Bodas y quince

Ambas festividades forman parte de la cultura y la idiosincrasia de los pueblos, pero celebrarlas juntas es toda una rareza...en Cuba y en cualquier otro lugar

 

Autor:

JAPE

Hace apenas unas horas se casó una pareja (de heterosexuales y humoristas) de muy buenos amigos míos, del dedeté y de JR. Esto no es noticia, si no agrego que, además, celebraron los 15 años de su hermosa hija. Analizando el caso a simple vista no parece tan complicado, incluso dirían: «¡Se ve que son humoristas!». Pero, si le damos vuelta al asunto vemos que hay mucha tela por donde cortar. No es tan fácil meterse en esa doble jugada. Con seguridad mi amigo pasará la luna de miel en algún hospital siquiátrico ya que ha roto con todos los cánones establecidos para estas actividades (bodas y quince) desde muchos años atrás.

Es bien sabido que quien celebra los quince de su hija no puede pensar en otra cosa durante los cinco años que anteceden la fecha, ni cinco años después. De hecho, existe en la sicología un trauma del sistema nervioso que deriva en una fobia llamada «quincifobia». Este trastorno también es conocido como: ¡ojalá que sea varón!, debido a la frase que reiteradamente escuchamos al padre que espera el nacimiento de su prole.

Las bodas, aunque no de manera tan complicada, también tienen sus características traumatológicas. Es cierto que en este caso la acción de contraer nupcias lleva sus ventajas. El hecho de casarte con tu novia (que no es tu esposa aún) el mismo día en que la hija de ambos cumple 15 años, tiene como ventaja saber lo que te espera en el matrimonio: ¡Has tenido 15 años (o más) para comprobarlo! También te puedes ahorrar el cake de la boda, porque al decir del buen cubano, el dulce te lo comiste hace rato.

Lo de casarse en Cuba (y en todo el mundo) sigue siendo pintoresco. Todavía se usa el descapotable (almendrón que cuesta más que el taxi Habana-Marianao a pesar de faltarle el techo) que lleva a los novios de la casa a palacio y de allí al hotel. En algunos casos esta usanza ha sido suplantada por una nueva variante: Bicitaxi de la casa al bufete y bicitaxi del bufete a la casa otra vez.

Recuerdo una vecina, cuya hija era más fea que una iguana trasnochada, que para criticar los «malos pasos» de las muchachas del barrio decía: «Mi hija no sale de esta casa si no es vestida de blanco». Su hija nunca se casó, ya saben por qué, pero no defraudó a su madre, porque se hizo santo.

Volviendo al tema de los quince y las bodas, son muchas las anécdotas posibles, pues está claro que ambas festividades forman parte de la cultura y la idiosincrasia de los pueblos. Cada uno de estos lo celebra a su manera, y muy rara vez, excepto en un caso especial, al mismo tiempo. Entonces, vamos a desearle mucha felicidad a esta familia, conocida por muchos cubanos, compuesta por Gabriela y Gretel, la hija y la esposa de Ramón Mustelier. ¡Que la vida les siga sonriendo!

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