Luz verde a la modificación genética de embriones humanos

Investigadores del Reino Unido recibieron la autorización para utilizar la técnica del «corta-pega» de ADN, a fin de profundizar en la comprensión de los primeros estadios de la vida

Autor:

Patricia Cáceres

«Todo es válido en nombre de la ciencia», piensan algunos. «Es jugar a ser Dios», aseveran otros. Por primera vez un equipo de científicos británicos ha obtenido la autorización oficial para modificar genéticamente embriones humanos. Y, como era de esperarse, la polémica está servida.

Se trata de la primera ocasión en que un país evalúa y aprueba el uso en embriones de una técnica de alteración del ADN, una cuestión que ha suscitado controversias por los temores a que la tecnología derive en tratamientos potencialmente peligrosos o abra la puerta a los llamados «bebés de diseño».

Concretamente, el permiso se ha otorgado a una investigación que dirige la estadounidense Kathy Niakan, del Instituto Francis Crick, de Londres, la cual pretende identificar los genes que necesita un embrión para desarrollarse e implantarse con éxito en el útero. De lograrlo —asegura— podría tener aplicaciones prácticas en el tratamiento de la infertilidad y en los abortos recurrentes.

«Podría encaminarse a mejorar la fertilidad y a comprender mejor las primeras etapas de la vida. La razón por la que es tan importante es que la infertilidad y los abortos son extremadamente comunes, pero aún no los comprendemos muy bien», explicó Niakan en un encuentro con periodistas en Londres.

La licencia fue otorgada por la Autoridad de Fertilización y Embriología Humana (HFEA, por sus siglas en inglés) del Reino Unido, para utilizar la novedosa técnica conocida como CRISPR/Ca9.

Se trata de una especie de «corta-pega» de ADN que permitirá activar y desactivar genes en las etapas primeras del desarrollo de los embriones humanos. Posteriormente el equipo de expertos analizará los efectos de dichas modificaciones en el desarrollo de las células que luego forman la placenta, refiere el diario El País.

La HFEA informó en un comunicado que los experimentos, que podrían dar comienzo en los próximos meses, se realizarán durante los primeros siete días después de la fertilización. La entidad insiste en que la licencia concedida incluye condiciones: «ninguna investigación que emplee selección genética se puede llevar a cabo hasta que haya recibido la aprobación ética» y «es ilegal transferir los embriones modificados a una mujer para tratamiento».

Los expertos esperan que los embriones que buscan modificar sean donados por parejas que tengan muchos otros almacenados, como parte de sus tratamientos de fertilidad.

«Los embriones sobrantes que se usarán en este trabajo habrán sido donados para fines científicos», destacó Alastair Kent, director de Alianza Genética UK, quien insistió en la relevancia de la contribución de los donantes de embriones en el campo de la ciencia.

Los expertos también han recalcado que no permitirán que los embriones cumplan su ciclo de crecimiento, sino que los estudiarán en las primeras etapas del desarrollo antes de destruirlos.

La autorización se ha registrado después de que investigadores chinos admitiesen el pasado año haber alterado los genes de embriones humanos para intentar eliminar un problema sanguíneo genético.

Los primeros siete días

Comprender exactamente cómo cada ser humano, formado por billones de células minuciosamente organizadas, procede de un solo óvulo fertilizado es el objetivo de Kathy Niakan, quien lleva más de una década estudiando el tema. Ha centrado la atención en los siete primeros días, en los que el óvulo se convierte en una estructura de 200 o 300 células, llamadas blastocisto o blástula.

Durante esa semana algunas células ya se especializan para desempeñar determinadas funciones. Se cree que unos pocos genes del ADN guían ese desarrollo, pero no se sabe cómo lo hacen o qué falla cuando se produce un aborto.

«Cuando un óvulo es fertilizado contiene material genético de la madre y el padre, que se replica idénticamente en dos células. Entre el tercer día y el quinto o séptimo, empiezan a expresar diferencias genéticas. Unas 20 células del blastocisto son las que tienen ese potencial de diferenciar. La pregunta es cómo se empieza con una célula simple y se obtienen luego esas otras 20, que son las importantes.

«De cien óvulos fertilizados solo 50 alcanzan la fase de blastocisto, 25 se implantan en el útero y solo 13 se desarrollan más allá de los tres meses. Si conseguimos comprender la formación del blastocisto podremos mejorar la fertilidad», afirmó Niakan.

A su juicio, muchos de estos genes que se activan en la primera semana tras la fertilización son únicos de los humanos, por eso resulta imposible estudiarlos en animales.

«Antes la suposición era que lo que era cierto para los ratones también sería cierto para los humanos. Pero ahora sabemos que es probable que eso no sea cierto. Parece haber, en realidad, bastantes diferencias», comentó Robin Lovell-Badge, compañero de Niakan en el Instituto Francis Crick.

Tras obtener la autorización, el equipo de Niakan podría crear los primeros embriones modificados con esta técnica para este mismo verano.

¿Ética o pánico moral?

En sentido general la decisión de la HFEA ha sido bien recibida por la comunidad científica británica. Por ejemplo, para Darren Griffin, catedrático de Genética de la Universidad de Kent, se trata de un triunfo del sentido común.

«Aunque es cierto que la perspectiva de edición de genes en embriones humanos ha suscitado una serie de cuestiones y desafíos éticos, el problema ha sido tratado de una manera equilibrada», comentó.

«Está claro que los potenciales beneficios del trabajo propuesto eclipsan con creces los riesgos anticipados. Es un claro ejemplo de cómo Reino Unido es líder mundial no solo en la investigación del desarrollo humano temprano, sino en las ciencias sociales utilizadas para regularla y monitorizarla», sostuvo.

La opinión la comparte Sarah Norcross, directora del Progress Educational Trust, del Reino Unido, quien considera que esta es «una victoria de la regulación equilibrada sobre el pánico moral».

No obstante, no puede negarse que se trata de un terreno controvertido, ya que muchos consideran que alterar el ADN de un embrión supone un paso que llega, éticamente, demasiado lejos.

En opinión de los críticos, los avances en la edición genética van más rápido que la reflexión acerca de sus implicaciones éticas.

Sarah Chan, investigadora de la Universidad de Edinburgo, reconoció que el uso de tecnologías de modificación de embriones toca temas sensitivos. Pero en esta investigación —ahondó— las implicaciones éticas han sido consideradas de forma cuidadosa antes de ser aprobadas.

«Debemos confiar en que nuestro sistema de regulación funciona de manera apropiada como para mantener a la ciencia alineada con los intereses de la sociedad», dijo.

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