Sumergido en una PC

Autor:

Yasel Toledo Garnache

Un lector escribe preocupado por su hijo y la dependencia a la tecnología, a la cual define como droga del siglo XXI. Narra que el adolescente es adicto a internet y a los videojuegos, por lo cual pasa horas en un Joven Club de Computación y Electrónica (JCCE), sin que parezca importarle nada más en su vida.

Narra que ya él tiene un trauma y hasta se pone agresivo como los personajes digitales, por lo cual lo lleva a una consulta con el siquiatra. Este hombre, quien define a su muchacho como bueno, asegura no ser el único padre preocupado por la situación, a la cual se suma que muchos infantes y hasta alumnos de secundaria básica y preuniversitario no comen a veces por permanecer frente a la computadora, y ahorran el dinero de sus meriendas para pagar el tiempo de máquina en los JCCE o la conexión desde una zona wifi.

Además, descuidan los estudios y las tareas extraclases, lo cual resulta más preocupante cuando se acercan las evaluaciones finales del curso académico.

Él pregunta cuál es el horario establecido de los JCCE y si acaso es posible regularlo mejor.

Yoanny Ramírez Chávez, director de uno de los JCCE de Bayamo, en Granma, manifiesta que esas instituciones tienen abiertas sus puertas durante las 24 horas del día, y cada una le cuesta a un usuario dos pesos en moneda nacional, por lo cual la jornada completa valdría 48, pero cuando acceden a la navegación .cu, el valor sube a tres, para un total de 72.

«Mientras ellos tengan dinero en sus cuentas pueden estar sentados, porque nuestra misión es brindar servicios, lo otro es responsabilidad de las familias», expresó con seguridad, aunque luego refirió que los trabajadores de JCCE son consecuentes con las orientaciones de los padres, cuando piden que su hijo solo esté 120 minutos, o salga de la instalación a una hora determinada.

Según conocimos en el JCCE, al cual accede el hijo del lector en uno de los municipios costeros de esa provincia oriental, ese abre desde las ocho de la mañana hasta las ocho de la noche los sábados y domingos, y los restantes días, en una ocasión hasta las 12 y en la otra las 24 horas, pues le falta una persona capacitada para el horario de la madrugada.

Según explicaron, lo normal es que los usuarios estén todo el tiempo deseado en las computadoras, pero cuando otros esperan para entrar hacen un cambio obligatorio cada cuatro horas.

Verdaderamente, algunos niños y adolescentes suelen estar demasiado tiempo sumergidos en los monitores, lo cual resulta peor por los juegos a los que acceden, en su mayor parte de tiros, peleas, imperios y guerras.

Internet, las tabletas electrónicas, celulares y otros dispositivos son como poderosos imanes, con efectos positivos y negativos, a cuyos encantos es difícil resistirse.

Lo lamentable es ser víctimas modernas, atraídas demasiado por sus redes seductoras. Estudiosos señalan efectos desfavorables, incluidos el aislamiento social, la ansiedad, el desánimo, falta de concentración, cambios emocionales, desórdenes bipolares, estrés e insomnio, provocados por ciertos contenidos y elementos como el brillo y las ondas electromagnéticas, emisiones de radiofrecuencia, microondas, sonidos peculiares y excesivos…

Explican que en los niños y adolescentes eso puede tener dimensiones mayores, porque, al estar alejados de la realidad, crean un mundo imaginario y adquieren, por imitación, actitudes agresivas y violentas. Otros factores son la disminución del rendimiento cognitivo, con afectaciones a su desarrollo mental óptimo, déficit de atención y de función ejecutiva, aprendizaje disociado, una mayor impulsividad y menor capacidad de autocontrol.

Los adultos no escapan totalmente de esto, pues también existen casos de hombres y mujeres adictos, algunos de los cuales son despedidos de sus centros laborales en diversos países por estar demasiado en redes sociales como Facebook o WhatsApp, y hasta reciben atención en clínicas. 

La situación puede complejizarse más en Cuba, donde la tecnología no es tan abundante como en otras naciones, pero se avanza en la informatización y aumentan los dispositivos y niveles de acceso, con opciones como el Nauta Hogar y las zonas wifi.

En toda esta situación, el papel de la familia es fundamental, como principales responsables de los pequeños, a quienes resulta esencial ponerles «mano dura» a veces. La solución no puede ser cerrar más temprano los JCCE, creados el 8 de septiembre de 1987, los cuales debieran estar abiertos permanentemente, como computadoras de la sociedad, útiles también para realizar tesis de licenciatura, maestría o doctorado, comunicarse con seres queridos, realizar diferentes trabajos investigativos, copiar audiovisuales, recibir cursos de preparación informática…

Consideramos necesario revisar y determinar cuáles son los videojuegos más pertinentes en esas instituciones, pues muchos podrían unir lo lúdico y lo formativo, como parte de un proyecto que también pretende incidir de manera positiva en la formación de las nuevas generaciones y todo el pueblo, para lo cual brinda por ejemplo La mochila, compendio de materiales audiovisuales de buena factura.

En este sentido resulta indispensable el trabajo conjunto con Educación y otros sectores, para definir alternativas digitales que alimenten la inteligencia y el pensamiento, pero no las imágenes de golpes, disparos y sangre. Diversos juegos y multimedia podrían complementar lo recibido en clases, aunque seguramente al principio recibirán el rechazo de quienes ya están acostumbrados a las batallas y estrategias de combates, de las propuestas actuales.

Somos afortunados por vivir en una época con tantos avances, como lo fueron generaciones anteriores por diferentes razones, y lo serán las próximas. Nunca debemos satanizar la tecnología, fuente de numerosas bondades y potencialidades, que debemos aprovechar al máximo en la superación personal y colectiva, la producción, la economía, la ciencia… y el entretenimiento mesurado, conscientes de sus riesgos. 

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