En Vueltas no hay vuelta

Autor:

Nelson García Santos

En Vueltas, donde decir parranda resulta delirio, los barrios Jutías y Ñañacos salieron a la calle para darle un toque muy, pero muy peculiar a la fiesta del trabajo.

Para los lugareños esa alegría no fuera completa, si faltaran las congas, los changüíes y los diferentes toques de tambores, tan pegajosos que hacen moverse hasta una estatua.

Según historiadores de las parrandas de esta localidad, el nombre de los barrios surgió después de esta cuarteta: Julio Flores, no te aflijas /ni te pongas tan bravo, /pero en ese callejón, /na más que viven jutías. A lo que Julio contestó: No voy a coger temor, /por esos cantos verracos, /yo que soy buen rimador; /y ustedes, unos ñañacos.

Lógicamente, fiesta tan genuina, querida y enraizada en la población, desde el siglo XIX, siempre está presente cuando se trata de expresar bienestar y satisfacción.

Consecuentemente, el desfile aquí por el Día Internacional del Trabajo, lo abrió el barrio Ñañacos, portando sus estandartes y haciendo sonar los tambores, con su emblema desplegado, el gallo, ¡qué casualidad!, el símbolo de la bravura.

Y esa imagen de coraje trascendía de la multitud de voltenses, que enarbolando retratos de Fidel,  del Che Guevara… paseaban la victoria de la Revolución que, contra todos los embates, sigue lozana en el corazón de los genuinos revolucionarios.

Porque, en Vueltas, que debe su nombre a su ubicación geográfica, ya que se encontraba en las vueltas del camino a Taguayabón, no hay retorno a aquel pasado de pobrezas y desesperanzas.

Viendo el desfile, entre los rostros más felices, por no decir el más, estaba el de Juan Bautista Ferrer Falcón, presidente del Consejo Popular de esta localidad villaclareña. Este hombre lleva 22 años desempeñando esa función.

Este indomable contra todo lo mal hecho se sabe de memoria cada vericueto de esta localidad, y el trayecto del desfile que ha realizado durante más de 20 años.

Tan satisfecho lo aprecio que pienso dos veces para interrumpirle ese placer, pero sé también que en un momento de emoción suelen surgir diáfanas las palabras: «qué te voy a decir, míralo tú mismo, ¡ese es el pueblo de Fidel!».

Vuelvo a dar una ojeada a la multitud que a viva voz exclama: «Yo soy Fidel», y expresan su lealtad al concepto de Revolución y a la unidad, mientras las banderas nacional y del 26 de Julio lucen más bellas en manos que nunca las dejarán caer.

Luego se hacen más fuertes los toques de tambores, el barrio Jutías viene cerrando el desfile. Después vino la apoteosis en una fiesta donde prevaleció la cultura. El pueblo de Vueltas había acabado de testimoniar que nunca habrá marcha atrás.

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