Escocia sigue en el Reino Unido, y algo más

Autor:

Lázaro Fariñas

Hace varias semanas empecé a ver una nueva serie televisiva en la cual se explica, con bastante certeza, la relación que existía entre escoceses e ingleses en 1743. Es un drama bastante entretenido acerca de una enfermera inglesa quien, a raíz del final de la Segunda Guerra Mundial, mientras paseaba con su esposo por los campos de Escocia, tocó una piedra que tenía ciertas características místico-religiosas y, sin saber cómo, desapareció de su realidad y apareció en el mismo lugar geográfico, pero 200 años atrás.

La mujer en cuestión es llevada al castillo de uno de los clanes que en Escocia existían y en donde, al principio, sospechaban que era una espía inglesa. Era la época en que hacía solo unos años que Escocia e Inglaterra se habían fundido en un solo reino, después de numerosos conflictos entre ambos.

Para los ingleses de aquellos tiempos, según la serie de televisión y también la historia, los escoceses eran poco menos que unos salvajes. A los ojos de los anglosajones, aquel pueblo no tenía cultura alguna y, más que unirse con ellos, en realidad consideraban que los habían anexado.

Fue en 1707 que, después de una interminable cadena de guerras, el Parlamento escocés se disolvió para unirse definitivamente al Parlamento inglés y los reyes de Inglaterra empezaron a reinar sobre Escocia.

Fue en un referendo, llevado a cabo en 1997, que se restableció el Parlamento escocés, a pesar de que, en una consulta popular llevada a cabo en 1779, la misma propuesta había sido rechazada.

Durante esos más de 300 años de unión, los escoceses han ido adquiriendo, poco a poco, más y más autonomía, pero aún les queda mucho camino por recorrer. Como todo el mundo sabe, hace unos días se llevó a cabo otro referendo en Escocia y, como todo el mundo también sabe, el proyecto de separarse como un país independiente fracasó a pesar de que, hace solo semanas atrás, las encuestas estaban dando una ventaja a dicha propuesta independentista.

¿Qué pasó para que una propuesta de ese tipo haya perdido, cuando se sabe que la mayoría de los escoceses se declaran abiertamente nacionalistas?

La realidad es que la propuesta de crear allí un país completamente independiente es demasiado compleja.

Económicamente, hubiese sido un desastre para ambos; políticamente, un torbellino para los políticos, y socialmente, una tremenda incertidumbre para la población.

Ya renunció el Primer Ministro escocés debido a los resultados de la consulta y se estaba pensando en la renuncia del primer ministro británico, David Cameron, y lo mismo con el líder de la oposición, el laborista Ed Miliband, en caso de que hubiera ganado el «Sí». Cameron fue el que le dio luz verde al referendo, y lo hizo, aparentemente, sin medir a fondo lo que ello traería si triunfaba la separación. En realidad, poca campaña realizó para que triunfara el «No». Lo mismo pasó con Miliband, quien solo a última hora se apareció en Escocia para trabajar a favor de esta propuesta. Es incomprensible la actitud asumida por ambos políticos.

De todas formas, el Reino Unido se ha tambaleado con esta consulta popular. Londres se ha visto obligado a ceder más autonomía a Escocia y tiene que entender que, a pesar de cederla, de prometer más independencia en la toma de decisiones y casi chantajear a los escoceses metiéndoles miedo a los electores sobre las consecuencia de una victoria del «Sí», el 45 por ciento de estos votaron por ser independientes. Es decir que, a pesar de los pesares, casi la mitad de la población electoral de aquel país votó por separarse definitivamente del Reino Unido.

A mi modo de ver, no creo que le hubiera convenido a los escoceses declararse independientes después de tantos años de estar unidos al resto de los pueblos que componen esa Unión. En el mundo globalizado de hoy, en el que las economías se han estado compactando, es un disparate tratar de montar tienda aparte. Escocia se hubiera tenido que retirar de la Unión Europea y, con ello, pagar las consecuencias de dicha acción. No es fácil buscar nuevos mercados, nueva moneda, nuevas asociaciones. Estoy seguro de que los escoceses hubieran tenido ante sí un camino difícil que recorrer. Parece que la mayoría lo vio así y decidieron no correr ese riesgo.

Vamos a ver si también los catalanes lo ven de la misma manera y no se lanzan en tan arriesgada aventura.

Y ahora, escribiendo como los locos, debo decir que, el mismo día en que se realizó el referendo allá en Europa, se llevó a cabo otro en la República Bananera de Miami. La morralla anticubana de esta ciudad convocó al pueblo del «exilio» a que acudiera a un «acto de repudio» frente a un teatro donde se presentaba un grupo musical cubano.

A pesar de que se pasaron un montón de días convocándolo, la morralla perdió de calle frente a la presentación del grupo Buena Fe, que vino a cantarnos a los cubanos que aquí residimos y que amamos a Cuba. Resultado final: 90 por ciento dentro del teatro, disfrutando de la música, contra el diez por ciento afuera, gritando improperios y sudando odios.

*Periodista cubano radicado en Miami

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