Una tumba abierta - ¿En serio con las series?

Una tumba abierta

De cómo la televisión norteamericana «fusila» y refunda series foráneas, y de sus resultados

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

No es la primera vez, y al parecer tampoco será la última, que las cadenas de televisión generalistas estadounidenses fichen una serie original, que sobre todo haya funcionado internacionalmente, para «fusilarla» en busca de altos ratings. La frecuencia con que acuden a ellas hace pensar que definitivamente le tienen el ojo echado a las australianas, como la que inspiró a la nombrada Secretos y mentiras (Secret & Lies), que ahora transmite los sábados el canal Multivisión y a la cual ni siquiera se tomaron el trabajo de modificarle el título.

Quienes han visto Secret & Lies, la primaria, la de 2014, aseguran que esa que ocupa la pantalla doméstica, producida por ABC un año después, calca sin rubor aquella en la cual un formidable Martin Henderson (The Ring) se convierte en un padre de familia que descubre el cuerpo de un niño muerto y rápidamente se tornará en el principal sospechoso, aunque la víctima sea su propio hijo (lo que sabrá después). Allá el muchacho tiene como nombre Thom Murnane y aquí se llama Tom Murphy, mientras que en lugar de un policía será una detective (Juliette Lewis), la encargada de arrojar luz sobre el asunto.

Bueno, para ser del todo exactos, hay una diferencia muy «notable» con su predecesora, y es que Secret & Lies, la norteamericana, decidió elevar la cantidad de capítulos de seis a diez, inflando una trama que desde que arranca se presiente no dará para mucho, al tratarse de ese tipo de dramatizados en los cuales la historia gira en torno al empeño por esclarecer los hechos de un supuesto inocente, aunque, como ya sabemos, hasta casi la última secuencia los guionistas intentarán plantar en el televidente la duda de si habrá sido él o no el culpable.

Cierto que existe un número considerable de espectadores que gusta de estas producciones al estilo de esas películas que se pueden encontrar en las noches sabatinas, en las cuales disfrutan de jugar a adivinar quién es el homicida, siguiendo las pistas (muchas veces forzadas) que los guionistas van proporcionando. Pero, como regla, suelen ser más de lo mismo. Lo interesante aparece cuando consigue reunir alguna actuación atendible. Mas no es el caso de esta Secretos y mentiras, cuyo protagónico recayó en Ryan Phillippe, quien interpreta al buen Ben Crawford, hasta que «deja de serlo» cuando los medios se dedican a hostigarlo y los vecinos a repudiarlo, solo que estos últimos tienen muchas cosas que ocultar. Ben lo irá descubriendo capítulo por capítulo, en su lucha por limpiar su reputación.

Famoso por filmes como Crueles intenciones y por participar en el elenco de aplaudidas series como Damages, en Secretos y mentiras Ryan Phillippe no consigue despojarse de su imagen de chico sexy-rompecorazones del público adolescente que lo persiguió durante los 90 del pasado siglo, a la hora de emprender este viaje en que lo montó Barbie Kligman, creadora de las exitosas Práctica privada y C.S.I. Nueva York, y de esta ficción, para que con sus probados encantos se gane la complicidad de la audiencia.

Sin embargo, Ryan Phillippe no logra salvar esta historia que responde al género criminal y que ha sido contada infinidad de veces. Sinceramente el actor no despierta ningún entusiasmo en este papel que le han colocado de pintor casado con la inocente Christy (KaDee Strickland), con quien conforma un matrimonio que ha llegado a un punto crítico y del que nacieron Natalie (Indiana Evans) y Abby (Belle Shouse). Con excepción de su amigo de la infancia Dave Lindsey (Dan Fogler), muy pocos creen en él. En este desempeño, se echa de menos esa credibilidad que nos permita apreciar cómo la impotencia ante esos hechos que intentan hundirlo va derrumbando la vida personal y profesional de su Ben Crawford.

En el otro rol «estelar» de la serie se halla la muy conocida Juliette Lewis, nominada en 1991 al Oscar y al Golden Globe como mejor actriz de reparto por El cabo del miedo, pero que aquí no demuestra nada de nada. O sí: a fuerza de bótox desea seguirse mostrando juvenil, aunque esa «química milagrosa» solo consiga otorgarle algo un poco raro en la presencia de su personaje, la detective Andrea Cornell, que ella nos entrega todo el tiempo con «cara de situación», como si estuviera constantemente brava con alguien o por algo.

Juliette Lewis se ha defendido arguyendo que su personaje posee la capacidad «de desprenderse de las respuestas emocionales regulares —que la destruyen como ser humano— es exactamente lo que la hace genial en el trabajo», pero al igual que Phillippe no convence.

En cuanto al guion, no busca mucho más que conjugar, unos tras otros, engaños, intrigas, falsedades que conduzcan a diferentes puntos de giros en la trama para crear situaciones no pocas veces traídas por los pelos, con un único objetivo: hacer ver a Ben Crawford como el presunto criminal.

En ese aspecto y en la crisis familiar que desatará el hallazgo de la víctima descansa el guion por el cual apostó ABC, creyendo que con esta simple y entretenida historia conseguiría un producto con posibilidades de poder alargar hasta que la audiencia lo permitiera.

De hecho, ese poder de atrapar al televidente constituye el «secreto» que las cadenas televisivas guardan con celo: las eficientes fórmulas con que cuentan para generar ratings, solo que esta vez la «tumba» no quedó bien cerrada. ¿Será por eso que no funcionó con Secretos y mentiras? ¿Se habrán dado cuenta sus seguidores?

Si Multivisión decide transmitir la segunda temporada, el televidente comprobará que no se le dio lo que planeaba Barbie Kligman. «Por diseño, explicó, pensamos la serie así desde el principio. Una de las cosas que hace que este espectáculo sea grande es que cada temporada tiene un nuevo personaje y una nueva historia. Cuando estás tomando un modelo de diez episodios y nuevos personajes, puedes hacer casi todo lo que quieras para ellos».

Efectivamente, como mismo han hecho otras series al estilo de American Horror Story y True Detective, en las cuales cada temporada cierra con el fin de la historia que se contaba, para abrir en la próxima con una totalmente distinta, Barbie Kligman hizo regresar en una segunda entrega a la detective Cornell, para que investigara el asesinato de Kate Warner (Jordana Brewster), recién casada con Eric (Michael Ealy) —a la postre también el principal sospechoso del crimen—, quien cae desde la parte superior de un edificio.

Se equivocaron la Kligman y ABC al imaginar que Secretos y mentiras daría más jugo. La fruta se les secó antes de tiempo, por su falta de sustancia, y se ha unido al grupo de las series absolutamente prescindibles.

¿Horarios complicados?

 

Desde el punto de la audiencia, Secretos y mentiras constituyó un fracaso para ABC en la complicada noche de los domingos. Este 2017 la cadena tampoco ha tenido demasiada suerte después que su principal apuesta, el drama Time After Time, que versaba sobre viajes en el tiempo, fuera un fiasco. Excepto las comedias, casi no ha tenido ningún éxito rotundo entre sus novedades.

Bajo sospecha

 

Por su argumento y desarrollo, algunos consideran que no solo ABC se inspiró en la original de Stephen Irwin, sino también en la española Bajo sospecha. Mientras que Secretos y mentiras se emitió en Estados Unidos en la primavera de 2015, su «gemela» hispana salió al aire en febrero de ese mismo año, protagonizada por Yon González, Blanca Romero y Lluís Homar, y también tuvo dos temporadas. Curiosa casualidad, ¿no?

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