¿El alma en el bolsillo?

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

¿Podría ponerle precio a su existencia? ¿Asumiría riesgos de cualquier tipo con tal de llenar sus bolsillos y cuentas de banco? Varias preguntas a la vez en pocas líneas, pero la respuesta no tendría que demorarse en aparecer.

El dinero mueve al mundo pero no siembra vidas, y así deben haberlo comprendido los involucrados en los 49 casos de tráfico ilícito de droga detectados por las fuerzas de la Aduana General de la República (AGR) en 2014 —como parte del Sistema Ministerial de Enfrentamiento. De ellos, diez tipificaban a las conocidas «mulas tragonas» al utilizar el cuerpo como medio de transportación.

¿Cuánto dinero puede hoy devolverles su libertad a quienes quisieron burlar la ley? ¿Cuántos billetes hacen falta para atrasar el tiempo y evitar que sufran las consecuencias para la salud de la ingestión de cocaína?

Preocupan las estadísticas comentadas a esta reportera por Daniel Noa Monzón, inspector principal de la AGR: la edad promedio de quienes participaron en el tráfico ilícito de drogas el pasado año oscila entre los 30 y 45 años, sin obviar que muchachos de apenas 20, 23 y 27 años se enrolan en este negocio.

Los modus operandi son diversos y, por fortuna, la pericia de quienes laboran en frontera impide que penetre a nuestro país esa droga, que se pretende enmascarar en el interior de pomos de shampoo y crema; en las manijas, ruedas, varillas y doble fondo de las maletas; en las figuras de yeso y cerámica, en los bultos postales, en las partes y piezas de autos y motos, en el interior de bafles y baterías, en tornillos…

Lamentablemente, también varios incautos han arrojado números tristes a las cifras del 2014, pues desconocer el contenido de ese «favor» que se le hace a alguien o de esas libras que vendemos para llegar económicamente más «desahogados» no los exime del cumplimiento de la ley establecida. ¿Quién podría imaginar que en un carro de juguete o en una muñeca se escondería este tipo de sustancias?

Las sanciones penales en nuestro país son explícitas en relación al narcotráfico. En cuanto al consumo de drogas u otros estupefacientes en el territorio nacional, la AGR labora para la detección de posibles consumidores entre los viajeros extranjeros. En el 2014, fueron 32 de estos los que arribaron con ciertas cantidades de marihuana para su «placer» personal, y por ello conocieron el peso de la legislación; se procedió al decomiso de la sustancia y se les impuso la multa correspondiente.

La preparación del personal aduanero debe ser intensa y sistemática porque, además, no puede limitarse ya a sospechar de personas de determinadas latitudes, ni de métodos tradicionales según la tendencia histórica.

Estos resultados exigen un autoanálisis en torno a nuestros valores como sociedad, pues si algunos de quienes la integran pretenden enriquecerse a costa de las adicciones de otros, bien valdría la pena examinar qué anda mal en la gestación de principios del bien colectivo que debe regir a diario nuestro actuar.

¿Por cuáles caminos torcidos transitan esas personas que aspiran a repletar sus bolsillos al traer droga en su equipaje o en su tracto digestivo? ¿Cuán poco quieren su vida y la de sus semejantes cuando dejan que el bolsillo les domine el alma?

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