Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Después del primer cigarro, ¿qué?

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

A propósito de este 31 de mayo, Día Mundial de la Lucha contra el Tabaquismo, me convierto en una ciberpolilla con el afán de encontrar en Internet información novedosa y numéricamente argumentada en relación con este mal hábito, sus costos sociales y económicos, y las iniciativas que se despliegan en el mundo para contrarrestar su nocividad en la salud de fumadores y no fumadores.

Ansío sorprenderme con el hallazgo de alguna noticia en la que se anuncie la aprobación de una ley antitabaco en Cuba, normativa que espero se aplique con rigor como no sucede actualmente con los acuerdos adoptados sobre el tema por el Consejo de Ministros, las regulaciones complementarias de la Ley 109, Código de Seguridad Vial, y las resoluciones de los ministerios de Salud Pública, Educación, Comercio Exterior e Inversión Extranjera; Industria Básica; Transporte, Cultura, y el Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación, documentos que en cada uno de los sectores prohíben el acto de fumar en determinadas circunstancias.

Frustrada mi búsqueda en lo concerniente a nuestro país, encuentro entonces una vez más los llamamientos mundiales a instar a los fumadores a que saquen sus cuentas para que abandonen un vicio que les «chupa» el bolsillo y que reflexionen en torno a los gastos ocasionados a los gobiernos. De hecho, los ingresos a instituciones hospitalarias por enfermedades asociadas al tabaquismo son cada vez más crecientes.

En mis constantes clics en hipervínculos que despiertan mi atención, llego a leer que la Organización Mundial de la Salud y la Secretaría del Convenio Marco de esta organización para el Control del Tabaco convocan en este año a todas las naciones a alistarse para el empaquetado neutro de los productos de tabaco.

Plantean que esta es una importante medida de reducción de la demanda, pues disminuye el atractivo visual de estos productos, restringe el uso de los paquetes como soportes para publicitar y promover el cigarrillo, limita el etiquetado engañoso y aumenta la eficacia de las advertencias sanitarias.

Algo similar tenemos ya en Cuba, pues podemos leer mensajes de promoción de salud en las caras de las cajetillas. Sin embargo, ello no reduce su compraventa, ni siquiera ahora que aumentaron los precios de los cigarrillos, en las tiendas recaudadoras de divisa.

Si de reducir el atractivo de los productos del tabaco se trata, ¿cómo pudiéramos triunfar en esa batalla en nuestro país, si las reflexiones sobre las consecuencias negativas del hábito de fumar se circunscriben, la mayoría de las veces, al día de hoy.

Persisten incongruencias… Se expenden cajetillas de cigarros en los servicentros Cupet, cuando una imprudencia minúscula pudiera ocasionar un incendio de grandes dimensiones. He visto a algunos dependientes de cafeterías y puntos de venta no tomar en cuenta la minoría de edad del comprador, quien en no pocos casos pide también unas cuantas cervezas o una botella de ron, «para el fiestón que vamos a tener ahora».

Si sigo enumerando, no faltan quienes conciben en el discurso visual de un videoclip, un teleplay, una telenovela o una obra de teatro personajes que, cigarro en mano, denotan sensualidad y erotismo en sus maneras, en su gestualidad en escena.

¿Cómo lograr, entonces, que el mal hábito no se enraíce en los menores? Si aquel ve al padre o a la madre fumar en cualquier lugar, lanzar el cabo en las esquinas y de inmediato tener el otro a la mano, o si es precisamente el padre o la madre quien le pide que le busque una cajetilla en la bodega o en la casa de la esquina.

¿Cuántas veces un maestro aprovecha oportunidades en el horario escolar o en actividades extracurriculares para hablarles a sus alumnos del tema, invitarles a escuchar el testimonio de quien dejó de fumar y hoy se siente bien de salud o simplemente pedirles que escriban lo que saben y piensan al respecto para propiciar el debate? Puede que también el propio maestro fume y, entonces, ¿con qué ejemplo predicaría?

Un adolescente que crece en una casa donde no existen ceniceros tiene pocas probabilidades de iniciarse en el consumo de esta droga (porque el tabaquismo es una adicción como otras), pero aun así no estaría de más que sus familiares le «inyectaran» la información necesaria sobre el vicio para lograr en él el autoconvencimiento que le permita permanecer inmune ante cualquier invitación a fumar de un amigo, una novia, un colega.

Al final del rastreo digital me resisto a pensar que iniciativas globales como la de promover hoy 24 horas sin fumar surtan efecto. ¿Cuántas personas responderán a ella y cuántas superarán el lapso de tiempo pedido?

¿Qué hace falta entonces? Dignos ejemplos de imitar, cero doble discurso, más ingenio al servicio de lo que no puede convertirse en un sermón, pues será ignorado con certeza… Hace falta tener delante la verdad de alguien que sucumbió ante esta adicción para estar seguros de que no queremos tener el mismo destino.

Pensemos más y mejor en lo que podemos hacer para evitar que se multiplique el número de personas que no imagina qué será de su vida justo después de colocar el primer cigarro en sus labios.

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