Diarios y listas

Autor:

Yisell Rodríguez Milán

En una pequeña gaveta, bajo llave, encontré hace unos días uno de mis diarios. Se trata de una agenda obtenida hace seis años en la Universidad y cuyo color azul me recuerda, de pronto, esa otra suerte de recogedor de vivencias cotidianas que se llama Facebook.

El primer mensaje es del 5 de julio de 2009. Tenía entonces 21 años y lo que escribía contenía mis inquietudes, obsesiones y planes futuros. Casi todo, además, lo resumía en forma de listas.

Supongo que mucha gente joven suele redactar así para recordar de una manera sencilla sus metas o deudas, especialmente de un año para otro, pero pocos las guardan. De hacerlo constatarían cómo esos resúmenes posteriores a la adolescencia, con el paso del tiempo, evidencian las huellas que deja en cada cual el presente de su país.

La experiencia va de lo particular a lo general, mostrándonos que somos más que seres sueltos y sin conexión con la sociedad, que acaba por definirnos de la manera en que nos perciben nuestros vecinos, colegas, familiares, amigos y hasta los desconocidos, pues sería ingenuo pensar que solo somos analizados por quienes conocemos.

Pero volviendo a las listas. Al principio, en la primera juventud, se suele enlistar lo que se desea para sí mismo. Algo así como mejorar las notas, ser más feliz, no descuidar la selectividad en el amor, practicar ejercicios o compartir más con los amigos.

Cinco o seis años después, las necesidades cambian. Ahora mismo la lista más sencilla de un joven graduado del técnico medio o la Universidad podría ser, por ejemplo, la siguiente: ejercer lo que estudió, buscar un segundo empleo, aprender inglés, ahorrar para comprar una casa, cumplir una misión internacionalista y, claro, tratar de ser feliz con todo eso.

Por supuesto, hay tantas listas como proyectos de vida.

Están aquellos jóvenes para quienes aprender un idioma, no es tan importante como construir un hogar con la pareja que eligieron.

Otros apuestan por maestrías y doctorados que quizá los lleven fuera de casa y los induzcan a aplazar la construcción de una familia, que ya sus amigos del Preuniversitario o la Universidad tienen establecida.

Y no faltan quienes tienen en sus manos listas mayores, como la lista de Cuba. Se trata de muchachos y muchachas que allí donde están definen estrategias económicas y proyectos de desarrollo que impactarán en la vida de millones de cubanos y cubanas.

Esas son las listas más difíciles, las de mayor responsabilidad y de las cuales dan cuenta esa suerte de diarios a gran escala que son los medios de prensa.

Me provoca tristeza que en estos tiempos casi nadie escriba diarios personales, con lo entretenidos e ilustrativos que son. Ahora nos gusta postear en Facebook, pero esa red social, como todo lo que hacemos en Internet, tiene la particularidad de que lo privado se vuelve demasiado público, y eso, quizá, no nos dé tiempo a revisarnos bien por dentro.

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