La peligrosa basura espacial

La red al día

Autor:

Amaury E. del Valle

La acumulación de desechos en órbita alrededor de la Tierra amenaza con dejar incomunicado a nuestro planeta en un futuro no muy lejano

Una explosión inesperada en pleno espacio de una pistola neumática que se utilizaría para engrasar unos mecanismos, provocó que a la astronauta Heide Stefanyshyn Piper se le escapara de las manos el bolso de herramientas, y se fuera vagando por el espacio sideral.

Este fue el único incidente que perturbó la misión que durante 6 horas y 52 minutos ejecutaron a espacio abierto Stefanyshyn Piper, de 45 años, y Steve Bowen, de 44, dos de los astronautas que recientemente arribaron a la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés) a bordo del transbordador Endeavour.

Tanto ellos, como los otros cinco astronautas del transbordador y los tres miembros de la Expedición 18 de la ISS, utilizaron este lunes el brazo robótico de la estación para tomar el módulo presurizado Leonardo, transportado por el Endeavour, con el fin de instalarlo en la ISS.

Mientras, el martes, Stefanyshyn y Bowen, en su salida fuera del módulo, sacaron un tanque de nitrógeno vacío para ponerlo en la bodega del transbordador, y trabajaron en el mecanismo de rotación de uno de los tres paneles solares, roto desde hace más de un año, al que repararon y lubricaron.

Esa fue apenas una de las primeras misiones que deben ejecutar los astronautas, durante las cuatro caminatas espaciales previstas. Las tareas forman parte de los intentos internacionales por ampliar el espacio habitable del orbitador espacial, que actualmente tiene acoplados varios módulos de investigación y desarrollo de materiales, pero que ya se va haciendo pequeño para la cantidad de astronautas que potencialmente llegan a habitarlo.

El incidente del bolso de herramientas, al cual la Agencia Aeroespacial de Estados Unidos (NASA), coordinadora de la misión, trató de restar importancia presentándolo como una anécdota curiosa, en realidad ha preocupado mucho a los expertos.

Entre otros detalles, se desconoce adónde habrán ido a parar las herramientas perdidas, las cuales se suman a la larga lista de objetos dejados por el hombre desde que salieran al cosmos los primeros objetos en 1959, y que hoy suponen una amenaza mortal para muchas misiones espaciales.

Edificio Espacial

El transbordador Endeavour, lanzado la noche del viernes 8 de noviembre de 2008 desde Cabo Cañaveral, en Florida, sureste de Estados Unidos, se acopló el domingo pasado a la Estación Espacial Internacional.

La nave lleva 14,5 toneladas de materiales y equipos para duplicar de tres a seis personas la capacidad de hospedaje de la ISS, y durante su estancia los astronautas instalarán dos nuevas cabinas separadas para dormir, equipamiento para hacer ejercicios, un segundo baño, dos nuevos hornos para calentar la comida, un refrigerador para los alimentos y bebidas, así como un congelador y un horno destinados a experimentos científicos.

Llevan también un sistema de reciclaje de orina en agua potable, denominado «regenerador de agua», que representa una importante etapa hacia sistemas similares que puedan ser utilizados algún día por las expediciones lunares o hacia el lejano planeta Marte.

Esta máquina, que según reportes de prensa está valorada nada menos que en 250 millones de dólares, es esencial para duplicar las capacidades de albergue de larga duración de la estación, pues permitirá reciclar suficiente agua como para aligerar en 6,8 toneladas por año la cantidad de agua potable que debe ser transportada desde la Tierra.

Actualmente la necesidad de agua y oxígeno es una de las grandes limitantes para las misiones espaciales, que precisan de sistemas de reciclajes cada vez más eficientes para evitar el alto costo de cargar con elementos tan vitales para la vida.

La energía, otra de las limitantes, se ha ido resolviendo poco a poco con la instalación de paneles solares en la Estación Espacial Internacional, que actualmente casi se autoabastece de la misma, salvo cuando debe hacer movimientos para la corrección de su órbita, en los cuales utiliza sus motores auxiliares.

Sin embargo, más allá de las necesidades que deben cubrir los astronautas para su supervivencia y para realizar los experimentos científicos, el peligro mayor que los acecha es la propia basura que han ido dejando sus compañeros en la ya extensa historia de conquista del espacio por el hombre.

Entre el lanzamiento del primer artefacto espacial, el Sputnik, el 4 de octubre de 1957 y el 1ro. de enero de 2008, se han realizado unos 4 600 lanzamientos que han colocado unos 6 000 satélites en órbita, de los cuales unos 400 están en una órbita geoestacionaria o en trayectorias interplanetarias.

