¿Rejas?, ¡solavayaaaaa!

Autor:

Nelson García Santos

Mientras caminamos por ciudades y pequeñas localidades vemos por todos lados, empotradas en viviendas, majestuosas o modestas rejas, cuyo desenfrenado auge parece que llegó para quedarse y, de paso, imponer un paisaje urbanístico macarrónico.

En realidad, resultan bastante toscas en su mayoría, sin obviar que existen también las concebidas con más belleza. Y, últimamente se ha pasado de enrejar nada más que las puertas y ventanas, a hacerlo con los portales completos y hasta los balcones.

Ese entusiasta enjaulamiento que se asume en muchísimas casas, con la creencia de que las viviendas resultan así inexpugnables, paradójicamente pone en potencial riesgo la vida de sus moradores. ¿Lo sabrán?

En definitiva, cada cual puede decidir si vive o no tras las rejas, pero deben existir reglamentaciones para evitar, como ocurre ahora, que la inmensa mayoría de las puertas enrejadas abran hacia la calle y frecuentemente las mantengan abiertas de par en par e interrumpan el paso de los peatones por la acera.

Sería bueno que Planificación Física tenga en cuenta, en el actual reordenamiento urbanístico, la prohibición de puertas que abran hacia el exterior, un espacio público fuera de la jurisdicción de los moradores de la vivienda.

No sería un extremismo porque basta    fijarse en aquellas rejas que datan de      muchísimos años, para cerciorarse que todas abren hacia dentro del inmueble. Para afuera tenían que tener dos piezas con bisagras para poder pegarlas a la pared exterior. Estaba vedado hacerlo de la otra manera.

Pareciera que no existe una legislación que lo impida; pero si está reglamentado, entonces a los encargados de vigilar por su acatamiento se les olvidó y la convirtieron en letra muerta, un mal enraizado y persistente como el marabú.

Si actualmente hubiera esa reglamentación, de seguro fueran menos los enrejados, porque sería más difícil instalarlas para abrir hacia adentro de la vivienda. Les ocuparía un espacio interior o tendrían que hacer una remodelación de la casa.

El origen del enrejamiento se debe,      según aducen, netamente a dotar a la vivienda de una mayor seguridad contra la acción del posible malhechor, pero esto a costa de correr un riesgo que nadie tiene en cuenta. ¿Cuál?

Vivimos en un país tropical donde las tormentas eléctricas abundan, y las verjas atraen los truenos. De ahí que se recomienda alejarse de estas y de toda clase de maquinaria, vehículos y herramientas. Nunca se debe estar detrás de una ventana durante una tormenta.

Entonces, este vivir entre rejas puede, relativamente, ponérsela más difícil a los cacos para traspasar las puertas, pero a cualquiera se le ponen los pelos de punta  al saber que está detrás de imanes para los rayos. ¡Solavayaaaaaa!

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