Sin bajar la cabeza…

Autor:

José Alejandro Rodríguez

No falló con su profecía el visionario de la Historia, una suerte de Nostradamus con causa, quien en días lejanos, y ante el asombro de unos y la duda de otros, aseguró que volverían. Gerardo, Ramón y Antonio retornaron a casa con la frente en alto y los pantalones bien puestos, como antes lo hicieron sus hermanos René y Fernando.

Los Cinco, que nunca claudicaron ni se postraron ante tantas acechanzas, reeditan, como humildes guerreros, la parábola de la intrépida Cuba frente al gigante posesivo. No le dieron ni un tantito así, al decir de Ernesto Guevara de la Serna.

Estos heraldos del coraje tienen la gloria de precipitar, con su resistencia victoriosa, una nueva era en las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, no exenta aún de complejas divergencias y de la necesidad de desagravios.

La alegría cundió a lo largo y ancho del país de diversas formas, para levantar el ánimo tras un año muy duro. Sí, porque este pueblo se hizo padre, hermano, hijo de esos valientes. Y porque en este mundo enfermo de violencia, la gente admira a quienes dan la cara a los aventureros del terror, esos que andan sueltos y tranquilos, hasta morir cómodamente y decrépitos en confortable lecho.

La reconfiguración de la tradicional relación hostil Estados Unidos-Cuba, que ya transita hacia la reanudación de relaciones diplomáticas, aún tiene muchos escollos por salvar, como el bloqueo económico y comercial que ha lacerado la vida de los cubanos, y nos ha cercado al extremo de limitar sueños, emprendimientos y esperanzas.

En medio de la contentura, hace falta aplomo para vislumbrar que sobrevendrán tiempos mucho más complejos y sutiles para la Revolución Cubana. La vía suave de la coexistencia puede inundarnos y desarticularnos, atrapando nuestros espacios vacíos en todos los órdenes, aprovechando nuestros propios errores y atavismos.

La dignidad de los Cinco nos hace falta en extremo plasmarla hacia adentro del país en hechos irreversibles frente a nuestros propios bloqueos internos, desórdenes y manquedades; en actos que pongan orden y repartan esperanza y felicidad.

Ante la buena nueva de las mejorías en las relaciones con el vecino de arriba, estos cinco hé-roes, que hoy recuperan sus ansias en brazos amorosos, dejan una lección ineludible a la Revolución Cubana: no se puede bajar la cabeza, ni eludir el inteligente enfrentamiento a todo lo que nos frena, adormilados en la autocomplacencia.

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