El justiciero de Anais - Opinión

El justiciero de Anais

Autor:

Yuniel Labacena Romero

La razón es como un brazo colosal que levanta a la justicia donde no pueden alcanzarla las avaricias de los hombres.

José Martí

No existe nada más tierno y lleno de sabiduría que los niños, esos que cada día nos atrapan con su sensibilidad, talento e ingeniosidad. Y no porque lo diga yo ni lo veamos diariamente por el mundo, sino porque lo vuelve a revelar una carta, la que nos envió la pequeña Anais Calvo Borges.

Ulises, el hermano de la niña, fue quien nos hizo llegar, a través del correo electrónico, la misiva, en la cual, después del saludo, se puede leer: «Soy Anais Calvo Borges, tengo 11 años y estoy en 6to. grado. Leí su artículo, y les escribo para decirles que me pareció muy interesante que hablara del bullying o acoso escolar… Me gustó porque nos enseña a respetar la vida de las personas débiles físicamente y a no discriminarlos por como son.

Y agregó: «Solo que, no lo tomen como desagrado, pero entre los perfiles de los involucrados les faltó el justiciero que ayuda a las víctimas del acoso. Se pudiera pensar que no son muchos los interesados en defender al compañero que está siendo agredido, pero con que haya uno, basta para que sea más importante que todos los demás», decía Anais.

Pequeña de edad, aunque gigante de espíritu, se nos mostró esta pionerita, precisamente cuando los autores del trabajo ¿La ley del más fuerte? expusimos las particulares de cómo identificar a quienes se implican en esa forma de violencia que es el acoso escolar. Ella, que ha nacido en una Isla inmensa —que siempre ha repartido dicha y bienestar— sabe que respetar al prójimo no debe ser ley del mañana, sino humanidad de ahora y de siempre.

Quizá Anais conozca de las lágrimas, de la soledad, o de las humillaciones, o en su reverso de las sonrisas irónicas o burlescas de algunos de sus amigos o compañeros de aula, víctimas o victimarios del acoso; o tal vez haya sido de esos compañeritos que salen a defender a quienes son hostigados.

Tiene ella toda la razón, como también la poseía el Che, cuando en una carta de despedida a sus hijos les decía (nos decía): «Sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario». Por ello, la pequeña nos convida a convertirnos en justicieros frente al maltrato. ¿Cómo hacerlo?, es la pregunta que se impone.

Tal vez deberíamos comenzar por hacerle saber a quienes son humillados que nos importan, incluyámoslos en nuestro grupo o denunciemos ante los demás lo triste de su situación. Ello podría ayudar a aumentar su confianza y autoestima. El maestro, los padres u otros adultos también pueden ayudar en ese empeño. Lo importante es no callar ante lo que no está bien. Como hizo Anais con su misiva.

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