Lo peor es que la gran mayoría de estos dispositivos han sido descontinuados, pues se estima que solo 800 satélites están operativos. Los demás, si no han caído a Tierra contaminando las aguas de los mares, se han desintegrado al chocar con otros cuerpos estelares y sus fragmentos andan dispersos por toda la órbita terrestre.

Esa basura espacial es tan extensa, y algunas de dimensiones tales, que actualmente buena parte del personal dedicado a misiones espaciales se dedica a rastrear unos 400 objetos potencialmente peligrosos por su tamaño para los satélites o las naves tripuladas.

Sin embargo, como mismo los meteoritos están relativamente fuera de control, también se calcula que existen unos cien mil trozos o escombros de naves espaciales que vagan caóticamente por el espacio, muchos de ellos atrapados por la fuerza de gravedad de la órbita terrestre.

Pedazos de satélites y cohetes, tornillos y demás se han acumulado desde que en 1965 el astronauta estadounidense Ed White, el primer caminante espacial, perdiera un guante de repuesto durante su paseo extravehicular. O desde este lunes, cuando las herramientas de Heide Stefanyshyn Piper salieron a su propia excursión sideral.

Meteoritos humanos

Un objeto atrapado en la órbita de la Tierra puede llegar a desplazarse hasta unos 35 000 kilómetros por hora, en dependencia de su tamaño y otras variables, velocidad a la que cualquier impacto con una nave espacial podría ser catastrófico, según los expertos.

Incluso, en las caminatas espaciales los mismos astronautas han sido testigos de estos objetos extraños que vagan en el infinito, como le ocurrió a Stefanyshyn Piper, quien pocos minutos antes de perder sus herramientas aseguró haber visto un tornillo flotando muy cerca de ella.

A toda esa basura ahora le agregó su propio bolso, que se alejó del transbordador que orbita a unos 341 kilómetros sobre la Tierra, y el cual contenía pistolas engrasantes, espátulas y otros elementos necesarios para comenzar a reparar un empalme giratorio de tres me-tros de ancho que mueve los paneles de energía solar de la estación.

Al menos lo peor, dicen los expertos, ya pasó. Si ese bolso hubiera chocado contra alguna parte de la nave espacial, podría causar una verdadera catástrofe.

Y es que actualmente el peligro para las naves por este tipo de colisiones es tan grave que representan una amenaza mayor a las misiones de los transbordadores espaciales que los propios riesgos de despegue y reentrada que causaron, respectivamente, los accidentes del Challenger, en 1986, y del Columbia en 2003.

La basura sideral podría además significar una amenaza potencial para la Estación Espacial Internacional, que actualmente además del módulo central y el de investigaciones puesto por Estados Unidos, también cuenta con otros dos, llamados Kibo y Columbus respectivamente, agregados por Japón y Europa.

Al menos, la estación cósmica está en una órbita menos peligrosa que la del Hubble, ubicado a 563 kilómetros sobre la Tierra, más saturada de basura espacial que la capa donde circula la ISS, a unos 354 km de altura.

No obstante, el peligro es latente, aseguró a la prensa John Shannon, director del programa de los transbordadores espaciales de la NASA, quien explicó que estas naves siempre regresan con pequeños impactos después de cada vuelo y que la ISS presenta múltiples «agujeros de bala» debido a las colisiones con micrometeoritos o escombros orbitales.

«Es solo que típicamente no se producen en lugares críticos», aseguró al explicar por qué no ha ocurrido una catástrofe.

¿Tierra incomunicada?

La acumulación de basura espacial crece hoy tan aceleradamente, que según el asesor de la NASA, Donald Kessler, esta podría en el futuro impedir el tráfico orbital, tanto para satélites como para misiones tripuladas.

El llamado «síndrome de Kessler», que algunos consideran exagerado, preocupa mucho a los organizadores de vuelos y más aún a los propios astronautas, cuya vida podría depender literalmente de un tornillo.

Además, según Kessler, esta basura podría causar una reacción en cadena, donde cada accidente generaría nuevos desperdicios y estos más choques y por ende más basura, en una espiral sin fin que incomunicaría el planeta.

Así, de no buscarse alternativas a esta situación, los potenciales marcianos que vinieran en un futuro a visitarnos, avergonzarían a los terrícolas limpiando primero la entrada al planeta.

 

La red al día

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