano, que revela la admiración que le profesaba.

Es preciso recordar esa valoración martiana, cuando este sábado se rememora el aniversario 160 del natalicio del patriota con un acto en el poblado matancero que lleva su nombre.

Henry García González, historiador de Unión de Reyes, sostiene que Juan Gualberto tuvo la suerte de no ver cepo y látigos, y enfatiza que de niño sí participaba en los toques de tambores.

Su grandeza como cubano es resaltada por varios intelectuales y estudiosos, entre estos René González Barrios, presidente del Instituto de Historia de Cuba; el historiador y periodista Raúl Rodríguez La O, el investigador matancero Faustino Gómez Brunet y no puede faltar su biznieta Mercedes Ibarra Ibáñez, cuya pasión por su bisabuelo es bien conocida.

Mercedes considera que tuvo en su vida muchas páginas victoriosas: «Cuando votó en contra de la Enmienda Platt estaba consciente de que no lo lograría, sin embargo, por su hombría, dignidad y conciencia independentista presentó su protesta, y si hacemos un paralelismo fue como Antonio Maceo en la Protesta de Baraguá».

Martí y Juan Gualberto se conocieron personalmente en 1879, en La Habana, donde conspiraron y unieron sus sentimientos independentistas.

«Cuando dos almas e inteligencias se unen, enseguida saben que hay compatibilidad. Por eso, aunque cada uno escogió su rumbo en aquellos días, cuando llegó la hora de la verdad, en que Martí funda el periódico Patria y tenía en mente fraguar la guerra de independencia, fue cuando escuchó el nombre de Juan Gualberto y empezaron a cartearse casi diariamente, y confió en él, como almas afines que no hay quien las separe», asegura su biznieta.

Al oír el amor y devoción con que estos estudiosos hablan del mulato, comprendemos más su altura como cubano. Unió a los negros y blancos para conquistar la independencia de Cuba. Trasciende además, porque siendo un hombre de letras, el 24 de febrero de 1895 estuvo presente en La Ignacia, en el poblado de Ibarra, mientras hubo otros independentistas con experiencia militar que, por causas que se ignoran, no estuvieron el día del alzamiento.

Llama la atención el análisis de Gómez Brunet, quien sentencia que estuvo en el alzamiento, más que para cumplir con su amistad con Martí, por algo superior, que fue el Partido Revolucionario Cubano (PRC), un legado para siempre.

En París, con poco más de 15 años, se identificó con la Guerra Grande iniciada el 10 de octubre de 1868, y ya mostraba su preocupación por el desenvolvimiento de Estados Unidos.

«Me di cuenta de que era un hombre de ideas avanzadas. Estando en París empieza a identificarse con la causa de su pueblo, porque era un hombre de principios, de una ética envidiable, por eso me enamoré de su figura. Él era todo principios, todo amor, inteligentísimo, con una cultura vastísima, amante de la lectura, que leyó a los clásicos, con profundos conocimientos de historia y geografía, y estudió a los grandes filósofos, pintores y políticos de su época. De ahí que se convirtió en un ejemplo, y un hombre como ese le era muy útil a Cuba. Por eso Martí lo hizo su amigo y divulga sus ideas y su pensamiento», comenta Rodríguez La O.

Ellos se encontraron poco, pero ese tiempo bastó para apreciar esos valores cívicos, morales, políticos, la honradez y lealtad a su tierra. «Si Juan Gualberto hubiera sido blanco, se hubiera divulgado más, porque a un negro le costaba más en su época, por envidia y racismo. Fue él precisamente el precursor del antirracismo», resume Rodríguez La O.

No fue casual que se convirtiera en el hombre en quien Martí depositó las riendas de la conspiración en Cuba para el alzamiento del 24 de febrero y uno de los intelectuales cubanos más destacados del siglo XIX y de las primeras décadas del XX.

Periodista, poeta, político, la visión que tuvo como revolucionario durante la Guerra del 95  la mantuvo después en la República, que nació frustrada, por las limitaciones que le impuso la Enmienda Platt. Fue previsor al denunciar los alcances de la penetración norteamericana.

Son razones suficientes para, como enfatiza su biznieta, amar su figura y dar a conocer sus ideas.

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